Donald Trump llegó al poder hace 10 años mientras mantenía enfrentamientos públicos con el papa Francisco, quien solía acaparar titulares por el catolicismo progresista que promovía, con el que impulsó a la Iglesia Católica Romana a centrarse en el cambio climático y en los derechos de los migrantes. El papa sugirió que Trump “no era cristiano”; Trump replicó que Francisco era “una vergüenza”.
Trump aprovechó el creciente descontento entre los cristianos conservadores y ganó la Casa Blanca. La brecha entre el Vaticano y los católicos estadounidenses conservadores no hizo sino ahondarse aún más, ya que muchos veían en Trump a un defensor.
El papa León XIV, quien fue elegido hace menos de un año, no es Francisco. Para Trump, que ahora se encuentra en su segundo mandato, representa un nuevo escollo en el Vaticano, con una posición notablemente diferente entre los católicos. Como primer estadounidense en el trono de San Pedro, domina la política y la cultura estadounidenses, y su liderazgo cuenta con el apoyo de amplios sectores de la Iglesia estadounidense.
Esta nueva dinámica se puso de manifiesto en un agudo intercambio que tuvo lugar el domingo por la noche y el lunes, cuando Trump desató una diatriba en las redes sociales contra León, quien entonces se mantuvo firme.
“No estoy seguro de que, en última instancia, vaya a ser una lucha positiva para el presidente”, dijo Matt Salisbury, cuya empresa proporciona comunicaciones estratégicas a muchos clientes católicos conservadores.
Añadió que muchos de sus amigos católicos de la zona de Washington que, como él, votaron por Trump, incluidos algunos que trabajan en el gobierno, se mostraron “críticos de manera unánime” con el arrebato del presidente.
A diferencia de su predecesor, León cuenta con el creciente apoyo de los católicos conservadores en las iglesias de todo Estados Unidos. A medida que se acerca el aniversario de su elección, el próximo mes, ha reconstruido de forma tan significativa la relación del Vaticano con la derecha católica estadounidense que muchos en el propio bando de Trump se apresuraron a salir en defensa del papa el lunes.
Entrevistas con conservadores que asistían a misa en parroquias católicas de todo el país revelaron un descontento significativo con el presidente por sus duras críticas al papa, una dinámica difícil de imaginar no hace mucho tiempo.
A la salida de la misa de mediodía en la Basílica del Santuario Nacional de Nuestra Señora de San Juan del Valle, en San Juan, Texas, no lejos de la frontera con México, Rudy Gutiérrez, de 68 años, dijo que había votado por Trump en cada una de las tres últimas elecciones presidenciales. Pero el ataque al papa por pronunciarse en contra de la guerra en Irán en medio de la amenaza de una escalada de violencia fue demasiado lejos, dijo.
“Como católico, me ofende, y soy republicano”, dijo Gutiérrez.
Al principio, muchos católicos conservadores desconfiaron de la elección de León, por el temor de que pudiera ser un protegido de Francisco. Pero pronto dejó claro que estaba guiando a la Iglesia a una senda más tradicional. Ha elegido vivir en las dependencias papales del Palacio Apostólico y renovar una antigua práctica del papa Juan Pablo II al llevar la cruz por el Coliseo el Viernes Santo. Se ha enfocado en temas como la inteligencia artificial, una cuestión en gran medida no partidista en la Iglesia, y no se ha enemistado con los conservadores por la misa en latín.
Cuando el papa Francisco recorrió Estados Unidos en 2015, era la primera vez que visitaba el país. El papa León, nacido con el nombre de Robert Prevost, en Chicago, fue elegido el pasado mayo tras pasar la mayor parte de su carrera en el extranjero, en Sudamérica y después en Roma.
“De dónde eres importa”, dijo Kathleen Sprows Cummings, profesora de historia especializada en catolicismo en la Universidad de Notre Dame. “Tiene amigos, tiene hermanos en Estados Unidos. Entiende la política estadounidense. Conoce a republicanos y demócratas”.
“Eso no quiere decir que haya sido elegido por eso, ni que se plantee esto como estadounidense”, dijo. “Pero lo entiende y habría prestado atención a Donald Trump de un modo en que el papa Francisco no lo habría hecho”.
El estilo modesto y tranquilo de León también determina su enfoque de la gestión de la volátil política estadounidense. A muchos católicos conservadores no les agradaba la abierta defensa de los pobres y los migrantes por parte de Francisco, ya que consideraban que se producía a expensas de otras prioridades. Aunque León también habla en favor de los pobres y los migrantes, es menos dramático en sus discursos.
“Es una persona muy disciplinada y reservada, y eso hace que sus críticas sean mucho más difíciles de rechazar”, dijo David Gibson, director del Centro de Religión y Cultura de la Universidad de Fordham. “Esto no es: ‘Ahí va otra vez el papa Francisco’. No puedes decir eso de León. Se trata de una persona que piensa, que delibera y que dice lo que quiere decir”.
León está demostrando que la doctrina católica no encaja perfectamente en las cajas políticas estadounidenses, dijo Ashley McGuire, miembro de la Asociación Católica, una pequeña organización sin fines de lucro que promueve causas conservadoras.
“Esto sigue irritando al presidente, quien lo trata como a un adversario político”, dijo. “Sin embargo, el hecho de que sea estadounidense y continúe desafiando las agendas políticas estadounidenses demuestra aún más que el papado es un cargo espiritual, no político”.
León tiene un índice de aceptación del 84 por ciento entre los católicos estadounidenses, con un apoyo abrumadoramente alto independientemente del partido político, según una encuesta del Centro de Investigaciones Pew del año pasado. El índice de aceptación de Francisco fue igual de alto el primer año de su papado, pero en el momento de su muerte había descendido al 78 por ciento.
En la misa celebrada el lunes en la iglesia católica de San Lorenzo de Cincinnati, Ohio, Fernanda Moreira dijo que había votado por el presidente Trump en 2016 y de nuevo en 2024, pero que ahora estaba muy preocupada.
“Da miedo”, dijo Moreira. “Lo apoyaba mucho, pero creo que va por mal camino. Es triste porque ha hecho muchas cosas buenas”.
Theresa Thien dijo que votó por Trump en 2016 porque estaba harta de los políticos de carrera, pero tras sus primeros cuatro años perdió su apoyo. Ahora Thien cree que el presidente está en una “espiral descendente”.
“¿Qué clase de líder predica a Cristo y el comportamiento cristiano y amenaza con aniquilar a una población?”, preguntó Thien, católica de toda la vida, en referencia a los recientes comentarios de Trump sobre Irán. “Cuando la gente dice ‘Es el mejor’ o ‘Ha sido elegido por Dios’, no sé, me molesta. Amenazó al papa”.
Al menos un católico conservador —quizá el más destacado— no pareció oponerse al exabrupto del presidente.
León debería “ceñirse a los asuntos de, ya saben, lo que ocurre en la Iglesia católica”, dijo el lunes por la noche en Fox News el vicepresidente JD Vance, quien se convirtió al catolicismo en 2019.