A bordo de una trajinera recorriendo canales de Xochimilco, Arturo "Tuco" (bajo), Jesús "Chipo" (metales, teclados y voz) y Daniel "Ranas" (guitarra), de Víctimas del Doctor Cerebro, compartieron recuerdos de su familia, los Flores, y anécdotas vividas a lo largo de su carrera.


El trayecto, que incluyó la Isla de la Llorona y el Ajolotario, se volvió una especie de reunión familiar flotante con Áxel Ávila, guitarrista de Sekta Core, y algunos seguidores que atestiguaron una dinámica que las Víctimas conocen bien: uno cuenta una historia, otro lo interrumpe, otro corrige los detalles y alguien más termina convirtiendo el recuerdo en un chiste.


Aunque Ricardo "Abulón" (voz y guitarra) no pudo asistir por cuestión de tiempo, ya que vive en Cuernavaca, Morelos, su padre y sus hermanos lo citaron en la conversación, que saltó de Pedro Infante a Jorge Negrete, de las suegras a los fantasmas y de las primeras giras de la banda a una pelea de box en la que "Chipo" terminó sobre un ring por presión de sus propios hijos.


"Yo soy su patiño, porque se le olvida todo y le tengo que estar recordando", explicó "Tuco", en exclusiva, al centro de la trajinera para dar paso con naturalidad a las historias.


Una de las primeras fue la de aquella gira de los años 90 en que compartieron carretera con Héroes del Silencio, cuando los españoles todavía estaban conociendo México. Las Víctimas tenían la misión de acompañarlos durante la promoción.


"Nos mandaron a hacer el tour, a enseñarles a los pobres güeyes cómo era. Íbamos de madrugada por la carretera de Cumbres de Maltrata, en Veracruz, y había neblina espesa. El autobús sufrió la ponchadura de tres llantas, nos tuvimos que detener y al lado había un panteón.


"Bunbury y los Héroes del Silencio venían rece y rece. Nosotros bajamos a ver qué pasaba y a lo largo veíamos una luz roja, pensamos que era una bruja. Les dijimos 'es una bruja' y ellos seguían rezando", recordó "Chipo".


Mientras esperaban la ayuda para cambiar las llantas, la expedición creció y al avanzar la madrugada decidieron seguir la luz roja. "Chipo" fue el valiente que se animó a adentrarse en la neblina y en el camino lo mordieron unos perros.
La luz parecía acercarse entre la niebla, y al final, el supuesto fantasma resultó ser una camioneta, pero los mexicanos les hicieron creer a los Héroes que era una bruja.


"Era una puta camioneta que solo traía un faro, güey, por eso se veía rojo. Venía hecho la chingada aventando piedras y 'Chipo' venía todo mordido por los perros", afirmó "Tuco", entre risas.


"Aunque no era una bruja, los Héroes se fueron pensando que nos encontramos a la bruja en el camino y siguieron rezando", remató "Ranas".
Si algo distingue las historias de las Víctimas es que casi siempre terminan regresando a la familia y sus orígenes.


Los integrantes recuerdan haber comenzado desde niños, acompañándose en giras y aprendiendo a sobrevivir con lo que había. Tocaban en parques y llevaban los instrumentos a cuestas, y de aquellos viajes en un pueblo de Hidalgo, la tocada terminó en una pelea de box.


"Éramos como unos gitanos. Un día obtuvimos nuestro primer contrato y llegamos a la discoteca a hacer la prueba de sonido a las ocho de la mañana, pero no había nadie. Hicimos tiempo en el pueblo. Nos gruñían las tripas del hambre y queríamos comer", recordó "Tuco".


"Le decíamos 'papá, tengo hambre', y él nos decía que esperáramos porque necesitábamos chambear primero para tener dinero", agregó "Ranas".


Después de instalar sus instrumentos en el kiosco, llegó un grupo de personas a quitarlos para montar un ring para la fiesta del pueblo.

El campeón local, Chipitín, se enfrentaría a quien se atreviera a subir al ring. La recompensa por retarlo comenzó en 500 pesos y fue aumentando hasta llegar a mil 500.

"Con esos 500 pesos yo vi como 6 mil tacos. Sonó la campana, 'ring', y todos empezaron a gritar el nombre de 'Chipo, Chipo'", comentó "Tuco".

"Fue por culpa de mis hijos. Empezaron a preguntar si había algún valiente que se animara a subir al ring. No sé boxear, pero mis hijos empezaron a decir 'Chipo', alguien escuchó y como la plaza estaba llena, la gente me agarró, me subieron entre la multitud hasta llegar al ring. No había escapatoria", compartió "Chipo".

Al otro lado estaba un peleador altísimo, Chipitín, de casi dos metros, y contrastaba con "Chipo", quien al chocar los puños empezó a hacer muecas de dolor.

El músico empezó a esquivarlo y corría por todos lados en el ring, y en cuanto se descuidó, lo noqueó, ganándose el respeto del pueblo y los mil 500 pesos para comer.

Durante la visita al Ajolotario, la familia Flores jugó futbolito. Bromearon al decir que "Chipo" parecía un ajolote negro, por su vestimenta con plumas.
Cualquier recorrido con las Víctimas puede terminar convirtiéndose en una historia con carcajadas rumbo al Xochiska, festival organizado por Édgar Galindo Domínguez que celebra hoy su tercera edición, en el Deportivo Xochimilco.

"El recibimiento de la gente del sur es grande. Les hacía falta un festival, a nosotros también. La idea es hacer un evento bien chingón con un montón de bandas que a la gente le gusten.

"Escuchamos a nuestro público, desde el año pasado nos pedían a Los Calzones y también 8 Kalacas; obvio, a las Víctimas del Doctor Cerebro", dijo el promotor.

El festival incluye la celebración por 40 años de trayectoria de Dr. Wagner en la lucha libre. Esperan recibir a unas 8 mil personas. Habrá comida, bebidas, artesanos, mercancía, zonas de hidratación y actividades paralelas.

También se mantendrá la participación de artesanos convocados con apoyo de la Alcaldía, y el programa de Farmacias Vivientes, que permitió reunir alrededor de 600 plantas para su reproducción y posterior distribución comunitaria.