En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, conmemorado el pasado 10 de septiembre, es importante comprender esta problemática y las circunstancias que pueden incidir en su ocurrencia entre los juarenses. La Organización Mundial de la Salud señala que es un fenómeno multifactorial, en el que intervienen dimensiones sociales, culturales, biológicas, psicológicas y ambientales. También reconoce que existen intervenciones eficaces y que su prevención requiere respuestas integrales, así como la participación de todos los sectores de la sociedad, especialmente de las autoridades.
Su ocurrencia está relacionada con diferentes factores que pueden interactuar en la vida de las personas de forma simultánea, y cuya incidencia dependerá de las particularidades de sus circunstancias, tales como: las condiciones de vida, las relaciones familiares, las experiencias de violencia, las pérdidas, el aislamiento, la exclusión y la falta de acceso a servicios, por señalar algunas. Cabe destacar que, si bien estos elementos contextuales son fundamentales, ninguno de ellos, por sí solo, constituye una explicación automática, ni determina una conducta suicida, sino que, su interacción puede generar la acumulación de adversidades, e incrementar o disminuir la vulnerabilidad a lo largo del tiempo. Es importante comprender que la conducta suicida comprende diferentes manifestaciones: a) ideación suicida, b) planeación, c) intento y d) muerte por suicidio. Aunque están relacionadas, no son equivalentes, por lo que requieren respuestas diferenciadas. En ese sentido es importante señalar que las autolesiones también pueden formar parte de dicha conducta, independientemente de que se presenten con o sin intención de morir. Distinguir estas manifestaciones permite reconocer las distintas necesidades de atención ante cada situación. De acuerdo con la OMS, durante 2021 se registraron más de 727,000 muertes por suicidio en el mundo y más de 100,000 en América. En México, durante 2024, se registraron 8,856 decesos; por su parte Chihuahua presentó una tasa estandarizada de 16.4 por cada 100 mil habitantes, una de las más elevadas del país. La ENSANUT reportó la aparición de pensamiento suicida en 7.6% de los adolescentes y 7.7% de los adultos; en cuanto a los intentos de suicidio, refiere 6.5% en adolescentes y 3.5% en adultos, con una mayor prevalencia de ideación suicida en las mujeres. Si bien existen factores de riesgo que pueden incrementar la vulnerabilidad ante la conducta suicida, debemos reconocer la existencia de factores protectores, como las relaciones significativas, el sentido de pertenencia, el apoyo de familiares y amistades, las habilidades socioemocionales y la capacidad para pedir ayuda. A ello se suman el acompañamiento, los espacios comunitarios, las escuelas protectoras, el acceso oportuno a servicios de atención, tratamiento y seguimiento después de una crisis, la comunicación responsable y la reducción del acceso a medios letales, elementos que deben articularse en una estrategia preventiva. Abordar la prevención del suicidio no significa negar el sufrimiento ni minimizar el riesgo, sino reconocer que una situación compleja puede superarse cuando existen mecanismos de atención adecuados y oportunos. Proteger el derecho a la vida implica también generar y fortalecer capacidades y redes de apoyo que actúen antes de una crisis, pero que también faciliten una atención adecuada durante ella y aseguren continuidad y seguimiento después de la misma. La prevención, por tanto, requiere respuestas articuladas que acompañen a las personas en cada una de las diferentes etapas que configuran el riesgo suicida. Durante este año, en Ciudad Juárez se han contabilizado 103 muertes por suicidio y 70% corresponde a hombres. Cada registro representa una persona, una familia y una historia, por lo que prevenir esta problemática exige ir más allá de cuantificar los decesos ocurridos, implica identificar circunstancias de riesgo como experiencias de violencia, pérdidas, aislamiento o exclusión; pero especialmente generar y fortalecer todas aquellas condiciones protectoras, enfatizando en las redes de apoyo, así como la atención adecuada y oportuna. En la ciudad existen alternativas y personas capacitadas para brindar apoyo durante una situación de crisis. Pedir ayuda es un paso fundamental y puede hacerse a través de profesionales de la psicología en el ámbito privado o en los servicios de salud, en espacios de consejería y orientación, o recurriendo a la Línea de la Vida, 800 911 2000, que ofrece atención gratuita las 24 horas, los 365 días del año. Prevenir el suicidio no significa solamente evitar una muerte; significa generar las condiciones necesarias para que una persona encuentre fácilmente apoyo, reciba atención oportuna y continúe viviendo dignamente.
Opinión
29 Sep, 2026
Prevención del suicidio: un imperativo del derecho a la vida
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Rosa Isabel Medina Parra
