Cuesta imaginarse a Michael Jackson haciendo ciertas cosas, como manejar. Una de las mejores escenas de un borrador inicial de Michael, la próxima película biográfica del cantante, describe al futuro Rey del Pop abriéndose paso entre el tráfico en una autopista de Los Ángeles camino al estudio. Era 1979 y, con 20 años, estaba solo en su Mercedes abarrotado, entonando una canción recién escrita: “I Can’t Help It”, una balada doliente y algo desconcertante que terminaría siendo el lado B de Don’t Stop ’Til You Get Enough, su álbum clásico. El coche, entrañablemente desordenado, está repleto de libretas de notas; mensajes inspiradores en el tablero manifestaban el sublime tramo de su carrera que se vislumbraba en el horizonte. Estaba en plena grabación de su obra maestra Off the Wall, cuya portada captaría su aspecto de ese entonces: más oscuro y con rasgos menos delicados, con un afro apropiado para la época; imposiblemente joven, aunque ya era un veterano del mundo del espectáculo con 15 años de experiencia. No puedo evitarlo, aunque quisiera… Un estribillo perfecto, perfectamente ejecutado. Soltar el “si” lo hizo memorable.

En sus propias memorias, su madre, Katherine Jackson, cuenta otra historia sobre Michael conduciendo, afirmando que acabó en la cárcel tras ser detenido por un policía que, de alguna manera, no lo reconoció y pensó que su Rolls-Royce parecía “un coche robado”. La anécdota parecería material perfecto para una película biográfica. Pero no llegó a incluirse en el primer borrador de Michael, tal vez por su oscuridad, tal vez por la manera en que inevitablemente le recordaría a los espectadores los futuros roces de Jackson con la ley.

“Ojalá pudiera separar al artista del hombre”, dijo una vez John Logan, guionista de Michael, sobre Alfred Hitchcock, otro de sus protagonistas. Pero las películas biográficas musicales de Hollywood se construyen para hacer lo contrario de separar el arte de sus imperfectos creadores humanos. Una película biográfica autorizada de un músico requiere la aprobación del patrimonio y de los propietarios del catálogo —los albaceas de Jackson se encuentran entre los productores de Michael— y, por lo tanto, es una vitrina cuidadosamente gestionada de éxitos interpretados de manera visceral, con sonido y efectos visuales de calidad de concierto. Pero también es una oportunidad para vincular las canciones a un arco narrativo satisfactorio, en el que la lucha personal del protagonista profundiza nuestra apreciación de su propiedad intelectual —perdón, arte—, ya sea la adicción de Ray Charles, la agitación romántica y política de Bob Dylan, la depresión de Bruce Springsteen o la sexualidad de Freddie Mercury. Los nuevos seguidores salen del cine sintiéndose conectados no solo a la banda sonora, sino también con una interpretación definitiva de la vida de su creador.

En este contexto, Michael Jackson presenta desafíos únicos. Considera los polos casi irreconciliables de su persona pública. Por un lado, se encuentra entre los mayores artistas estadounidenses del último medio siglo, un icono global tan descomunal que su alcance cultural se asemeja más en espíritu a un personaje de ficción: Spider-Man, Luke Skywalker, Mickey Mouse. Por otra parte, las acusaciones de uno de los peores crímenes imaginables, el abuso sexual de niños, han envuelto su legado desde principios de la década de 1990. Jackson y su patrimonio siempre han insistido en su inocencia, y en 2005 fue absuelto por un jurado en su único juicio penal. Sin embargo, en entrevistas desastrosas para su reputación por aquella época, Jackson defendió repetidamente su costumbre de dormir en el mismo dormitorio con los hijos de otras personas. “¿Por qué no puedes compartir tu cama?”, le preguntó al periodista Martin Bashir en un especial de televisión de 2003 mientras tomaba de la mano a Gavin Arvizo, de 13 años, quien más tarde lo acusaría de abuso.

Desde la muerte de Jackson, en 2009, otros han salido a la luz. Una demanda de Wade Robson y James Safechuck, quienes afirman que Jackson los sedujo y abusó sexualmente de ellos cuando eran niños, llega finalmente a un juzgado este otoño. Detalles sobre otro grupo de acusadores de Jackson, los hermanos Cascio, surgieron recientemente tras hacerse pública una disputa sobre un acuerdo de unos 11 millones de dólares, alcanzado en 2020; el caso, en el que los Cascio buscan un nuevo acuerdo, está en curso. El patrimonio de Jackson niega enérgicamente que se produjeran abusos. En un comunicado, Martin Singer, abogado del patrimonio, calificó la demanda de “intento desesperado de conseguir dinero”, agregando que uno de los hermanos está siendo demandado por extorsión civil y que “la familia defendió incondicionalmente a Michael Jackson durante más de 25 años, atestiguando su inocencia de conducta inapropiada”. Howard King, abogado de los hermanos, dice que el patrimonio “ha afirmado de manera falsa que los Cascio mintieron sobre haber sido abusados”, y señala que “los Cascio han proporcionado más de 10 horas de testimonio detallado en video bajo juramento” sobre los abusos que sufrieron a manos de Jackson.

