La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor: Paulo Freire
Cambiar es difícil, pero se puede
Cambiar es difícil, pero se puede. Es la afirmación que repite insistentemente Paulo Freire, filósofo y educador brasileño, en su libro Pedagogía de la Indignación.
Y es que, dadas las condiciones del tema educativo en nuestro país, y por supuesto las de nuestra ciudad y Estado, aun cuando se supera la media nacional: Chihuahua 391 puntos frente a 388 a nivel nacional en matemáticas; 413 contra 408 en lectura; resolución de problemas 456 frente a 453 y un empate de 414 puntos en ciencias, han despertado inquietudes que invitan a acercarse a quienes con su experiencia se han atrevido a compartir sus reflexiones. En este sentido un personaje que merece la pena voltear a ver es precisamente Freire.
Freire es de esas personas a las que se teme, y a su vez, se disfruta leer; su propuesta está muy lejos de justificar los procesos pedagógicos tradicionales por lo que comprenderle requiere abrir el pensamiento y dejar la zona de confort y vicios bajo los cuales los educadores pudieran abrigarse.
Sus cartas pedagógicas ofrecen contribuciones valiosas tanto para maestros como para los padres y en ellas plasma su rechazo a lo que llama “educación bancaria”, esto por la analogía que representa la acción del maestro que deposita información en el estudiante que la recibe de manera pasiva, solo memorizando y repitiendo lo recibido, asumiendo y obedeciendo sin una actitud crítica, sin formar una ciudadanía libre. En oposición al domesticador, promueve un modelo emancipador surgido del análisis del entorno social y político para que las personas comprendan su realidad y puedan transformarla.
De las muchas “trampas” que Freire coloca en sus obras en forma de preguntas plantea ¿estudio para obtener qué beneficio? ¿a favor de quién? ¿contra qué estudio? ¿contra quién? ¿qué sentido tendría la actividad en el mundo para aquella gente azotada por la miseria si el destino estuviera decretado por un todopoderoso? Y una más ¿habrá de aceptarse la resignación? Porque. Nos dice si la realidad fuera así porque estuviera dicho que así debe ser, ni siquiera habría por qué hacer nada “ante la negación del derecho de ser más, un derecho que está inscrito en la naturaleza de los seres humanos”.
De aquí surgen varias reflexiones en las que usted podrá, o no, estar de acuerdo: dados los resultados ante los que estamos: ¿cómo podrán nuestros jóvenes comprender su realidad si poco pueden comprender de lo que leen y mucho menos podrán tener una actitud crítica? Más aún: ¿se está dando educación a nuestros jóvenes mexicanos? Porque si la respuesta es sí ¿realmente estamos promoviendo en ellos la curiosidad, la capacidad de entender el entorno social y político para después, transformarlo? ¿bajo qué valores? y si basados en las evidencias la respuesta es que NO estamos educándolos, de acuerdo a Freire se les estaría predeterminando a un destino del que debieran liberarse dadas las condiciones de carencias actuales; se les debería promover a “ser más”, como el propio autor propone.
¿No será que ser indiferentes a dar educación, entonces, es una suerte de favorecer el predeterminismo? ¿condenar a los niños y jóvenes a que así se quedarán? es, sin duda anidar la resignación.
Porque ¿hasta dónde pasar de año al niño y al joven sin que haga algún esfuerzo, como actualmente se obliga, es educarlo? ¿Hasta dónde se limita su libertad? ¿y hasta dónde es condenarlo? ¿Hasta dónde las becas otorgadas sin esfuerzo y sin necesidad promueven a la persona? Freire da la respuesta: “no puedo admitir impasible la política asistencialista que, anestesiando la conciencia oprimida, aplaza el indispensable cambio de la sociedad”.
Si bien, como afirma Freire: “ninguna realidad social, histórica, económica, es así porque esté escrito que así tiene que ser. Como presencia en la historia y en el mundo se debe luchar esperanzadoramente por los sueños, por la utopía, por la esperanza, con miras a una pedagogía crítica … tal vez nunca haya sido tan necesario, como lo es hoy para nosotros, remarcar el sentido de la esperanza para la práctica educativa.
Es curioso… el modelo actual dice pretender mostrar a los niños y jóvenes la sociedad y política actual y por otro se les enseña a ser resignados ¡Qué paradoja!
Me permitiré compartir una reflexión que considero pertinente de Lupita, una exalumna, respecto al tema que nos ocupa: “Mas allá de las evaluaciones -prueba PISA- es preguntarse qué se está haciendo para llegar a este punto. Porque si el joven no lee, difícilmente podrá analizar, cuestionar o aprender de manera autónoma ¿cómo podrá comunicar y defender sus ideas si no sabe estructurarlas? ¿y el pensamiento lógico cómo lo obtendrá sin conocimientos de matemáticas. No es señalar culpables, es reconocer que algo necesita cambiar”
