Cd. de México.- Gianfranco Rosi ha dedicado más de tres décadas a retratar, como nadie, la vida real. Se siente orgulloso. El aclamado documentalista no tiene interés en las "películas normales", como le piden algunos.

"Jamás haré una película de ficción en el sentido de lo que la gente espera de ella", dice en un encuentro con medios.

Rosi, ganador del Oso de Oro de Berlín y el León de Oro en Venecia, es uno de los santos patronos contemporáneos del género. Su más reciente obra, la inmersiva Pompeya: Bajo las Nubes, es una muestra de su mirada y originalidad.

En un bellísimo blanco y negro "neorrealista", esboza la lucha por subsistir de Nápoles, ubicada a la orilla del caos. Por un lado, la ciudad mira al Vesubio, volcán que sepultó la urbe romana Pompeya. Por otro, a los Campos Flégreos, peligrosa caldera volcánica.

En ese sitio de constantes terremotos y vestigios arqueológicos, de cicatrices y gente resiliente, Rosi desentierra poesía. El filme, reconocido con el Premio Especial del Jurado en Venecia, llega a MUBI este viernes.

Como es usual en la filmografía del italiano, no hay ni voz en off ni entrevistas. Eso sí, por primera vez, Rosi cuenta con banda sonora: el artista experimental Daniel Blumberg (El Brutalista) interpretó una ciudad que pertenece a la realidad pero también al mito.

"Le dije: 'Más que música, quisiera tener un paisaje visual en el filme, que los instrumentos no se reconozcan'".

Rosi, de 62, prefiere no llamar lo que hace documental, sino, sencillamente, cine. Se congratula de que sus obras jamás hayan estado en el "gueto" de festivales especializados. En cambio, triunfan en los certámenes más prestigiosos.

"No me gusta diferenciar entre ficción y documental. Para mí lo que es importante es el cine, siempre intento hacer cine.

"Por supuesto, trabajo con la realidad. Yo no escribo nada, apenas unas pocas notas. No me gusta tener un guion. Para mí la belleza del documental es experimentar".

El realizador se jacta de trabajar con pasión y sin prisas. Manejando él mismo la cámara y haciéndose cargo del sonido, se desplaza a cualquier latitud, por días, meses, años... y excava en terrenos, en historias.

En Oriente Medio, retrató a los olvidados de la guerra del Estado Islámico (Notturno, 2020). En Ciudad Juárez, se entrevistó con un narco arrepentido (El Sicario, 2010). Y en la isla de Lampedusa, expuso la crisis migratoria (Fuocoammare, 2016).

"La gran maquinaria de la industria del cine me vomitaría. Prefiero tener tiempo para sumergirme en mis historias. Tampoco me gusta saber qué tipo de historia voy a contar, me gusta descubrirla con el tiempo, con la inmersión".

Lo que no se ve


Para Rosi es de suma importancia lo que no muestra su cámara en sus películas. Eso que el realizador decide no filmar, pero el espectador intuye, y complementa la experiencia.

"El cine es bueno cuando dejas afuera cosas, pero, de alguna manera, aún así se sienten parte de tu narración", opina.

Rosi es adepto a la cámara fija para establecer una narración con el cuadro. En Pompeya: Bajo las Nubes, el único movimiento es cuando se sube a grabar desde un tren y todo se vuelve un "tracking shot".

"No me gusta que mis filmes se sientan como respuestas, prefiero que revelen la complejidad de las historias, del mundo en que vivimos. Ése es el reto, dejar espacio a la interpretación".

Confiesa repudiar esos documentales que le dicen al público qué pensar. Están, afirma, estructurados ideológicamente y dividen entre "buenos y malos", sin profundidad alguna.

"En la mayoría de documentales que veo hay gente quejándose y explicando esas quejas. No es interesante. Eso mata el lenguaje del cine, el punto de vista autoral.

"Creo que el cine se vuelve político cuando le das a la audiencia la libertad de interpretar lo que hiciste, no cuando empujas posturas".

Aspira a perdurar


Rosi afirma que no hace películas para capturar instantes perecederos. Aspira, subraya, a que su obra sea longeva. A hablar de pasado, presente y futuro.

"Para mí es importante hacer filmes que perduren. Todos provienen de una realidad, pero esa realidad puede funcionar como un presentimiento, algo que crecerá con el tiempo".