Enormes sumas de dinero están ligadas a los duelos por el legado de Jackson. Además de la demanda de los cuatro hermanos Cascio, existe una demanda de Robson y Safechuck, protagonistas del documental de HBO de 2019 Leaving Neverland, que apunta a dos de sus productoras por facilitar su abuso. (El abogado de Robson y Safechuck no respondió a múltiples solicitudes de comentarios). En un perfil de John Branca, uno de los albaceas de la herencia, publicado en diciembre pasado, The Financial Times señaló que los anunciantes de Estados Unidos dejaron de utilizar la música de Jackson tras el estreno de Leaving Neverland. Branca declaró al periódico que el patrimonio consideró producir su propio documental tras Leaving Neverland antes de decidirse por una película biográfica como vehículo más efectivo para reforzar la marca (Branca declinó hacer comentarios para este artículo).

En 2022, Graham King, productor de la película biográfica de 2018 del grupo Queen, Bohemian Rhapsody, la historia de Freddy Mercury, anunció que realizaría Michael con Branca y su co-ejecutor, John McClain, para Lionsgate. Antoine Fuqua, conocido por Día de entrenamiento y la franquicia El justiciero, ha sido elegido para dirigirla. Jaafar Jackson, sobrino de Michael, será el protagonista, junto a Colman Domingo y Nia Long como sus padres y Miles Teller como Branca.

Pero la película ha tenido una historia de producción inusualmente problemática. Su guión original, del que obtuve una copia, hacía todo lo posible por exonerar a Jackson, retratándolo como víctima de una estafa por parte de la familia del primer niño que lo denunció, Jordan Chandler. Larry Feldman, quien negoció un acuerdo multimillonario para Chandler en 1994, me dijo que las condiciones del acuerdo significaban que “ninguna de las partes podía hacer nada por publicar o comunicar lo ocurrido, salvo en la medida en que se permitiera a la familia Chandler hablar con la policía y declarar bajo juramento”. Cuando describí las escenas del primer borrador que exoneraban a Jackson y desacreditaban a los Chandler, Feldman se rió y dijo que no conocía el contenido del guión. Pero, dijo, “eso es exactamente lo que no podían hacer”.

Un portavoz de Lionsgate confirmó que se tuvo que desechar metraje sustancial porque violaba el acuerdo con los Chandler, y añadió que “las inusuales circunstancias nos dieron la oportunidad de rodar más material para lo que es efectivamente una Parte 1 —la creación de un rey— mientras preservamos la oportunidad de contar más historia en una película o películas posteriores”. La fecha de estreno de la película se retrasó un año entero, hasta abril de 2026, y Michael se detiene ahora en la gira Bad de 1988, años antes de las primeras acusaciones; el padre de Michael, Joe, según la mayoría de los relatos un hombre físicamente abusivo, asume el papel despótico de Ike Turner, preparando el escenario para la triunfante liberación de Michael. La confianza en la película sigue siendo alta; la película biográfica anterior de King, Bohemian Rhapsody, la historia de Freddy Mercury, recaudó casi 1000 millones de dólares en todo el mundo.

Es difícil saber qué habría pensado el propio Jackson de una película biográfica, incluso de una altamente autorizada. En una noche de 1984, durante la gira Victory de los hermanos Jackson, conoció a Bruce Springsteen entre bastidores en Filadelfia, según informa la revista People. Hablaron de negocios: duración de los conciertos, escribir en la carretera, la canción que Springsteen escribió para las Pointer Sisters. Se publicó una fotografía de las dos superestrellas sonriéndose mutuamente, Jackson con una camisa rosa abotonada y Springsteen con un pañuelo rojo alrededor del cuello.

“¿Hablas con la gente durante tus conciertos?” preguntó Jackson. “He leído que sí”.

“Sí, cuento historias”, dijo Springsteen. “A la gente le gusta eso, lo he aprendido. Les gusta oír que tu voz hace algo más que cantar. Se vuelven locos cuando solamente… hablas”.

“Yo nunca podría hacer eso”, dijo Jackson. “Da la sensación de que la gente se entera de algo sobre ti que no debería saber”.

