Cd. de México.- ¿Se puede integrar a los migrantes y sus descendientes en las sociedades de acogida y por lo tanto pueden integrarse a su selección de futbol? La respuesta a esta interrogante parecía que se respondía el 12 de julio de 1998 cuando de la mano de Zinedine Zidane, hijo de migrantes argelinos, Francia conquistaba su primer campeonato del mundo.

A pesar de que el triunfo de Francia en el Mundial de 1998 se considera como el inicio del proceso de inclusión de jugadores de origen no francés (especialmente africanos) en la selección nacional de este país, esta tendencia no es tan novedosa como se piensa cuando se inserta en una dimensión histórica más amplia.

Puede argumentarse que la inclusión de este tipo de jugadores se remonta a los orígenes mismos del futbol como práctica cultural deportiva occidental, a su vez producto de la historia colonial e imperial de Europa en África. Jugadores como Larbi Ben Barek o Just Fontaine (quien posee el récord histórico de goleo en una Copa del Mundo con 13 dianas en Suecia 1958), nacidos en Marruecos cuando este era un protectorado francés, son de los primeros jugadores de origen africano que representaron a Francia en competencias internacionales. Desde entonces, la presencia de jugadores de origen "no metropolitano" ha sido una constante en la historia no sólo del futbol sino del deporte francés en general.

El Caribe francés, compuesto por los territorios de Guyana y las islas de Martinica y Guadalupe ha sido y continúa siendo un semillero de grandes futbolistas franceses como Marius Trésor, Nicolas Anelka, Lilian Thuram y Thierry Henry (los últimos dos campeones del mundo en 1998).

De hecho es posible afirmar que jugadores como Julián Quiñones, jugador de la Selección Mexicana nacido en Colombia, así como el resto de jugadores de origen africano que juegan en las selecciones de futbol de países latinoamericanos como Brasil, Panamá, Colombia, Ecuador, etc. forman parte de una misma historia colonial y esclavista que se desarrolló desde el siglo XV en el continente americano tras la conquista europea y el desarrollo del sistema capitalista.

Actualmente, un importante porcentaje de la población de estos países representa a los descendientes de las poblaciones africanas capturadas y deportadas a América, especialmente al Caribe donde se establecieron las principales plantaciones esclavistas.

En sí lo que ha cambiado desde la obtención de ese primer título no es esta presencia sino el número creciente de jugadores franceses (nacidos o naturalizados) con ascendencia no francesa, especialmente africanos. Los ejemplos de varios jugadores que jugaron este Mundial como Zidane (hijo de migrantes argelinos), Thuram (nacido en la isla francesa de Guadalupe) o Marcel Desailly (originario de Ghana) o Claude Makelele (Congo) resultan paradigmáticos.

Desde entonces, es una constante observar un aumento en el número de jugadores cuyos orígenes se remontan a los territorios coloniales franceses en África (como Kylian Mbappé, quien es hijo de padre camerunés y madre argelina) y el resto de su imperio, como el caso de Christian Karembeu, originario de Nueva Caledonia, territorio francés de ultramar.

Francia no es la única



Al igual que Francia, otros países europeos con pasado colonial en África o en el Caribe, como Inglaterra, Bélgica, Portugal o Países Bajos, han recurrido a la incorporación de jugadores de las colonias en los equipos representativos nacionales durante el periodo colonial y a la extracción de jugadores de sus antiguas colonias y a través de los movimientos migratorios que siguen vinculando territorios poscoloniales africanos con sus antiguas metrópolis.

El caso de la leyenda portuguesa Eusebio resulta ilustrativo al respecto. Nacido en África Oriental Portuguesa, hoy Mozambique, la Pantera Negra vistió los colores de la selección portuguesa en la Copa del Mundo de 1966 anotando 9 goles y convirtiéndose en el líder de goleo histórico en mundiales con la selección lusitana.

Pero, si los vínculos históricos coloniales explican en gran medida la incorporación progresiva de jugadores africanos en las selecciones europeas con pasado imperial en el continente, la globalización actualmente ha difuminado en gran medida estos nexos volviéndolos más complejos y multidimensionales.

Futbol, nación y migración en 2026



En este sentido, países europeos que se habían caracterizado por ser de emigración hasta la década de los años 70 como España e Italia, comenzaron a invertir su rol en estos años para convertirse en receptores de migrantes. El propio caso de Lamine Yamal es un resultado tanto de la dinámica histórica imperial (su madre es originaria de Guinea Ecuatorial, antigua colonia española en África) así como de esta diversificación de las pautas de movilidad migratoria al ser su padre un migrante originario de Marruecos.

No obstante, si bien la práctica de incorporar jugadores no nacidos en el país en el que juegan parecía estar reservada a las selecciones europeas con pasado colonial, actualmente se ha generalizado en el resto de selecciones.

El Mundial 2026 registró a 289 jugadores (de un total de 1248) que no representan al país donde nacieron. Uno de los casos más llamativos de esta tendencia durante el certamen de este verano se vio con el combinado marroquí. En su primer partido frente a Brasil, de los 11 jugadores titulares que presentó el equipo de Marruecos, ninguno nació en el país. Achraf Hakimi (nacido en España) y Annou Bouaddi (nacido en Francia) son sólo dos ejemplos de este equipo en donde los vínculos culturales (junto con importantes proyecciones profesionales) preceden a los del país de nacimiento.

