Washington— Tras una serie de malas encuestas a principios de este verano, el presidente Donald Trump simplemente declaró que no eran ciertas. “MIS NÚMEROS REALES DE ENCUESTAS SON LOS MÁS ALTOS QUE HAN SIDO JAMÁS”, escribió en redes sociales, usando mayúsculas como si con ellas pudiera acallar cualquier dato en contrario.
En realidad, sus números reales de encuestas están en, o cerca de, su punto más bajo de la historia en algunas encuestas no partidistas. Una serie de nuevos sondeos en días recientes encontró que Trump se encuentra en el punto más bajo de su presidencia, con el respaldo de apenas alrededor de una tercera parte de los estadounidenses, mientras una guerra estancada en Irán y los altos precios de la gasolina pasan factura política.
Las encuestas más recientes indican que Trump es ahora, prácticamente, el presidente en un segundo período más impopular en esta etapa de su gestión, en toda la historia de las encuestas, que se remonta a la década de 1940.
La única excepción no le daría a Trump mucho consuelo: Richard Nixon tenía incluso menos respaldo público en esta misma etapa de su segundo período, pero en ese momento estaba a apenas unos días de renunciar por el escándalo de Watergate.
Este tipo de cifras en las encuestas hundiría en pánico a una Casa Blanca normal, especialmente a escasos tres meses de una elección intermedia. Alguien podría ser despedido. Podría redactarse un discurso. Podría diseñarse un nuevo conjunto de políticas. Pero Trump nunca ha sido un presidente normal, y no reacciona ante las circunstancias políticas de la misma manera que sus predecesores. Mediante la fuerza de voluntad y el control sobre su base MAGA, tradicionalmente ha logrado jugar con fuerza una mano débil.
“Siempre va a proyectar fortaleza sin importar cuáles sean las cifras, y de todas formas dirá que son falsas”, dijo Douglas Heye, veterano estratega republicano, y agregó que no esperaba ningún cambio en la estrategia política. “A menos de que se ponga a gritar y le aviente algo a un colaborador, eso es todo”.
Resulta difícil, por supuesto, corregir el rumbo si no queda del todo claro cuál era ese rumbo desde un inicio. El presidente más impulsivo de los tiempos modernos sigue sus instintos, y puede revertirse por completo de un día para otro, o a veces de una hora para otra.
Le ha funcionado lo suficientemente bien como para dominar la política estadounidense durante más de una década. Aunque ganó por mayoría relativa en 2024, Trump no ha ganado la mayoría del voto popular en ninguna de sus tres elecciones, ni ha gozado del respaldo de una mayoría en las encuestas de Gallup en ningún momento de sus dos períodos. Y sin embargo, ha gobernado como si fuera un presidente más popular.
Aun así, las cifras más recientes son particularmente sombrías, y tienen a los republicanos cada vez más nerviosos ante el temor de una ola demócrata que podría costarles la Cámara de Representantes, e incluso posiblemente el Senado, en noviembre.
Trump cuenta con el respaldo de apenas el 34% de los estadounidenses en la más reciente encuesta de CNN, igualando su punto más bajo, registrado justo después del ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021. Contaba con la aprobación de apenas el 33% en una nueva encuesta de AP-NORC, empatando su nivel más bajo desde 2017, y de 32% en los datos de la Universidad de Quinnipiac, cayendo a un mínimo histórico en esa encuesta.
En comparación, en esta misma etapa de su segundo período, Bill Clinton se encontraba en 64%, Ronald Reagan en 61% y Dwight Eisenhower en 58%, de acuerdo con encuestas históricas de Gallup. Entre quienes estuvieron por debajo del 50% se encontraban Barack Obama, con 43%; Harry Truman, con 39%, y George W. Bush, con 37%, todos los cuales vieron después cómo su partido perdía escaños en las elecciones intermedias, meses más tarde. Nixon, al borde de la renuncia mientras enfrentaba un juicio político, estaba en 24% en este mismo punto.