Una vista granular de cuán hábilmente el patrimonio de Jackson ha transformado el legado problemático del cantante en una máquina lucrativa y bien aislada proviene de una fuente poco probable: un caso que duró años en el tribunal fiscal sobre el valor del patrimonio en el momento de la muerte de Jackson en 2009. El Servicio de Impuestos Internos alegó inicialmente que el patrimonio debía 500 millones de dólares en impuestos impagados porque se habían subestimado gravemente las ganancias futuras. El patrimonio se encontró con el argumento, perverso, de que la reputación de Jackson en el momento de su muerte lo había convertido en un activo muy problemático. Tal como expuso el juez Mark V. Holmes en su fallo de 271 páginas, la recuperación que siguió a la muerte de Jackson fue impulsada en buena medida por Branca, su abogado de larga data y uno de los nombres más prominentes del sector musical.

Cuando Jackson murió a los 50 años, estaba ensayando una serie de 50 conciertos en el O2 Arena de Londres, espectáculos destinados a contrarrestar su deteriorada imagen pública recordando por qué había sido tan querido. Las entradas se agotaron casi al instante, pero el promotor, AEG Live, no pudo conseguir patrocinadores corporativos. Ni siquiera la empresa encargada de producir mercancía para los espectáculos, Bravado International, permaneció sin convencerse de que Jackson cumpliera —no había emprendido una gira a gran escala desde 1996— negándose a firmar un acuerdo hasta que comenzara la serie de conciertos. En cuanto a cualquier producto de la marca Jackson que no estuviera relacionado con las fechas específicas de los conciertos, el director ejecutivo de Bravado en aquel entonces, Tom Bennett, declaró en el juicio fiscal que no habría cerrado un trato así por “una cantidad significativa de dinero”, dado que no existía absolutamente “ninguna demanda”.

Años de escándalo y mala gestión financiera habían dejado a Jackson aislado y con una deuda de al menos 450 millones de dólares, como expuso Holmes. Tras la absolución penal de Jackson en 2005, Bank of America vendió sus 140 millones de dólares en préstamos a Jackson a Fortress Capital, un fondo de gestión de activos que asumió deuda en dificultades; en 2008, Fortress parecía a punto de ejecutar la hipoteca de Neverland, hasta que la familia Jackson llegó a un acuerdo paralelo con Colony Capital, una firma de capital privado.

En 2009, Jackson volvió a contratar por fin a un representante de su época dorada de los años 80: Frank DiLeo, una caricatura tan típica de esos personajes turbios del mundo del espectáculo —siempre con un puro entre los labios— que Martin Scorsese lo eligió para interpretar a un gánster en Buenos muchachos tras conocerlo mientras dirigía el videoclip de Bad de Jackson. Según el testimonio de Branca en el juicio, DiLeo convenció a Jackson para que volviera a incorporar a Branca —que había trabajado con la estrella, de forma intermitente, desde 1980, pero a quien no había visto en tres años— al redil.

El borrador del guión de Michael muestra a Jackson bombardeando a Branca con preguntas en su primera reunión en 1980. ¿Podría lograr que fuera más grande que Elvis, los Beatles, incluso que su rival, Prince? Branca promete que hará a Jackson más grande que “cualquiera, jamás”. Durante el apogeo comercial de Jackson en los años 80, Branca renegoció su contrato para obtener la propiedad de sus grabaciones maestras y, según declaró Branca en el juicio, convenció a Jackson para que lanzara el ahora clásico video de “Thriller” a pesar de la objeción de su madre, profundamente religiosa. (Branca le dijo a Jackson que podía añadir una cláusula de exención de responsabilidad, como había hecho Bela Lugosi en sus películas de Drácula, lo que provocó un intercambio revelador en el juicio fiscal cuando el abogado que lo interrogaba comentó: “Sabes, nunca he visto una cláusula de exención de responsabilidad en las películas de Bela Lugosi”. Branca replicó: “Pues yo tampoco”). Unos años después, Jackson fue el padrino de la boda de Branca, y llevó a su chimpancé Bubbles de esmoquin como acompañante.

En la reunión de reencuentro intermediada por DiLeo en 2009, Branca y Jackson firmaron un nuevo contrato, solo ocho días antes de la muerte de Jackson. “Jackson había reunido un nuevo equipo de asesores, mucho más competente, justo a tiempo”, escribió Holmes. “Desconocían con exactitud cuánta deuda había o qué activos podrían aprovecharse. Pero, de un modo notable y un tanto despiadado, el equipo activó una búsqueda generalizada para encontrarlos”. El médico de Jackson descubrió su cuerpo, que no reaccionaba, en su casa la tarde del 25 de junio de 2009. Tras trasladarlo al Centro Médico Ronald Reagan de la UCLA, donde fue declarado muerto, se requisó una segunda suite como sala de guerra y “se llenó de un equipo improvisado de abogados y asesores de propiedad intelectual, tantos que podrían haber superado en número a la familia de Jackson”, que lloraba junto a su lecho. “Una vez allí, empezaron inmediatamente a discutir la administración del patrimonio y cómo proteger su imagen y cualquier rasgo distintivo”.

