Un virus transmitido por mosquitos que puede dejar debilitadas durante años a las personas infectadas se está extendiendo a más regiones del mundo, a medida que el cambio climático crea nuevos hábitats para los insectos que lo portan.

En lo que va de año se han notificado más de 240.000 casos del virus del chikunguña en todo el mundo, incluidos 200.000 casos en América Latina y 8000 en China, los primeros casos notificados allí. Las autoridades chinas han lanzado un esfuerzo urgente para intentar sofocar el virus con medidas de salud pública que evocan la respuesta a la COVID-19.

El chikunguña no circula en Estados Unidos ni en Canadá, pero se han notificado casos en Francia e Italia. La enfermedad es endémica en México.

La Organización Mundial de la Salud advierte de que los patrones de transmisión actuales se parecen a un brote mundial que infectó a 500.000 personas hace 20 años, lo que contribuye a un aumento de nuevas discapacidades.

Aunque rara vez es mortal, el chikunguña causa un dolor articular y una debilidad insoportables y prolongados.

“Hay personas que estaban trabajando, sin discapacidades, y de un día para otro, ni siquiera pueden teclear en un teléfono, no pueden sostener un bolígrafo, una mujer ni siquiera puede sostener un cuchillo para poder cocinar para su familia”, dijo Diana Rojas Alvarez, que dirige el trabajo sobre el chikunguña en la OMS. “Realmente repercute en la calidad de vida y también en la economía del país”.

¿Qué es el chikunguña y hasta qué punto es peligroso?

El chikunguña es un virus de la misma familia que el zika y el dengue. Dos especies diferentes de mosquitos, Aedes aegypti y Aedes albopictus, transmiten el chikunguña. Entre cuatro y ocho días después de la picadura, la persona puede desarrollar síntomas como fiebre, dolor articular y erupción cutánea.

A diferencia de las infecciones por dengue y zika, la mayoría de las cuales son asintomáticas, el chikunguña enferma a la mayoría de las personas que infecta. En raras ocasiones, el chikunguña puede matar a niños y ancianos.

“Los niveles de letalidad son bajos, pero realmente nos preocupa el chikunguña porque deja a la gente con meses o potencialmente años de dolor debilitante”, dijo Scott Weaver, experto y director científico del Laboratorio Nacional de Galveston, en Texas.

Y añadió: “Eso no solo tiene un costo individual, sino también social, con la presión sobre los sistemas de asistencia sanitaria, el impacto económico, la exigencia a los cuidadores, un montón de cosas”.

El chikunguña se diagnostica a menudo erróneamente como dengue, que causa los mismos síntomas al principio.

Los síntomas del dengue suelen desaparecer en una o dos semanas; los del chikunguña se vuelven crónicos hasta en un 40 por ciento de las personas infectadas, con dolores articulares debilitantes que duran meses o años.

Entre 2005 y 2007, más de dos tercios de todas las discapacidades —incluidas las causadas por cáncer, artritis y diabetes— registradas en India fueron consecuencia de un brote de chikunguña que arrasaba el país.

¿Quién corre riesgo?

A finales de 2024, se había notificado la transmisión del virus en 199 países, en todos los continentes excepto en la Antártida.

La OMS calcula que 5600 millones de personas viven en zonas donde pueden habitar los mosquitos que transmiten el virus. Estos mosquitos pican durante el día, alimentándose de quien está en el trabajo, en la escuela o en el autobús.

El cambio climático está impulsando la propagación de los mosquitos portadores del chikunguña de dos maneras. Un mundo más cálido y húmedo proporciona un hábitat más adecuado. Y los fenómenos meteorológicos extremos pueden provocar más crías en las inundaciones, o desplazar a las personas, que se agrupan en zonas con un suministro deficiente de agua y saneamiento.

El mosquito Aedes albopictus ha ampliado notablemente su presencia en Europa en los últimos años: se ha encontrado este insecto en Ámsterdam y Ginebra. En América del Sur, el Aedes aegypti es portador del virus y prospera en barrios de bajos ingresos de ciudades de rápido crecimiento con sistemas de abastecimiento de agua irregulares.

