Ciudad de México.- Desde 1998, Simplemente ha participado en la transformación tecnológica del cine mexicano. Fundada por Mónica Reina y Rune Hansen, la empresa incorporó herramientas de edición digital, cámaras con resolución 4K y sistemas de producción virtual que modificaron los procesos de captura, postproducción y creación de escenarios para la industria audiovisual nacional.
Mónica Reina y Rune Hansen, fundadores de Simplemente, iniciaron el proyecto en 1998, durante una expedición para realizar un documental con coproducción británico-mexicana en la Selva Lacandona, Chiapas. En ese viaje se forjó una relación que ha influido en varias generaciones de realizadores mexicanos.
Para el año 2000, formalizaron su empresa tras recibir un encargo del Instituto Mexicano de Cinematografía. El proyecto consistía en realizar el material detrás de cámaras de la película Otaola o la República del Exilio. Los fondos asignados eran reducidos y la exigencia de entrega demandaba altos parámetros de calidad. Según Reina, en ese momento, el formato de película de 16 mm condicionaba los proyectos locales. Cada rollo registraba ocho minutos, por lo que un error en el rodaje o una falla en el laboratorio representaba una pérdida económica y de tiempo. Hansen propuso una combinación técnica inédita para la época en el mercado local, que consistió en integrar una computadora Mac de Apple de reciente lanzamiento, con una cámara digital Canon XL1 de cinta.Diseñaron un flujo con doble monitor, tarjetas de video dedicadas y 16 MB de memoria RAM para editar el material sin pasar por los procesos fotoquímicos tradicionales. El resultado impactó al gremio cinematográfico y motivó a los fundadores a compartir su fórmula.
Sin embargo, la mayoría de los realizadores carecía de la capacidad técnica para ensamblar y configurar esas herramientas. Simplemente comenzó a comercializar equipos, brindar soporte y dar capacitación. La empresa asumió el rol de integrador tecnológico en un entorno de transición hacia los formatos digitales. Hacia 2001 y 2002, la firma impulsó la conformación del primer grupo de usuarios de la plataforma Final Cut Pro en México. En los círculos industriales persistía el escepticismo sobre la edición por computadora, tachada como un sistema apto solo para aficionados. Pese a esa resistencia, actores de peso de la industria como Televisa, TV Azteca, el productor Pedro Torres y la Asociación Mexicana de Productores comenzaron a solicitar asesoría para sustituir sus consolas analógicas por islas de edición digital.En 2008, el modelo digital alcanzó el reconocimiento de la crítica en la pantalla grande. La compañía coprodujo y realizó la postproducción digital de la película Mezcal, dirigida por Ignacio Ortiz, cuyo montaje se completó en Final Cut. La cinta obtuvo ocho premios Ariel de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.
Paralelamente, la firma buscó acortar la brecha de captura que mantenía al cine mexicano rezagado frente a la industria internacional. En 2006, la empresa desembolsó un anticipo de mil dólares para apartar dos de los primeros 100 cuerpos de la cámara Red One en el mundo. Con esas unidades introdujeron la resolución 4K al País, cuando el estándar comercial sustituía el formato analógico por la alta definición. Esa infraestructura permitió filmar proyectos de realizadores independientes como Sebastián Hofmann, cuya ópera prima Halley, producida junto con la empresa PIANO, llegó a competir en el Festival de Sundance. Con ese mismo esquema de cámara Red y edición en Final Cut, Simplemente coprodujo años después el documental Users, de Natalia Almada, galardonado con el premio a la mejor dirección de documental en el Festival de Sundance de 2021.La democratización técnica, sin embargo, no eliminó los desequilibrios económicos de fondo. Aunque las tarjetas de memoria redujeron el gasto de película, la producción cinematográfica seguía enfrentando presupuestos escasos para efectos visuales y recreación de atmósferas.
La técnica tradicional del croma, o pantalla verde, implicaba largos tiempos de postproducción, iluminación homogénea estricta y una dificultad constante para los actores, obligados a interpretar frente a un fondo vacío, sin ninguna referencia visual del entorno, que solo se apreciaba después en la edición, relató Reina. A partir de 2010, Simplemente comenzó a experimentar con Unreal Engine, un motor desarrollado para videojuegos capaz de calcular gráficos y paralaje tridimensional en tiempo real. La meta era sustituir las pantallas verdes por muros de proyección LED donde la iluminación física del foro interactuara con el entorno digital. Simplemente intentó adoptar la tecnología a finales de 2019, pero la contingencia sanitaria de Covid-19 frenó los planes iniciales de instalación y obligó a replantear el uso del equipamiento en un entorno de encierro.Sin posibilidad de habilitar un foro, Reina instaló la pantalla en la sala de su casa para realizar pruebas con Unreal Engine. Durante el confinamiento, utilizó ese espacio doméstico para impartir talleres remotos a estudiantes de la Universidad de Nueva York.
Ese aprendizaje técnico derivó en la instalación de un foro formal de producción virtual dentro de los Estudios Churubusco, con una pantalla ocho veces más grande que el modelo de prueba. Ese foro acogió el rodaje de la serie Cada Minuto Cuenta, producida para Amazon, donde se recreó el Hospital General colapsado tras el terremoto de 1985. También albergó la adaptación de Mal de Amores, basada en la novela de Ángeles Mastretta, que requirió recrear el México de 1910.