En el juicio, Branca declaró que estaba de vacaciones en México cuando recibió la noticia de la muerte de Jackson. Un testamento de 2002 nombraba a Branca y a un viejo amigo de la familia, John McClain, como albaceas del patrimonio. El padre de Jackson impugnó el testamento (sin éxito), pero Branca no esperó a que se resolviera la cuestión de su legitimidad; pocos días después de la muerte de Jackson, Branca organizó una reunión en Mr. Chow, un restaurante chino en Beverly Hills, y reunió a abogados, contadores y asesores que habían trabajado con Jackson. El orden del día era: “¿Cómo detenemos la ejecución hipotecaria de todos los activos” y rescatamos el patrimonio de la bancarrota?

Idearon un plan para reunir las grabaciones de los ensayos de los conciertos del O2. Branca dijo que Jackson “me habría despedido en el acto” por hacer algo así, pero el nivel de endeudamiento había acorralado al equipo. La película resultante, This Is It, llegó a los cines solo cuatro meses después. Recaudaría 268 millones de dólares, convirtiéndose en una de las películas de conciertos más taquilleras de todos los tiempos.

Para el juicio fiscal, el patrimonio contrató como perito a Mark Roesler, fundador de CMG Worldwide, una empresa de gestión de la propiedad intelectual. Roesler, cuya empresa cuenta entre sus clientes a los patrimonios de Malcolm X, Judy Garland y Harry Belafonte, se curtió gestionando las licencias y el mercadeo del legado de Elvis Presley. Entre 1982 y 1989, el valor del patrimonio se disparó a 75 millones de dólares, según una estimación de Los Angeles Times, frente a los 5 millones de dólares que valía en el momento de la muerte de Presley en 1977 (la futura esposa de Jackson, Lisa Marie Presley, fue finalmente la única beneficiaria). Roesler declaró que el índice Q positivo de Jackson —una medida del atractivo de una celebridad o marca para el público— venía cayendo desde 1995 hasta que, hacia el final de su vida, dejó de registrarse. Para determinar la comerciabilidad póstuma a largo plazo de Jackson, Roesler “recreó su vida”, me dijo, yendo desde sus primeros trabajos con los Jackson 5 hasta el momento de su muerte, cuando “no podías encontrar una camiseta de Michael Jackson, no podías encontrar un póster de Michael Jackson, no podías encontrar nada en una tienda”.

En los seis primeros meses de 2009 —a pesar de las entradas agotadas en los conciertos del O2— Jackson solo generó 24 dólares de ingresos por su imagen y semejanza. Holmes examinó varias posibles fuentes de ingresos, incluida la posibilidad de convertir Neverland en una atracción al estilo de Graceland, y las consideró poco realistas: la casa se consideraba “más la escena de un crimen reciente que un futuro país de las maravillas”, escribió, y “el sentido común sugiere que una casa propiedad de un presunto pederasta en la que se produjeron los supuestos abusos sería menos que un lugar ideal para un parque temático infantil”. Holmes vio el mismo problema en todos los aspectos del valor de Jackson debido a “su mala reputación, salvo como artista”.

Paradójicamente, la muerte de Jackson conseguiría exactamente lo que la residencia de Londres había tratado de lograr. Durante unas semanas del verano de 2009, las canciones de “Thriller” sonaban a todo volumen por las ventanillas de los coches, en fiestas caseras y en restaurantes. Recién santificado por su trágico final, Jackson volvía a ser viable en el mercado, como demostró el salvaje éxito de la película del concierto, seguida en breve por acuerdos con el Cirque du Soleil —para una residencia en Las Vegas y un espectáculo itinerante basado en la música de Jackson— y con Sony para la publicación de 10 álbumes póstumos.

