Balleza.- En lo alto de la sierra, donde los caminos son largos y el alimento escaso, un olor a comida recién hecha comenzó a cambiar el ánimo de toda una comunidad. No fue un día cualquiera: por primera vez, el comedor móvil de NutriChihuahua logró llegar hasta El Vergel y Laguna Juanota, llevando algo más que comida a más de 250 personas… llevando un respiro.
Ahí, donde muchas familias viven al día y donde hay niños que asisten a la escuela sin haber probado bocado, ver salir vapor de los guisos preparados en el momento fue, para muchos, un acto casi extraordinario. Madres, padres y pequeños hicieron fila no solo por un plato caliente, sino por un momento de alivio en medio de la necesidad.
Detrás de esa escena hay una historia que no se ve a simple vista: la de la maestra Eva Quezada Rodríguez. Desde su aula, ella conoce de cerca el rostro del hambre. Sabe quién llega sin desayunar, quién baja la mirada porque el estómago duele más que la pena. Por eso decidió actuar.
Tomó el teléfono y pidió ayuda. Tocó puertas hasta lograr que la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común del Gobierno del Estado escuchara su llamado. No fue solo una gestión: fue un acto de preocupación genuina por sus alumnos.
“Esto nunca lo había visto… ver cómo preparan la comida aquí mismo, y cómo la gente es atendida en el camión, es algo que de verdad emociona”, dijo con una sonrisa que reflejaba alivio más que sorpresa. Para ella, no era solo comida: era dignidad servida en un plato.
La respuesta de la comunidad no tardó. Entre quienes acudieron estuvo Karina Soto Rico, acompañada de su hijo Ever Alexander. Como muchas madres, llegó con la incertidumbre de si alcanzaría, y se fue con algo más que alimento: la tranquilidad de ver a su hijo comer bien.
Desde el Gobierno del Estado, el secretario de Desarrollo Humano y Bien Común, Rafael Loera, explicó que El Vergel fue una prioridad por los altos niveles de carencia alimentaria. Señaló que este tipo de acciones buscan atender de manera directa a las zonas más olvidadas, donde la distancia y la pobreza suelen ir de la mano.
El comedor móvil, que antes operaba solo en la capital, ya ha servido más de 4 mil 300 platillos, con la meta de llegar a un millón en todo el estado. Sin embargo, en lugares como estos, las cifras pasan a segundo plano.
Porque aquí, lo que realmente importa es lo que ocurrió ese día: niños comiendo con gusto, familias compartiendo, y una comunidad que, por un momento, dejó de pensar en la escasez.
“Dicen que el amor entra por el estómago… y yo creo que esta vez sí lo lograron”, expresó la maestra Eva, mientras observaba a la gente retirarse satisfecha.
En medio de la sierra, donde la ayuda tarda en llegar, esta historia recuerda algo simple pero poderoso: a veces, basta una voz que se atreva a pedir apoyo para que todo empiece a cambiar.