El reto para Trump y los republicanos es que el presidente se encuentra por debajo del 50% en prácticamente todos los temas, incluidas áreas donde históricamente había sido más fuerte, como la economía y la inmigración. En cuanto a la guerra en Irán, ya era la única guerra de Estados Unidos, en toda la historia de las encuestas, que más estadounidenses rechazaron desde un inicio, y el respaldo que existía se ha desplomado aún más, con los votantes ahora en contra por un margen de dos a uno.
Además, la preocupación para los republicanos no es sólo que los votantes desaprueben el manejo que hace Trump de la Presidencia, sino que lo desaprueben con fuerza, lo que sugiere que estarían más motivados que los leales a Trump para presentarse a votar este otoño.
“Esa gente sí va a votar”, dijo Douglas Sosnik, quien fue director político y asesor principal de la Casa Blanca de Clinton. “Y los republicanos que no son MAGA no están motivados para salir a votar”.
Dicho esto, la política ya no es lo que era antes. La manera en que se trazan hoy los distritos de la Cámara de Representantes implica que hay menos distritos genuinamente competitivos, lo que sugiere que incluso una fuerte ola demócrata podría no generar tantos escaños nuevos como habría generado en el pasado. Eso quedó aún más consolidado por una ola de redistribución de distritos a mitad de década, ocurrida en meses recientes.
Kristen Soltis Anderson, encuestadora republicana, dijo que la polarización política implica que “la aprobación laboral se mueve dentro de un rango estrecho hoy en día”, en comparación con el pasado. “Una aprobación laboral en el rango bajo de 40% o incluso los altos 30’s ya no es la catástrofe política que habría sido hace dos o tres décadas”, dijo. “Los presidentes apenas comienzan en un 50% de entrada”.
“Pero”, agregó, “un nivel bajo de 30%, si es preciso, significa que partes de la coalición han comenzado a desprenderse. En ese punto no sólo estás perdiendo a los votantes indecisos”.
Trump tiene que contar con que la oposición desperdicie su ventaja. “Lo mejor que tienen a su favor los republicanos es que el Partido Demócrata está atravesando sus propios problemas y no cuenta con un mensaje claro, más allá de ‘Trump es malo’”, dijo. “Sin embargo, si el entorno de verdad se mantiene tan sombrío, eso podría ser suficiente”.
La Casa Blanca no abordó las encuestas del presidente en respuesta a una solicitud de comentarios, pero presumió su historial. “Ningún otro presidente en la historia ha logrado más por los trabajadores esforzados de Estados Unidos que el presidente Trump, quien trabaja incansablemente para crear empleos, enfriar la inflación, aumentar la accesibilidad de la vivienda y más”, dijo Davis Ingle, vocero de la Casa Blanca. “El presidente ya ha logrado avances históricos, no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo, y esto es sólo el comienzo, conforme su agenda sigue entrando en vigor”.
El propio Trump ha dejado claro que percibe una realidad distinta a la de la mayoría de los encuestadores independientes y estrategas políticos de ambos partidos, y desconfía de los resultados que no le son favorables.
“Las encuestas son muy deshonestas, igual que muchos periodistas”, dijo a periodistas durante una conferencia de prensa en la cumbre del Grupo de los Siete (G7) en Francia, en junio. Una semana después, hizo su afirmación de que sus índices de aprobación eran “LOS MÁS ALTOS QUE HAN SIDO JAMÁS” en su red social.
Los observadores políticos han dado por acabado a Trump antes, sólo para verlo sobrevivir al tipo de controversias y cifras de encuestas que dejarían maltrechos a otros políticos. Parece no inmutarse ante los ruegos de republicanos que quieren que ponga fin a la guerra en Irán y se enfoque más en la accesibilidad económica. En cambio, persigue proyectos de legado, como un nuevo salón de baile en la Casa Blanca y un arco del triunfo, sin importar cuánto sugieran las encuestas que los votantes no están tan entusiasmados.
“Él vive el momento” (usando la expresión en inglés YOLO, “you only live once”), dijo Heye. “No se queda ahí sentado pensando: ‘Vaya, mi poder se está debilitando por esto’. Eso es parte de por qué fue reelegido y por qué es inmune a algunos escándalos”.