Según estimaciones de Billboard, el año siguiente a la muerte de Jackson, su patrimonio generó la asombrosa cantidad de 1000 millones de dólares. “Puede que sea indecoroso decirlo”, empezaba el artículo, “pero es tristemente cierto: Michael Jackson podría valer más muerto que vivo”. Desde entonces, Branca ha logrado victorias notables, como los exitosos espectáculos del Cirque du Soleil y un éxito en Broadway, MJ The Musical. En 2024, Sony adquirió los derechos del 50 por ciento de la música grabada y publicada de Jackson. Tras el rechazo de objeciones en los tribunales por parte de la madre de Jackson, el acuerdo le generó al patrimonio unos 600 millones de dólares. Según The New York Times, puede haber sido la venta más lucrativa del catálogo de un solo músico en la historia de la industria musical.

El proyecto de maximizar el potencial de ingresos póstumos de Jackson ha dependido, en gran parte, de desestimar las acusaciones de depredación sexual infantil. En 2019, este esfuerzo se complicó con el estreno de Leaving Neverland, que llegó en pleno auge del movimiento #MeToo. El director del documental, Dan Reed, me dijo que comenzó sus entrevistas con los acusadores de Jackson, Robson y Safechuck, con “una mentalidad bastante escéptica”, reacio a poner en juego su propia reputación con sus historias. Pero enseguida le sorprendió lo “estratificado y detallado” que era su testimonio y, en concreto, la forma en que ambos hablaban de cómo se enamoraron de Jackson, describiendo un nauseabundo proceso de preparación corroborado por sus familias, sus diarios, investigadores y otros documentos.

El patrimonio ha señalado que las historias de los acusadores han cambiado a lo largo de los años —Robson testificó en defensa de Jackson en su juicio penal de 2005, insistiendo en que no se habían producido abusos en su caso—, pero Reed no encuentra persuasivo ninguno de estos argumentos. “Así es exactamente como operan los pedófilos”, dijo. “Seduciendo a la familia, seduciendo a los niños”. Cree que “amaban a Jackson y mintieron para proteger al hombre que amaban, por asqueroso que pueda parecer”. El hecho incontestable de que Jackson y sus acusadores compartieran camas y dormitorios hace que sea “muy difícil que cualquier persona racional crea que todo lo que Jackson hacía era yacer castamente en la cama junto a estos numerosos chiquillos”.

Mientras cuestionaba a los acusadores de Jackson sobre los hechos —y criticaba a Leaving Neverland por no buscar comentarios de ningún abogado o defensor de Jackson—, el patrimonio también desplegó una astuta maniobra legal contra HBO, la distribuidora y coproductora estadounidense del documental. En 1992, la cadena emitió una película de un concierto de Jackson en Bucarest, y el contrato que firmó incluía una cláusula de no denigración. Los abogados del patrimonio utilizaron una lectura novedosa de esa cláusula para llegar a un acuerdo legal en 2024 con HBO. Leaving Neverland ya no está disponible en su servicio de transmisión en continuo. Cuando se le pidió que comentara el litigio, una portavoz de HBO dijo que “se resolvió amigablemente”.

No está claro quién habría prevalecido si no se hubiera llegado a un acuerdo, dado que el punto de discordia era una cláusula de un acuerdo de 32 años de antigüedad, pero el patrimonio de Jackson, según dijo Reed, tiene “muy buenos abogados, tienen dinero infinito y tienen un vasto y valioso activo que necesitan proteger”. Lo están “monetizando muy hábilmente”, afirma. “Están en racha”.

A principios de este año, el Canal 4 británico emitió otra serie documental sobre Jackson: The Trial, de cuatro partes, centrada en el proceso penal de Jackson en 2005. Es un documental más tradicional que Leaving Neverland, con imágenes de archivo y una selección de entrevistados, incluidos varios defensores de Jackson. (Christian Robinson, videógrafo de Jackson a principios de la década de 2000, dice que veía a la estrella como “un hombre asexual que quería tener 12 años y quería hacer peleas con globos de agua”). También hay imágenes del registro policial de Neverland, en el que aparece una máquina de chicles gigantes, una estatua de Bruce Lee de tamaño natural y el dormitorio desordenado de Jackson, y una entrevista policial difícil de ver con Arvizo, de 13 años, quien describe que Jackson lo masturbó y le decía que los niños tienen que masturbarse o se volverán locos. Una agente de policía recuerda haber encontrado un maletín lleno de revistas pornográficas en el dormitorio de Jackson (tal y como había descrito Arvizo, según dijo). El fiscal señala la cerradura con teclado de la puerta del dormitorio de Jackson y los detectores de movimiento que activaban campanillas. El jurado finalmente absolvió a Jackson.

Actualmente no hay forma de ver la serie en Estados Unidos, aunque sus productores están en conversaciones con cadenas estadounidenses. Tom Anstiss, uno de los productores ejecutivos del documental, me dijo que no había oído quejas del patrimonio cuando la serie se transmitió en el Reino Unido en febrero, pero también afirmó que no podía comentar los detalles de las negociaciones para su distribución en Estados Unidos. Sin embargo, a raíz del acuerdo con HBO, es muy probable que los abogados de cualquier cadena revisen minuciosamente los acuerdos previos con Jackson en busca de cláusulas similares de no difamación.

