Con dedicatoria hacia el cielo. La historia de la Selección Mexicana tiene varios pasajes de mundialistas que perdieron a algún ser amado poco antes del inicio de la Copa del Mundo.

Raúl Jiménez, delantero del Tricolor y cuyo padre homónimo falleció el pasado 11 de marzo, disputa este torneo en pleno duelo.

Mundialistas como Fernando Quirarte, Cuauhtémoc Blanco y Oswaldo Sánchez son otros de los mexicanos que han atravesado una situación así de compleja previa al magno evento y pese a lo cual respondieron en la competencia.

PARA SU PAPÁ

Fernando Quirarte marcó el primer gol de México en el Mundial de 1986. Su padre había fallecido poco antes. Hoy todavía se le enchina la piel al recordar la promesa cumplida, en aquella victoria sobre Bélgica, 2-1 en el Estadio Ciudad de México.

"Al minuto 23, cuando cae el primer gol y tengo la fortuna de ser el que lo anota, salgo corriendo como loco, despavorido. Se escucha el estruendo y un grito de gol como si me lo hubieran gritado en el oído 100 mil personas. Corro como loco, y si no es porque salen el "Abuelo" Cruz y otros jugadores de la banca, yo sigo corriendo despavorido. No estaba en mis cinco sentidos, disfrutaba ese gol que tanto le había prometido a mi padre, llegan Hugo Sánchez y Javier Aguirre me agarra del pelo, Tomás Boy, Miguel España llegan a festejar juntos ese gol que a la postre nos abriría la puerta para lograr la victoria" escribió el "Sheriff" en su columna mundialista publicada hoy por CANCHA.

GRACIAS, ABUELITA CUCA

María del Refugio fue la abuelita de Cuauhtémoc Blanco. Cuca, como le decía de cariño, falleció en 2002 en la Ciudad de México, mientras el futbolista estaba concentrado en Fukui con la Selección Mexicana.

El Cuau anotó el gol del triunfo contra Croacia, 1-0 en el debut. Su festejo fue por demás sentido, mirada y postura al cielo, beso incluido, todo para ella.

"Lo dedico a mi abuelita. No pude estar allí (en el funeral), pero me da muchísima alegría dedicarle este gol", declaró Blanco tras el juego.

OSWALDO ROMPE EN LLANTO

Días antes del debut mundialista contra Irán en 2006, Oswaldo Sánchez abandonó la concentración de la Selección Mexicana en Alemania para volar a México y acudir al funeral de su padre.

De cara a su primera titularidad en la Copa del Mundo, el histórico portero tuvo la fortaleza para regresar a Europa y ser fundamental en el triunfo contra los iraníes, 3-1.

Al finalizar el juego, Oswaldo se quebró. Un triunfo con un significado más especial.