“En Estados Unidos no creo que vayamos a ver brotes masivos de chikunguña” porque la gente de las zonas cálidas utiliza aire acondicionado y pasa mucho tiempo en interiores, dijo Weaver. “Pero en lugares como China y el Cono Sur de Sudamérica, el calentamiento de las temperaturas va a tener un gran impacto porque la gente no se queda dentro con aire acondicionado en sus casas o en sus lugares de trabajo. Ni siquiera les gusta poner mosquiteros en las ventanas en muchas partes de Asia y Sudamérica”.

La gente parece volverse inmune al chikunguña después de una infección, por lo que, si arrasa una zona, pueden pasar un par de décadas antes de que haya suficientes personas inmunológicamente vulnerables para mantener otro brote. Pero en lugares como India y Brasil, las poblaciones son tan numerosas que el virus circula constantemente.

Muchos países de África que no tenían chikunguña circulante, como Chad y Mali, han notificado casos en los últimos años.

¿Existe una vacuna?

Existen dos vacunas contra el chikunguña, pero se fabrican en cantidades limitadas para su uso principalmente por viajeros de países industrializados. La vacuna más reciente, fabricada por Bavarian Nordic, se vende a unos 270 dólares por inyección en Estados Unidos, un precio muy fuera del alcance de un país como Paraguay, que ha tenido enormes brotes de chikunguña e idealmente vacunaría a gran parte de la población. El Instituto Butantan de Brasil está trabajando en la fabricación de una versión de menor costo de otra vacuna.

Ninguna de las dos vacunas cuenta actualmente con el tipo de recomendación de la OMS que podría conducir al desarrollo acelerado de un producto asequible. Hacer un ensayo clínico del tipo que exige la agencia es difícil: los brotes de chikunguña se producen tan rápidamente que terminan antes de que pueda comenzar la investigación. Rojas dijo que el comité de vacunas de la OMS estaba revisando los datos de los brotes de chikunguña para considerar las opciones de una posible recomendación.

¿Qué más se puede hacer?

La mejor protección contra el chikunguña es no dejarse picar.

El siguiente paso es reducir los criaderos de mosquitos. En China, los funcionarios de salud pública van casa por casa en busca de agua estancada.

La vigilancia del chikunguña sigue siendo escasa. Rojas dijo que la OMS estaba tratando de desentrañar qué parte del aumento actual correspondía a nuevos casos y qué parte a una transmisión que ya se estaba produciendo pero de la que no se hacía un seguimiento ni se informaba adecuadamente. Existe una prueba de diagnóstico molecular que detecta el Zika, el dengue y el chikunguña al mismo tiempo, pero es necesario que más países la adopten.

La vigilancia de las enfermedades a escala mundial se ha visto debilitada por los bruscos recortes de la financiación del gobierno estadounidense, que apoyaba gran parte de este trabajo en los países de renta baja.

¿Se trata de un nuevo virus?

No. El chikunguña se identificó por primera vez en Tanzania en la década de 1950, y causó brotes esporádicos en África y Asia en las décadas siguientes.

Pero el virus no atrajo mucho la atención de los especialistas en salud pública hasta 2004. Ese año, un brote en Kenia se propagó a la Isla de la Reunión, territorio francés en el océano Índico. Allí, el chikunguña hizo estragos entre la población: un tercio de los habitantes estaban infectados.

Esa misma cepa del virus se abrió camino hacia Asia del Sur, y causó enormes brotes en India de 2005 a 2007. Y desde allí los viajeros llevaron el chikunguña por todo el mundo.

A finales de 2013, el virus había llegado al Caribe y, una vez más, empezó a arrasar una población que carecía de inmunidad. A finales de 2015 se habían registrado 1,8 millones de infecciones en la región. A continuación, el chikunguña se abrió camino por Sudamérica —y al mismo tiempo se introdujo en Brasil una nueva cepa procedente de Angola— y ambas han estado circulando desde entonces. Los casos de chikunguña en Sudamérica han aumentado de forma constante desde 2023, junto con un incremento de los casos de dengue.