Cd. de México.- La Selección de Italia es hoy el espejo del Imperio Romano: un gigante que pasó de conquistar territorios e imponer su ley en cada rincón del mundo a contemplar sus ruinas.
Donde antes hubo murallas impasables, forjadas por el catenaccio, que resistían cualquier asedio, y grandes gladiadores que rompían defensas, hoy quedan cenizas.
Desde aquella noche mágica en Berlín 2006, la Azzurra ha ido en picada, entrando en una crisis sin precedentes, a tal grado que acumula más de 20 años sin disputar un partido de eliminación directa en Mundiales.
Tras la salida de Marcelo Lippi, la tetracampeona del Mundo ensayó con ocho "emperadores" diferentes, ocho formas de "gobernar", pero ninguno capaz de restaurar el orden, y en esos cambios, perdió lo más importante: su esencia.
Sus cuarteles militares (los equipos de la Serie A) dejaron de producir soldados que tomaran el mando cuando sus generales de batalla se retiraran, dedicándose a adiestrar a los de otras naciones.
Lejos quedaron los días en los que Francesco Totti, Fabio Cannavaro y Roberto Baggio comandaban los ejércitos. Hoy, Italia no es más que un imperio en ruinas.
Goleadores extintos
Atrás quedaron los días en los que la Azzurra tenía un dilema en la delantera, pues eran tantos y tan buenos, que era difícil sentar a uno.
En 2006, Marcelo Lippi poseía en su equipo a Luca Toni, Vincenzo Iaquinta, Filippo Inzaghi, Alberto Gilardino y Alessandro Del Piero, auténticas fieras dentro del área.
Desde hace años, Italia no solo perdió goleadores; perdió el instinto de matar partidos.
Fuerzas básicas abandonadas
Los clubes de la Serie A dejaron de producir talento y empezaron a importarlo. más barato, pero menos propio.
Para un equipo mediano, es más económico comprar un joven de 18 años de Ligas africanas o de Europa del Este que invertir una década en la formación de un chico de la Toscana o Sicilia.
Aunado a que el salto de los canteranos al primer equipo es casi imposible, pues se la pasan en clubes de Serie B o C.
Liga en crisis
La Serie A pasó de ser el centro del poder en los 90 y principios de los 2000 a convertirse en una Liga que persigue el ritmo de la Premier League.
La diferencia económica es clave: ingresos por televisión, patrocinios y estadios colocan a Inglaterra por encima. Eso se traduce en plantillas más profundas y mejores condiciones de desarrollo.
Los equipos siguen jugando en estadios viejos y con menor asistencia.
Sin identidad
Durante décadas, Italia fue reconocible al primer toque: orden, lectura, control. No era solo el catenaccio, era una cultura futbolística que los llevó a ganar cuatro Mundiales, pero tras 2006, todo se diluyó.
Nueve entrenadores, nueve ideas distintas, ningún rumbo claro.
Italia intentó modernizarse sin entenderse y, en el proceso, perdió lo más importante de cualquier equipo: su identidad y saber a qué juega.
Federación sin rumbo
La Federación es el eje del fracaso estructural. No anticipó el cambio del fútbol moderno y reaccionó tarde a cada golpe.
Evitó reformas profundas en cantera, no impulsó la modernización de la Liga y gestionó la Selección con decisiones reactivas. Confundió éxitos aislados con estabilidad y postergó la renovación generacional. Su falta de visión dejó a Italia sin base competitiva sólida a largo plazo.
No fue un error: fue una década de decisiones equivocadas.
Euro 2020: espejismo
La Euro 2020 fue un espejismo que anestesió al Calcio.
Italia murió aferrándose a una vieja guardia agotada, pues no había un relevo detrás: la resistencia de Giorgio Chiellini y Leonardo Bonucci ya no bastaba, mientras Jorginho y Lorenzo Insigne perdían la brújula. Con un Ciro Inmobile estéril y una Inglaterra que se cansó de fallar, el trofeo en Wembley no fue el renacer, fue el último brillo antes del colapso.
20
años
tiene la Azzurra sin disputar un partido de eliminación directa en Mundial.
9
técnicos
han desfilado desde que fueron campeones en 2006.