Junto con su hermano Jorge Lupercio y la modelo Sally Rangel, Óscar fue uno de los fundadores de Maniquí, la agencia-escuela que se convirtió en una institución fundamental para el desarrollo del modelaje profesional en Guadalajara.
La aventura comenzó en los años 80, aunque las fuentes sitúan su fundación entre 1986 y 1987, cuando la ciudad todavía no contaba con una estructura profesional comparable para formar modelos y articular a los distintos oficios relacionados con la moda.
Maniquí fue mucho más que una agencia. Se convirtió en una escuela de profesionalización para modelos, fotógrafos, maquillistas, peinadores, diseñadores y vestuaristas, contribuyendo a que Guadalajara adquiriera una identidad propia dentro de la moda mexicana.
A lo largo de su historia, la institución ha formado a más de 35 mil estudiantes, una cifra que da cuenta de la dimensión de su legado.
Óscar conoció el mundo de la moda desde las pasarelas como modelo. Después de una estancia de alrededor de dos años en Nueva York junto con sus hermanos, regresó a Guadalajara para emprender una etapa que sería definitiva en su carrera.
Con el tiempo quedó al frente de Maniquí y desde ahí continuó formando generaciones de modelos y participando en desfiles, producciones y certámenes.
Pero su trabajo no se limitó al modelaje. Óscar también fue reconocido como preparador de reinas de belleza, un oficio en el que enseñaba lo que consideraba fundamental: presencia, actitud, seguridad y naturalidad frente al público.
Desde 2011 participó como asesor en certámenes de belleza, donde preparaba a las aspirantes para la pasarela, el escenario y las distintas etapas de una competencia.
Su experiencia alcanzó también el mundo de las tradiciones mexicanas. Participó en la preparación y producción de concursos vinculados con la cultura del mariachi y las charras, entre ellos Señorita Mariachi, de la Cámara de Comercio de Guadalajara, una de las actividades que realizó durante sus últimos años.
Su nombre quedó ligado así a dos universos que podrían parecer distantes, pero que él supo unir: la moda contemporánea y las expresiones tradicionales de la identidad mexicana.
La importancia de Óscar Lupercio también puede medirse por la permanencia de Maniquí, reconocida como la primera escuela-agencia de modelaje de Guadalajara y como una de las instituciones que contribuyeron a profesionalizar el ecosistema de la moda en Occidente, México y el extranjero.
En 2016, Óscar, Jorge y Sally Rangel fueron reconocidos por su trayectoria y por haber dado una nueva dimensión al modelaje tapatío.
Años después, la historia de Maniquí fue recuperada en el libro "Relatos de un Maniquí", que documentó la evolución de la moda de Guadalajara y el papel que los hermanos Lupercio tuvieron en ella.
Con Óscar Lupercio se va uno de los personajes que ayudaron a darle rostro a la moda de Guadalajara y de México. Quedan sus enseñanzas, sus alumnos, las reinas que preparó y las pasarelas que recorrió, pero sobre todo una huella que forma parte ya de la historia de la moda mexicana.
Descanse en paz, Óscar Lupercio.