Hace unos días invité a un amigo a una reunión de Faceta Empresarial, la comunidad de empresarios que dirijo. Me respondió algo que me dejó pensando:
—Oye, Luis, ¿no crees que hoy es más fácil aprender todo eso por internet o preguntándole a la inteligencia artificial? Su argumento tenía sentido. Para ir tendría que apartar tiempo, trasladarse y dejar durante un rato su negocio. Muchas de las cosas que pudiera aprender ahí también podía encontrarlas en YouTube, Google o preguntárselas a una inteligencia artificial. Probablemente más rápido y sin salir de su oficina. No supe qué contestarle. Le dije que probablemente tenía razón, que sí había formas más prácticas de aprender, pero que a mí me seguía haciendo sentido reunirnos. La verdad es que no supe explicarle bien por qué. No lo convencí. Y después pensé que, en buena medida, tenía razón. Si el propósito de reunir empresarios fuera solamente transmitir información, cada vez sería más difícil justificar una reunión. Una conferencia se puede grabar. Una capacitación se puede tomar en línea. Una duda concreta puede resolverse en minutos. Incluso me han sugerido grabar las reuniones de Faceta para que quienes no puedan asistir las vean después. Y sí creo que debemos hacerlo. Pero una grabación resuelve solamente una parte. El contenido se puede grabar. La comunidad no. Probablemente la respuesta que más escucho cuando invito a alguien es: "No puedo. Tengo que atender el negocio." Y lo entiendo. Los que hacemos empresa sabemos que siempre hay algo pendiente. Un cliente, alguien que faltó, una cobranza, una cotización o un problema que salió esa mañana. Pero hacer empresa también puede ser muy solitario. Hay cosas que puedes platicar con tu familia o con tus amigos y aun así pensar que no terminan de entender lo que estás viviendo. Simplemente porque nunca han tenido esa sensación en el estómago cuando no hay suficiente dinero para pagar la nómina y empiezan a marcarte los integrantes de tu equipo. O ese otro sentimiento de estar frente a un juez laboral escuchando a una persona a la que, en algún momento ayudaste, decir cosas que tú sabes que no sucedieron así. Hay momentos que entiende distinto alguien que ya pasó por ellos. Por eso ayuda sentarte con personas que hablan tu mismo idioma. No porque tenga la respuesta correcta. A veces basta escuchar cómo lo está viendo él, contarle cómo lo estás viendo tú y descubrir que no eres el único enfrentando ese problema. Eso también es hacer comunidad. Por supuesto que de una comunidad empresarial pueden salir clientes, proveedores, alianzas y oportunidades. Pero también importa tener a quién marcarle para platicar una decisión, aprender del error de otro antes de cometerlo tú o compartir uno propio para que quizá a alguien más le sirva. Encontrar personas con las que te sientes en casa porque sabes que te entiende. La tecnología no tiene por qué competir con eso. Al contrario, puede ayudarnos. Ojalá nos quite reuniones que pudieron ser un correo, una grabación o una consulta de cinco minutos. Pero también nos obliga, a quienes convocamos reuniones, a hacernos una pregunta incómoda: ¿vale la pena que alguien deje su negocio dos horas para estar aquí? Decir "estamos haciendo comunidad" tampoco puede ser una excusa para organizar reuniones malas. Si alguien recibe exactamente el mismo valor viendo una grabación desde su oficina, quizá tenemos que revisar qué estamos haciendo. Una reunión debería provocar conversaciones, preguntas, desacuerdos y experiencias que difícilmente sucederían igual viendo una pantalla. Mientras le daba vueltas a todo esto apareció otra pregunta: ¿qué caso tiene escribir una columna hoy, si la inteligencia artificial también puede hacer eso? Puede escribir sobre liderazgo, empresas o tecnología, investigar más rápido que yo y encontrar una forma más clara de expresar una idea. Entonces, ¿por qué alguien querría leerme a mí? No porque yo tenga información a la que los demás no puedan acceder, sino porque cada quien interpreta lo que ocurre desde lo que le ha tocado vivir. Yo voy a mirar ciertos temas desde mis aciertos y mis errores, desde las empresas que me han funcionado y las que no. Una persona con una historia distinta probablemente verá lo mismo de otra manera. Ahí puede estar el valor de conocer la opinión de los demas: no para estar de acuerdo, sino para contrastarla con la nuestra. La inteligencia artificial puede ayudarme a investigar, ordenar mis ideas y encontrar mejores palabras. Pero antes de pedirle que me ayude a escribir, primero tengo que saber qué pienso yo. No necesito que la idea sea nueva. Necesito que la opinión que voy a firmar realmente me represente. En una reunión podemos grabar el contenido. Pero tenemos que construir la comunidad. Y al escribir podemos apoyarnos en la inteligencia artificial. Pero tenemos que hacernos responsables de lo que pensamos. Hoy sí sabría qué contestarle a mi amigo. Le diría que tiene razón: todo eso se puede aprender solo, desde la oficina, sin perder una tarde. Pero que a mí me sigue haciendo sentido reunirnos. Ahora sí sé por qué. El contenido se puede grabar. La comunidad no. Empresario y presidente de Faceta Empresarial @luisgpilar