Mientras tanto, las esperanzas para la película biográfica siguen siendo altas. Cuando se publicó el tráiler de Michael en noviembre, unas 114 millones de personas lo vieron en las primeras 24 horas. Dado el éxito de Bohemian Rhapsody —y el nivel de fama internacional de Jackson—, Michael podría estar en camino de convertirse en la primera película de 2026 en ganar mil millones de dólares en todo el mundo.

El patrimonio, en virtud de su control sobre la música, el nombre y los rasgos distintivos de Jackson, ha tenido durante mucho tiempo el control sobre qué historias desaparecen y cuáles —respaldadas por su bendición oficial— reciben máxima visibilidad.

En 2018, el patrimonio anunció que se asociaba con Columbia Live Stage, la división teatral de Sony, de dos años de antigüedad, para crear un musical jukebox sobre Jackson, dirigido por un equipo creativo de primera categoría que incluía a la dramaturga Lynn Nottage, ganadora del Premio Pulitzer. Estaba previsto que MJ The Musical se estrenara en 2020, un año después de Leaving Neverland. La pandemia lo retrasó hasta 2022, distanciándose un poco de la mala prensa que rodeaba al documental —y de que Nottage hubiera declarado al Daily Mail británico, en 2019, que creía que los acusadores de la película “estaban diciendo la verdad”—.

Quizás lo más importante fue la decisión del equipo creativo de centrar la acción en los ensayos de Jackson para la gira mundial Dangerous, justo antes de que surgieran las primeras acusaciones de abuso, limitando así la historia a una época en la que aún era posible ser fan de Jackson sin complicaciones. (Nottage declinó, a través de su portavoz, hablar sobre la producción). Artísticamente, el musical presenta a Jackson en un momento interesante. No se sentía especialmente vital desde el punto de vista cultural en 1992, una preocupación que expresa el personaje de MJ, sacando a relucir la popularidad de Nirvana y el hip-hop a pesar de que “no saben bailar ni cantar”. Pero el álbum Dangerous siguió siendo un gran éxito, y sus guiños entrecortados al new jack swing y a los álbumes recientes de Janet, la hermana de Jackson, suenan fantásticos hoy en día —mucho menos anticuados que Bad, su predecesor—. También fue uno de los últimos momentos en los que Jackson se veía cool: la camiseta blanca de cuello en V y la camisa de vestir blanca desabrochada, los pantalones negros y el pelo recogido.

Sin embargo, el musical se enfrenta a una tarea imposible: por muy talentosos que sean los intérpretes, nadie puede bailar o cantar como Jackson. Los guiños de Nottage a los demonios personales de Jackson también resultan tímidos. “Quiero que esto se limite a la música”, le dice Jackson a una documentalista, cuyos intentos por hacerle abrirse originan diversas escenas retrospectivas. “¿Es realmente posible separar tu vida de tu música?”, responde ella. Más tarde, la realizadora descubre un gran secreto sobre Jackson: su adicción a las pastillas, un vicio perfectamente perdonable en una estrella del rock.

Otros proyectos han suscitado mucho menos entusiasmo por parte del patrimonio. En 2015, la película biográfica más caliente relacionada con Jackson que circulaba por Hollywood no era sobre el propio Jackson; era una comedia negra llamada Bubbles. El guión, de Isaac Adamson, abre en un santuario de simios de Florida, donde vive Bubbles, “un chimpancé canoso, panzón y de mediana edad”, y luego retrocede para examinar qué pasó con Jackson, siguiendo algunos de los mismos pasos que el primer borrador de Michael, pero sintiéndose, curiosamente, mucho más honesto. Hay apariciones de Prince, al que invitan a cantar en “Bad”, pero que no puede pasar de la primera línea, “Tu culo es mío”, y de los miembros de Bon Jovi, que se van de fiesta con Bubbles en una habitación de hotel en Tokio (ambas están basadas en anécdotas reales). Pero la historia se oscurece cuando Kyle Bosman, un niño de 12 años, un personaje ficticio basado en Chandler, el primer acusador de Jackson, empieza a pasar tiempo en Neverland, y Bubbles detecta a un rival. En sus borradores iniciales, Adamson mantuvo una sensación de incertidumbre respecto a la culpabilidad o inocencia de Jackson. “Por supuesto que va a ser ambiguo”, me dijo, “porque Bubbles no entiende lo que está pasando”.

