El estado de Chihuahua sufre un fenómeno de insurgencia criminal que, entre otros elementos –como el involucramiento con sectores económicos y políticos–, cuenta con narrativas que lo favorecen, como la denominada “narcocultura”.
Así lo planteó en entrevista Douglas Lima Pithon, policía de Investigación y de Operaciones Especiales en el estado brasileño de Bahía y quien impartió en Chihuahua entrenamiento a elementos de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE).
“Aquí hay un avance sistemático de la criminalidad para dominio de territorios. Y esa criminalidad organizada nosotros la conocemos como insurgencia criminal, que cuenta con el involucramiento en varios ramos de la sociedad: la economía, la política, las instituciones públicas, y el apoyo de la parte de la comunicación de masas, la televisión, el radio, que crean narrativas antagónicas que favorecen la criminalidad”, explicó el también exmilitar.
“Necesitamos entender al criminal como criminal: si comete un crimen, necesita pagar por el crimen, y muchas veces se crean historias para proteger a los criminales, porque quieren tal vez colocarse ellos como víctimas del Estado, que no lo son”, agregó.
Lima explicó que estas narrativas se expanden a través de la denominada “narcocultura”, a la cual le atribuyó una presencia “muy fuerte” en México desde la década de los años 80 y que, además, va en aumento.
“Y esas narrativas llevan a que la sociedad tenga una imagen buena del criminal (…) Hoy, con las redes de información, un cantante tiene tres millones de seguidores. La música que favorece al crimen llega a las casas y los niños crecen oyendo esa música y creen, en su inmadurez, que lo que escuchan es bueno y que los criminales son héroes y ellos quieren ser iguales”, explicó.
El perfil de Lima proporcionado por la SSPE indica que, entre otros cargos, fue teniente en el Ejército de Brasil y policía militar, además de comandar operaciones de “choque” y con uso de explosivos.
Entre febrero y el pasado 3 de marzo, agregó la corporación, encabezó un curso intensivo de “francotirador” para un grupo de agentes, el cual contó con apoyo de la Oficina de Asuntos Antinarcóticos y Aplicación de la Ley (INL) del Departamento de Estado norteamericano.
“El programa incluyó formación teórica en balística, análisis de entorno, cálculo de variables y toma de decisiones bajo presión, así como prácticas intensivas en campo enfocadas en precisión, control y trabajo en equipo”, indicó la SSPE.