Esta semana, ante miles de chihuahuenses reunidos en la Plaza del Ángel, conmemoramos el CCXVI aniversario del Grito de Independencia. Entre banderas, familias y niños sobre los hombros de sus padres, recordamos a los hombres y mujeres que hace más de dos siglos decidieron que México no podía seguir siendo tierra de amos y sometidos. Hidalgo, Allende, Josefa Ortiz, Leona Vicario, Morelos, lucharon por una nación justa, libre y digna. Chihuahua lo sabe bien, porque en esta tierra norteña, en 1811, Hidalgo entregó la vida. Esta tierra árida guarda la memoria de que la libertad nunca ha sido un regalo, sino una conquista.

Los insurgentes se alzaron contra un poder sin límites que decidía sobre la vida de las personas sin rendir cuentas a nadie. Hoy, la causa sigue siendo la misma, pero tiene otro rostro. Ser independientes, ser libres, es trabajar por las condiciones que garantizan esa libertad. Es vivir bajo un Estado de derecho donde la ley valga igual para todos. Es contar con instituciones sólidas, con división de poderes y con contrapesos que impidan que el poder se concentre y se vuelva arbitrario. Y es, sobre todo, poder vivir sin miedo. No hay libertad plena para la familia que cierra su puerta con temor, para el joven que calcula por dónde no debe caminar ni para el comerciante que pagar por trabajar en paz. La lucha de hoy es por la seguridad y la tranquilidad de las familias frente a todo aquello que las amenace.

Soy una convencida de que, por ardua que sea la lucha por la seguridad, un gobierno jamás puede abandonar esa misión y, mucho menos, normalizar el miedo y la muerte. Porque es ahí donde se pone en juego la verdadera soberanía. La soberanía es mucho más que un recurso retórico o un eslogan político; consiste en que el Estado pueda procurar la tranquilidad que las familias necesitan. Soberanía es que ninguna fuerza oscura, ajena a las instituciones, determine la vida de las personas.

Don Manuel Gómez Morín ya había advertido que es peor el bien mal realizado que el mal mismo, porque destruye la posibilidad del bien y mata la esperanza. Y eso es justamente lo que vivimos en materia de seguridad: desesperanza; estrategias que han fracasado una y otra vez frente a una cultura de la muerte que, lamentablemente, por años se ha extendido por todo el país; o incluso gobernantes que pactan con el crimen para mantenerse en el poder. Pero en Chihuahua optamos por un gobierno de la vida, por la dignidad de la persona humana y por una renovada lucha en favor del Estado de Derecho.

Desde el inicio de la administración enfocamos nuestros esfuerzos en la seguridad. Construimos la Plataforma Centinela y empezamos por lo más importante: dignificar a nuestros policías. Hoy todos los elementos de la Policía Estatal están basificados y cuentan con prestaciones que honran su trabajo y a sus familias. Además, por primera vez en la historia de Chihuahua, la corporación tiene la certificación CALEA, que la avala como una institución de calidad internacional.

A ello se suma la tecnología de 11 subcentros que hoy cuidan las diferentes regiones de nuestro vasto territorio, más de 9 mil cámaras, más de 100 arcos carreteros, 3

filtros Centinela y más de 3 mil puntos de monitoreo inteligente, todos conectados a la Torre Centinela en Ciudad Juárez.

Todo esto permitió que Chihuahua pasara de un modelo de seguridad reactivo a uno preventivo; y hoy tenemos resultados. En lo que va del año, las víctimas de homicidio bajaron 25% en el estado y 41% en nuestra frontera juarense. Como resultado de estos esfuerzos, recientemente en Parral desmantelamos un complejo de narcolaboratorios con capacidad para producir 100 mil dosis de metanfetamina al día.

Estos hechos son prueba de que la estrategia, la inteligencia y el uso de la tecnología se traducen en resultados contundentes para fortalecer la seguridad de nuestro estado. Sin embargo, el factor más importante es el trabajo y la dedicación de nuestros policías y elementos de seguridad, a quienes reiteramos nuestro reconocimiento y agradecimiento. Ellos son los verdaderos centinelas. Gracias a su entrega, nuestras familias pueden vivir en paz.

Todo esto representa la Plataforma Centinela. Un legado de esperanza para Chihuahua, y un mensaje para todo México de que es posible soñar y construir un país distinto: un país donde se defiende la vida, se protege el futuro y se garantiza el Estado de Derecho. Así trabajamos en Chihuahua y nos mantendremos firmes.

Porque cuando se trata de la seguridad de las familias, no hay lugar para la mezquindad ni para el cálculo político: hemos trabajado con cuidado para que cada acción, cada obra, cada proyecto y cada peso invertidos en materia de seguridad valgan. Por ello, también, una y otra vez apostaremos por la coordinación y la colaboración con quienes quieren la paz y apuestan por la institucionalidad. Lo que funciona debe conocerse, evaluarse y multiplicarse. Nuestras puertas, y las de la Torre Centinela, están abiertas para seguir construyendo el futuro que nuestra tierra merece.

Esta semana gritamos por la independencia, pero también por la dignidad y la libertad. Queremos ser libres del crimen y de sus aliados, libres para decidir por nosotros mismos, para crecer, vivir y trabajar en paz. Los próceres soñaron una patria libre y justa; a nosotros nos toca asegurar ese legado. En Chihuahua tenemos la confianza de que vamos por la ruta correcta.

¡Que viva la dignidad de los chihuahuenses! ¡Que viva la vida, la verdad y la libertad!

¡Viva México y viva Chihuahua!