Adamson, que vivía en Portland, Oregón, consideraba el guión un poco como una broma, pero dijo que una semana después de recibir un borrador, su representante lo convocó en Los Ángeles. Tuvo 20 reuniones en el transcurso de tres días; el presidente de Creative Artists Agency lo llamó. Taika Waititi estaba en conversaciones para dirigir. Eventualmente, Netflix compró el guión. Poco después de que se anunciara el acuerdo, Adamson recibió una carta del patrimonio de Jackson que él describe como una “advertencia preventiva”, en la que se afirmaba que no se concederían derechos musicales ni de nombre, imagen y rasgos distintivos. Luego, Leaving Neverland se estrenó en Sundance. Waititi abandonó el proyecto. (Su siguiente película fue una comedia sobre Hitler. De alguna manera, en ese momento, eso era un tema menos tóxico para la sátira). Poco después, Netflix abandonó el proyecto de la película. Él había revisado el guion para hacer que el comportamiento de Jackson resultara más nefasto y había cambiado el final para que el hombre al que Bubbles llama su Rey recibiera su merecido. Pero no ha habido más interesados.

Aprovechar todos los recursos de influencia a su alcance para gestionar el debate en torno a un difunto famoso forma parte de las funciones de cualquier albacea de la herencia de una celebridad. Jeff Jampol, uno de los principales gestores de legados artísticos, cuya lista de clientes incluye a The Doors, Janis Joplin, Charlie Parker y Juan Gabriel, asesora al patrimonio de Jackson. No quiso hablar específicamente de Jackson, pero me dijo: “Si hoy en día eres un artista de éxito, estás en el negocio de las entradas y las camisetas”. Cuando los artistas fallecen o se retiran, la situación cambia por completo. Jampol imparte una asignatura sobre gestión y mercadeo de artistas en la Escuela de Música Herb Alpert de la UCLA, y siempre les dice a sus alumnos que deben pensar en qué “conecta a un niño de 12 años con Jim Morrison, Janis Joplin, Kurt Cobain o Tupac”. Y añade: “Si crees que esa magia tiene que ver con la música, reprobarán esta asignatura”.

La credibilidad y la autenticidad son cruciales, me dijo Jampol. Al fin y al cabo, no rehuir los detalles biográficos potencialmente problemáticos puede lograr que se les reste importancia. En 2009, por ejemplo, Jampol fue productor de The Doors: When You’re Strange, un documental sobre los Doors. “Diría que más de la mitad de ese documental habla del alcoholismo de Jim”, dijo. “Cuando me reuní por primera vez con la familia Joplin, les dije: ‘Saben que se acostaba con chicas y se metía droga, y tenemos que hablar de eso’. Me preguntaron: ‘¿Por qué?’. Les dije: ‘Porque eso es lo que pasó, ¿de acuerdo?’”.

Pero para el patrimonio de Jackson, adoptar un enfoque que mostrara todos los aspectos, tanto positivos como negativos, requeriría una refutación total de las acusaciones de abuso. Michael evita el problema por completo al abrazar la versión icónica de Jackson e ignorar la inquietante etapa posterior de su carrera. En los tráilers y el material ya publicado de la película, Jaafar Jackson avanza en moonwalk hacia un perturbador valle de acontecimientos emblemáticos de la cultura pop —el especial “Motown 25”, los videos de “Thriller” y “Beat It”, la grabación de ese agudo “woooo” inolvidable a los 15 segundos de “Don’t Stop ’Til You Get Enough”— y quizá en ese punto la distancia del simulacro funcione como consuelo inconsciente, permitiendo gozar de esos momentos sin las sensaciones incómodas que despierta su verdadero creador.

Mark Anthony Neal, profesor de la Universidad de Duke que imparte una clase sobre Jackson, ha observado que en los últimos años los estudiantes se han centrado más en “el Michael Jackson que fue objeto de un documental sobre pedofilia, el Michael Jackson que le hizo algo a su rostro y que para algunos les parece anti-negro”. Tiene curiosidad por ver cómo será recibida Michael “específicamente desde una perspectiva cultural negra: post-Bill Cosby, post-R. Kelly, post-Sean Combs”.

Con tanto en riesgo, resulta comprensible que haya habido una especie de blindaje en torno a Michael. El publicista de Lionsgate que maneja la película cesó abruptamente todo contacto en relación con este artículo tras un intercambio inicial de correos electrónicos, y el productor Graham King también se negó a ser entrevistado. El año pasado, Branca declaró a The Financial Times que “percibió una vacilación” entre las primeras personas vinculadas a la película tras el estreno de Leaving Neverland. Continuó: “A menos que entiendas que Michael es inocente, no podemos tenerte”.

