Recientemente, en el municipio de Guachochi se realizó la reforestación de la emblemática Cascada El Salto, un primer paso de una política ambiental que debe extenderse y pensarse necesariamente a largo plazo.

Leí con gusto sobre la implementación de “Dejando una Huella Verde”, pero también con la expectativa de que sus resultados puedan observarse meses y años después, en ejemplares que sobrevivieron, crecieron y contribuyeron efectivamente a recuperar el entorno.

Es sabido por todos que en Guachochi buena parte de su atractivo turístico, de su identidad y también de su actividad económica está directamente relacionada con sus bosques, barrancas, cascadas y paisajes. Protegerlos no debería ser solamente una tarea ambiental, sino una política permanente de desarrollo municipal.

Por ello, además de informar cuántos árboles se plantan, sería importante conocer las especies utilizadas, las zonas intervenidas, los mecanismos para garantizar su mantenimiento y, sobre todo, el porcentaje de supervivencia de las reforestaciones anteriores. Esos indicadores permitirían dimensionar los resultados reales del programa.

“Dejando una Huella Verde” puede convertirse en una estrategia relevante si mantiene continuidad y seguimiento. En materia ambiental, el resultado no se mide el día de la plantación.

Se mide cuando, después de varios años, aquello que se sembró sigue en pie.

La autoridad debe mantener una política pública constante y colocarla al nivel de otras acciones a las que se destinan recursos dentro de los presupuestos municipales. La conservación ambiental necesita dinero, planeación, personal y continuidad.

La reforestación es una de las herramientas para recuperar zonas que han perdido vegetación y reducir parte del deterioro provocado por incendios, sequías, expansión urbana, tala y otras actividades humanas. Sin embargo, sus beneficios dependen de que exista planeación y seguimiento, y no solamente jornadas de plantación.

Los árboles ayudan a proteger el suelo frente a la erosión, favorecen la infiltración del agua y proporcionan refugio y alimento para distintas especies. En zonas urbanas también generan sombra y contribuyen a disminuir las temperaturas en calles, parques y espacios públicos.

En regiones forestales como Guachochi, recuperar la cobertura vegetal tiene además implicaciones para la conservación de cuencas y ecosistemas. La presencia de vegetación disminuye el arrastre de suelo durante las lluvias y ayuda a mantener las condiciones necesarias para la regeneración de otras especies. También existe un beneficio climático por la captura de carbono y la regulación de las temperaturas.

Pero conservar no significa únicamente plantar nuevos árboles. Cuando las condiciones lo permiten, el trasplante o reubicación de ejemplares puede ser otra alternativa, aunque requiere personal capacitado y equipo especializado, debido a que una extracción incorrecta puede dañar las raíces y reducir considerablemente sus posibilidades de supervivencia.

Ese mismo principio debería aplicarse a cualquier programa de reforestación: plantar es apenas el comienzo. El verdadero resultado se conoce con el tiempo, cuando los árboles permanecen vivos y el entorno comienza efectivamente a recuperarse.

Guachochi tiene en sus recursos naturales uno de sus principales patrimonios. Cuidarlos exige que programas como “Dejando una Huella Verde” no sean esfuerzos aislados, sino parte de una política ambiental con presupuesto, seguimiento y resultados que puedan medirse año con año.