La “primera” victoria, sin mayoría, de la extrema derecha del partido Alternativa para Alemania (AfD), lograda en las elecciones estatales realizada en Sajonia-Anhalt, el pasado domingo 6 de septiembre del año en curso, en las que su candidato ultraderechista Ulrich Siegmund, se alzó con el 44.5% de los votos; en tanto que el PARTIDO DE IZQUIERDA, ANTICAPITALISTA, obtuvo 8 y 9 por ciento; y los SOCIALDEMÓCRATAS y los VERDES consignaron 8 y 9 por ciento.
Nos lleva a pensar si esa “victoria” es consecuencia del bajo nivel económico de sus más de dos millones de habitantes, ya que de los 16 estados que conforman la Alemania “reunificada”, tiene el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita más bajo. (elfinaciero.com.mx/mundo/2026/09/06). O bien. ¿Pudiéramos deducir, que además del problema económico, resurge y se impulsa la doctrina ultraconservadora, de derecha, cuya génesis fue el NAZISMO (Hitler), FASCISMO (Mussolini) y el FALANGISMO (Franco-VOX)? ¿No sólo ahí, sino en no pocos países del mundo? En ese tenor, consultemos al reconocido escritor español JUAN CARLOS MONEDERO, doctor en Ciencias Políticas y profesor titular en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de Universidad Complutense de Madrid. Con estudios de posgrado en la Universidad de Heidelberg, Alemania, y ha impartido clases en universidades de Europa y Latinoamérica. Fue cofundador del PARTIDO PODEMOS en España, que formó parte del primer Gobierno de coalición de La democracia española: “El sistema de partidos que han tolerado las élites ha sido en todo el mundo occidental alguna suerte de bipartidismo más o menos perfecto. Ese modelo funcionó en el siglo XIX, se fue perfeccionando en el XX y se consolidó en la década de 1990 cuando la socialdemocracia abrazó el NEOLIBERALISMO. En ese ‘binomio conservador’, la DEMOCRACIA CRISTIANA —luego liberal, hoy popular y mañana quizá otra vez nacional-integrista— representaba el ala CONERVADORA. El otro polo, la SOCIALDEMOCRACIA, jugaba a ser de IZQUIERDAS defendiendo las libertades civiles —el feminismo, la agenda de la diversidad, la multiculturalidad, el ecologismo, la memoria— y apostando por subir un poco el GASTO SOCIAL cuando las circunstancias lo autorizaban. Entre ambos ocupaban la práctica totalidad del espacio político, articulando, en su ensimismamiento, la ‘cartelización de los partidos políticos’. Esos partidos cartelizados eran los republicanos y demócratas en Estados EEUU, el PRI y el PAN en México, liberales y conservadores en Colombia, justicialistas y radicales en Argentina, socialdemócratas y conservadores en Europa occidental, AD y COPEI en la Venezuela previa a CHÁVEZ, Blancos y Colorados en Uruguay… El cártel controlaba los medios de comunicación, los recursos económicos, la justicia y solo se toleraban satélites cuando no amenazaran el bipartidismo. [Tangiblemente] Un objetivo SISTÉMICO permanente en las sociedades occidentales es intentar anular a la izquierda cuando tiene capacidad real de influencia en el rumbo de la sociedad, del pueblo. Hay una izquierda tolerada —periodística, intelectual, artística, universitaria, política o económica— a la que solo se le exige un requisito: que no sea una amenaza. Ese es su límite. En esa tarea de anulación del cambio [de la transformación] siempre se han afanado los dos miembros del bipartidismo. No ha sido tarea solo de la derecha. Uno de los mayores éxitos de las élites [de la burguesía y la oligarquía] se obtiene cuando es la PROPIA IZQUIERDA la que le hace el trabajo con las izquierdas emergentes. El odio a Bernie Sanders en EEUU o a Jeremy Corbyn en Inglaterra, venía sobre todo de sus partidos, igual que fue el PSOE [Partido Socialista Obrero Español] más tradicional el que cortó la cabeza a Pedro Sánchez cuando empezó a aproximarse a PODEMOS en España (en realidad algo que era más táctico que estratégico). La derecha colombiana no perdona que el partido liberal se acercara a alguien como PETRO. En Venezuela, la derecha y la izquierda se aliaron contra CHÁVEZ y luego contra MADURO; y el PRD se juntó en MÉXICO con el PAN y el PRI contra AMLO y [actualmente] contra la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Decía Jesús Ibáñez (1997) con mucho tino, que solo la izquierda puede hacer la tarea de la derecha (y viceversa). Nunca esperas que la demolición de tu espacio venga de tu propia casa. Cuando te quieres dar cuenta ya es tarde. (Nixon restableció relaciones con China y el PSOE hizo la reconversión industrial en España). El nacimiento de los nuevos movimientos sociales en la década de 1970 fue, precisamente, por la incapacidad de los partidos políticos de responder a las sentidas demandas sociales. Los partidos de izquierda estaban más cerca de las transnacionales y multinacionales que de sus propias bases [de los trabajadores urbanos y rurales]. Monedero, hace presente al marxismo, a Lenin, al retrotraer una de sus ideas esenciales: “La enfermedad infantil del izquierdismo siempre es una alternativa”. Los OPORTUNISTAS, ese tercer grupo —que también están en los movimientos sociales y en los partidos políticos de izquierda— eran esos a quienes se podría tentar con alguna prebenda. En último lugar estaban los ‘moderados’ y ‘realistas’, que son los que ‘quieren trabajar en el seno del sistema, a los que no les interesa ningún cambio radical [o transformación], son ‘pragmáticos’” y que, añadimos, se resienten más de los golpes y de las amenazas. “Los radicales adquieren únicamente su fuerza al acercarse a bloques más moderados. Si se les quita ese vínculo, son insignificantes. Los radicales aislados en su nicho de radicalidad son inofensivos, no constituyen una amenaza: folclor minoritario sin incidencia. Tal es, por lo tanto, la estrategia general: cooperar con los realistas, dialogar con los idealistas para convertirlos en realistas y comprar a los oportunistas. Continúa Monedero, pegando fuerte: “En la división dentro de la izquierda toda la izquierda es culpable, aunque no todos tengan la misma responsabilidad. Los coherentes y los idealistas son más honestos que los oportunistas, y son sus actos, no los de los moderados, los que logran que avancemos. El fracaso de la izquierda cuando se divide es el triunfo de las derechas y el fracaso, tarde o temprano, del avance del pueblo. Por ahora, con la siguiente exhortación dejamos de dialogar con el doctor Monedero: “Cualquier parecido con las fuerzas de izquierda en todo el mundo no es pura coincidencia”. ¡MORENA TIENE LA PALABRA, PARA QUE SE CONSOLIDE LA 4T/2P! (Fuente: Juan Carlos Monedero, MENOS REALIDADES Y MÁS PROMESAS El error de la izquierda, los monstruos del fascismo y el partido-movimiento, FCE, México, junio de 2026).
