Con un ritual para purificar el alma, la imposición de la ceniza y la reflexión sobre lo que Onoruame espera en estos 40 días de liturgia, la comunidad rarámuri comenzó con las celebraciones de la Cuaresma en la colonia Tarahumara de Ciudad Juárez.
“Onoruame es el Creador… y este día lo que él espera son buenas noticias, que no tengamos que estar dando mensajes negativos, sino todo positivo, y como comunidad podemos lograr ser mensajeros de buenas noticias”, compartió Rosalinda Guadalajara Reyes, una de las líderes de la comunidad nativa de la Sierra de Chihuahua.
Como cada año, tras esconderse el sol, el capellán jesuita Chartur, encabezó el inicio de la Cuaresma en la iglesia de Nuestra Señora del Pinole durante el Miércoles de Ceniza, sin dejar a un lado las tradiciones que mantienen los rarámuri en esta frontera.
“Hoy miércoles empezamos con la ceniza, con la celebración de una pequeña reflexión, con la comida; pero eso sí, sin perder nuestra manera de hacer la celebración. Nosotros tenemos lo que es la purificación del alma, de cada una de las personas, y empezamos con el incienso a purificar a cada una de las personas que asistieron, y luego ya de ahí pues ya empezamos con la ceniza y la reflexión, recordar que en 40 días empieza lo que es el mero día de la conmemoración para nosotros, con la danza, y esta es una manera de irnos preparando”, explicó Rosalinda.
El toque de las campanas de la iglesia que ellos mismos construyeron hace más de dos décadas en el centro de la colonia ubicada a las faldas de la sierra de Juárez, anunció la noche del miércoles el llamado a la celebración religiosa y ancestral. Minutos después, un hombre vestido con una “koyera” colocada alrededor de su frente, un camisón de manta, un paliacate atado a su cuello y huaraches, fue el primero en llegar, lejos de las barrancas que lo vieron nacer, pero fiel a sus tradiciones.
Después, le siguieron al menos una decena de niñas y niños, y luego pequeños grupos conformados principalmente por mujeres vestidas con los tradicionales trajes rarámuri o al menos las largas y amplias faldas y los paliacates de colores cubriendo su cabeza.
Este tiempo de Cuaresma es una oportunidad para “mejorar” y reflexionar “dónde fallé” a Onoruame, “para que reconozcas que puedes ser mejor y crean en la buena noticia… descubrir quién es Jesús de Nazaret es una noticia formidable”, compartió el jesuita con los asistentes.
Después, la ceremonia continuó con la quema del incienso y el ritual de purificación realizado por dos hombres de la comunidad a cada una de las personas asistentes, con quienes Rosalinda reflexionó sobre el inicio de la Cuaresma en su propia lengua.
Finalmente, alrededor de una manta blanca, con bordados de la Virgen de Guadalupe, una cruz de madera e incienso, se llevó a cabo la imposición de la ceniza y la comunión con la hostia.
Las tradiciones ancestrales, “es algo que queremos seguir conservando, aunque estemos lejos, sin perder, porque hay jóvenes, niñas que ya nacieron aquí en la ciudad, y es parte de inculcar las creencias de nosotros, lo que tenemos. Y, por eso, ahora están mucho las niñas y niños participando, mujeres y adolescentes”, destacó la líder de la colonia en donde actualmente habitan aproximadamente 125 familias.
Relató también que en Semana Santa, las danzas, al ritmo del tambor, son su ritual más importante, ya que durante horas niños, niñas, adolescentes, hombres y mujeres pegan al suelo con sus huaraches de llanta para agradar a Onoruame y debilitar con cada pisada “al de abajo”.
Días antes de Semana Santa se les explica a los niños, niñas y adolescentes el significado de la danza, de las manchas blancas que hacen en su cuerpo y la importancia de agradecer a Onoruame por la vida, con el objetivo de que las nuevas generaciones mantengan vivas sus tradiciones.
El Viernes Santo, el capellán jesuita les explica también el significado del Viacrucis y reflexiona con ellos sobre las acciones de los gobernantes, los chabochis (mestizos) y los propios rarámuri contra el pueblo originario de la sierra Tarahumara.
La comunidad se dividió en dos grupos: los fariseos que se pintan de blanco como símbolo de la tierra en su cuerpo y visten con sus trajes tradicionales y los soldados que utilizaron ropa de civil. Después, ambos danzaron bajo los arcos de hierbas que colocaron alrededor del templo de Nuestra Señora del Pinole, como símbolo de la entrada al cielo, mientras cargan la cruz de “Jesús rarámuri”, en honor a Onoruame, su Dios padre y su Dios madre.
Las mujeres de la colonia también preparan distintos alimentos para compartir con los danzantes y con el resto de la comunidad rarámuri, como ocurre en sus celebraciones más importantes.