Cd. de México.- Pregunta que ronda en los pasillos de la Liga Mayor y que implícitamente reconoce el poderío de uno de los clubes de pelota más exitosos de los últimos años -desde 2013 es el equipo más ganador de todo el circuito-. La última vez que un equipo hizo el triplete, fue la dinastía Yankee hace más de 25 años.
No obstante que uno de los aspectos más conocidos del club es su cartera, la competitividad del Dodger no solo se basa en ello. El front office de Andrew Freeman (ex Tampa Rays) ha logrado un equilibrio único: mediante un contrato multimillonario de pagos diferidos atrajo al último Unicornio, cuenta con los mejores especialistas en reclutamiento, su desarrollo de talento es único y el departamento de analytics añade valor al manejo experimentado de su coach y casi todo financiado vía jugosos contratos de transmisión local, nacional e internacional.
Pero es su poderío económico lo que ha exacerbado la polémica del diferencial de competitividad entre equipos con amplios mercados (Dodgers, Yankees, Phillies, Mets y algún otro club) y los de mercados modestos (casi todos los demás). Discusión que adquiere inmediatez a la luz de la renegociación del Contrato Colectivo, entre el sindicato de Jugadores (MLBPA por sus siglas en inglés) y la asociación de dueños (MLB), que iniciará al término de la Serie Mundial de este año.
El tema central de la discusión será si los dueños lograrán imponer, pese a la oposición del sindicato, un tope salarial, con lo cual se lograría, dicen los dueños de los equipos necesitados, topar el costo del principal activo de los clubes, reduciendo significativamente la brecha entre los que pueden y los que no pueden pagar contratos multimillonarios.
Hoy en día, la Liga cuenta con dos mecanismos para incentivar la igualdad de ingresos:
Primero, el 48 por ciento de los ingresos por derechos de transmisión local se aportan a una bolsa común en apoyo, entre otros, a las nóminas, por su parte el 100 por ciento de los ingresos por derechos de transmisión nacional son repartidos ex aequo entre todos los equipos. Segundo, es el llamado Luxury Tax -todas las ligas profesionales de espectáculo deportivo en USA tienen algún esquema similar-, se trata de un impuesto al gasto excesivo, que consiste en que los clubes con nóminas anuales arriba de un monto establecido (244 millones para 2026) son sujetos de un castigo monetario, el recurso recaudado por la MLB se reparte como ayuda al ingreso de los equipos modestos, elevando sus presupuestos para la adquisición de jugadores.
Hasta el inicio de la presente década estos mecanismos habían logrado, hasta cierto grado, mantener a los clubes dentro del rango de gasto estipulado y, por tanto, la brecha entre lo que gastaban los equipos más ricos y los más pobres, en 2019 solo tres equipos lo excedían, para 2024, nueve equipos exceden el tope autoimpuesto por la MLB. El equipo que más gasto en nómina es, por cierto, el Dodger, quien el último año pagó 100 millones de dólares solamente de castigo a la MLB.
Lo que a todas luces es cierto, es que la Liga enfrenta un gran reto en el tema del diferencial de ingresos de sus equipos y que los mecanismos de compensación referidos no son suficientes. También parece claro que la imposición del tope salarial no va a resolver el problema. Quizás la solución al problema sea el plan de la MLB que busca en 2028 centralizar el 100 por ciento de los ingresos por derechos de televisión de todos los clubes, subastándolos en una puja al mejor postor y distribuyendo todo el ingreso equitativamente entre los clubes, modelo influenciado por la NFL.
Pero no basta ser el equipo más competitivo para ganar la Serie Mundial, el Dodger deberá vencer dos obstáculos. Primero, la salud y la edad, es el equipo con mayor promedio de edad (más de 31 años) de la Liga en su cuadro abridor. Segundo, un par de equipos en su división y los equipos en ascenso en la Liga: Milwaukee, Chicago y NY Mets en la Nacional y Seattle, Toronto y Detroit en la Americana. Todos ellos más jóvenes y por cierto sólo dos con presupuesto en el rango Dodger.
Si se hacen con la Serie Mundial por tercera vez, ratifican su calidad de dinastía, aunque a diferencia de la Yankee, está mucho más apuntalada por la compra de jugadores caros, dándole a los equipos modestos una narrativa respaldada con la evidencia empírica: ¡sólo los equipos ricos pueden ganar Series y el equipo más rico de la Liga lleva tres campeonatos seguidos! Este argumento fortalecería la posición dura entre los dueños para imponer un tope salarial, lo que podría acorralar al sindicato y desembocar en una huelga de devastadoras consecuencias para el juego de pelota, que al arranque de la temporada 2026, este fin de semana, vive un gran momento deportivo y monetario.