El patrimonio también ha vuelto a los tribunales en los últimos meses para responder a las impugnaciones de la hija de Jackson, Paris, quien se opone al pago de bonificaciones de hasta 1,75 millones de dólares a bufetes de abogados externos, al tiempo que exige una mayor transparencia por parte de los albaceas y cuestiona la decisión de involucrarse tan estrechamente en la película biográfica.

Paris fue tajante en sus críticas en una serie de publicaciones de Instagram el otoño pasado. Aseguró que sus comentarios sobre un primer borrador del guión habían sido ignorados y afirmó: “Lo de estas películas biográficas —es Hollywood. Es un mundo de fantasía. No es real—”. Frunció el rostro e imitó con el dedo el gesto de ajustar una perilla. “Se está controlando la narrativa, hay muchas inexactitudes y hay muchas mentiras descaradas, y al final del día, eso a mí no me funciona. No me gusta la deshonestidad. Hablé, no me escucharon y mandé todo al diablo”.

Pero incluso ella reconocía que la película difícilmente podría detenerse, dada la naturaleza de la fama de su padre. “Una gran razón por la que no había dicho nada hasta ahora es porque sé que a muchos de ustedes les va a gustar”, dijo en otra publicación. “La película complace a un sector muy específico del fandom de mi papá que sigue viviendo en la fantasía. Y, van a estar contentos”.

A Jackson le encantaba el cine. Realizó algunos de los videos musicales más innovadores de todos los tiempos, trabajando con directores de primera línea: Martin Scorsese, Spike Lee, John Landis, David Fincher, John Singleton. Sin embargo, de manera curiosa, después de interpretar al Espantapájaros en El mago en 1978, nunca volvió a asumir un papel importante en un largometraje. Salvo por coquetear en los años 80 con la idea de interpretar a Peter Pan para Steven Spielberg, no volvió a hablar públicamente de muchos otros proyectos cinematográficos hasta que su carrera musical empezó a enfriarse.

A finales de los 90, Jackson se interesó por hacer una película sobre los últimos días y la misteriosa muerte de Edgar Allan Poe. Nunca se puso en marcha, pero él y el guionista, Philip Levens, pasaron tiempo juntos en Neverland. Jackson quería interpretar a Poe, utilizando mucho maquillaje y prótesis. Sintió una conexión con el atormentado y dolorosamente sensible escritor, me dijo Levens. Hablaron de poemas como “Annabel Lee”, y Jackson se sinceró sobre cómo había sido un “mono actoral” para su padre. Una noche anunció que haría que su chef le preparara a Levens su cena favorita. Se sentaron en extremos opuestos de una mesa larga en “un comedor británico muy formal, sacado de una película de los años 30”, con camareros uniformados y bandejas de plata con campanas. El plato principal resultó ser macarrones con queso.

En otra ocasión, Jackson llevó a Levens a su estudio doméstico para ponerle algunos ritmos nuevos. Pronto empezó a cantar sobre la música y luego a bailar. Levens recuerda que Jackson desconfiaba de la gente de negocios a su alrededor —incluso su voz se volvía más grave cuando hablaba con los ejecutivos—, pero le dijo: “Puedo identificarme contigo, porque eres un artista”. Al verlo actuar a pocos metros, Levens pensó: no eres como yo. No eres como nadie.

No parecerse a nadie es un reto narrativo para una película biográfica: intentar humanizar a alguien que, como Jackson, ha alcanzado la cima de la fama mundial, siempre corre el riesgo de disminuir su estatus icónico, y en el caso de Jackson los riesgos son aún mayores dada la tensión insuperable entre sus dos personalidades enfrentadas. Roesler, gestor de propiedad intelectual, señaló que cuando muere un músico como Jackson, su capacidad de prestar “servicios personales” como salir de gira o grabar nueva música “se evapora”, aunque deja detrás “un vasto acervo de propiedad intelectual”. Para la mayoría de los artistas, esto es un saldo negativo —el juez Holmes, por ejemplo, predijo que con el tiempo “la tumba acabará por tragarse la fama de Jackson—”. Pero en su caso, su ausencia permanente podría ser la vía ideal para evitar la irrelevancia, dada su tendencia, en vida, a recordar constantemente aquello que generaba incomodidad en torno a él. La tumba podría tragarse la infamia de Jackson junto con su fama, dejando atrás el tipo de marca brillante e incorpórea que, si se cuida adecuadamente, podría generar ingresos tan fiables como una fórmula secreta de refresco o un ratón de dibujos animados registrado como marca durante muchos años.