El caso de Hakimi resulta significativo de evocar ya que de acuerdo al propio jugador fue una fuerte identificación con la cultura religiosa árabe-musulmana de su país de origen y en la cual se crió lo que lo hizo decantarse para jugar con Marruecos en lugar de hacerlo con su país natal, España. Lo anterior demuestra que si bien prevalece una lógica de extracción de talentos (enmarcada en una lógica más amplia de extracción de recursos) que termina beneficiando a las grandes potencias capitalistas y futbolísticas en detrimento de sus países de origen, existen casos como el de Hakimi que revierten paulatinamente la tendencia.

De manera similar podemos referirnos al caso de jugadores con vínculos familiares que por diversas razones deciden representar a selecciones de distintos países. Tal es el caso de los jugadores vasco-ghaneses Iñaki y Nico Williams, ambos hijos de ghaneses que migraron a España en la década de los 1990s y que juegan para su país de origen (Ghana) y de nacimiento (España) respectivamente. Otro caso similar es el de los hermanos Doué, ambos nacidos en Francia. Mientras que Desiré juega para la selección francesa, Guela lo hace para la de Costa de Marfil, país de donde provienen los padres de ambos.

Sin embargo, aunque pareciera ser una excepción, el caso marroquí puede considerarse como una normalización creciente del fenómeno. De hecho, Marruecos no es el caso más extremo. De los 26 jugadores convocados para representar a Curazao (antigua colonia de las Antillas holandesas) en el Mundial, sólo 1 nació en la isla, el resto lo hizo en Países Bajos y juega en la Eredivise, liga profesional de este país. Le siguen la República Democrática del Congo (RDC) con 20, Haití y Argelia con 16, Cabo Verde y Qatar con 14, Senegal con 12, Costa de Marfil e Irak con 9, y Ghana con 8.

Finalmente es importante señalar que la mayoría de los jugadores no nacidos en el país que representan, lo hicieron en los países europeos que habían mantenido vínculos coloniales con su país de origen. En este sentido, Lucas Zidane, portero de la selección de Argelia (antigua colonia francesa) nació en Francia así como la gran mayoría de los jugadores de Senegal y Costa de Marfil no nacieron en estos países

Sin embargo, existen de manera cada vez más marcada, casos particulares que no responden exclusivamente ni al criterio histórico imperial, ni a los movimientos migratorios contemporáneos exclusivamente, sino a ambos factores de manera simultánea. Este es el caso de Michael Olise, jugador de la selección francesa y nacido en Londres, hijo de padre nigeriano y madre argelina.

¿'Africanización' del futbol?



Resulta evidente al observar tanto torneos internacionales como el Mundial como las ligas profesionales más competitivas del planeta que la inclusión creciente de jugadores de origen africano es una constante de los últimos 30 años.

Producto de la historia en sus dimensiones diacrónicas (periodo esclavista y colonial) y sincrónicas (movimientos migratorios postcoloniales), la africana representa una de las diásporas con mayor presencia a nivel global. En el ámbito del futbol se trata de deportistas que por sus características físicas y técnicas se vuelven indispensables para cualquier equipo en el futbol actual marcado por las exigencias de los más altos niveles de competitividad.

¿África campeón mundial?



A la idea que se ha planteado desde el segundo título de Francia en el Mundial de Rusia en 2018 sobre un campeonato ganado por África por la gran cantidad de jugadores de origen africano que presentó esta selección, se debe responder con un categórico no: África no es campeón mundial. No hay retribución ni económica ni deportiva ni histórica para los países de origen de los jugadores africanos o de origen africano que juegan para antiguas potencias coloniales y neocoloniales.

Pero, aún más importante, afirmar que África ya puede ser considerada campeona del mundo en este sentido, contribuye a reproducir una visión unidireccional y unidimensional de la historia en la que se invisibilizan procesos constitutivos del orden mundial contemporáneo como la esclavitud, la colonización, el racismo y la explotación de las sociedades africanas y del resto del Sur Global por las potencias capitalistas.

España vs Argentina: ¿dos modelos de nación?



Hoy domingo se enfrentan por el título de la Copa del Mundo 2026 España y Argentina. Más que un simple choque futbolístico, reminiscente de épocas coloniales, ambas selecciones parecen representar modelos alternativos de nación en la fase de la globalización en la que nos encontramos actualmente y en la que de manera significativa, los flujos migratorios coloniales, postcoloniales y neocoloniales están reconfigurado los vínculos identitarios de las naciones con sus ciudadanos.

Mientras que para el caso de España se puede apreciar como su selección comienza a integrar de manera sistemática (aunque no en la proporción en que lo hacen otras selecciones europeas como Francia) jugadores de origen africano como Lamine Yamal y Nico Williams, para el caso argentino este no es el caso.
A pesar de que en las últimas décadas el país sudamericano también ha sido destino de la movilidad migratoria africana, su selección nacional de futbol, como prisma a través del cual es posible observar a la selección argentina como un reflejo de su sociedad, no ha incorporado aún a jugadores con estos orígenes.