A principios de esta semana, dos funcionarios de alto rango del Vaticano realizaron una visita secreta al papa Francisco en el hospital. Al principio, el Vaticano dijo que no tenía información sobre la reunión, pero luego la confirmó, explicando que los dos prelados habían acudido para asegurar la firma del papa para avanzar en la reunión de cardenales para aprobar nuevos santos.

Los veteranos de décadas de intrigas vaticanas no se lo creyeron.

“Muy, muy extraño”, dijo Andreas Englisch, periodista y escritor alemán que ha cubierto el Vaticano durante casi 40 años, y quien dijo que la reunión hizo saltar inmediatamente las alarmas porque ninguno de los dos funcionarios trabajaba en asuntos de canonización. Aún más extraño, dijo, fue que el predecesor de Francisco, el papa Benedicto XVI, anunciara su dimisión en la misma reunión de cardenales, llamada consistorio, que también discutía la canonización de santos hace una decena de años.

“Son los tipos equivocados haciendo la cosa equivocada”, dijo. “Era evidente que algo no era lo que parecía”.

La visita, un sugerente recuerdo de la reunión de la dimisión de Benedicto y lo que algunos observadores de la Iglesia consideran una torpe tapadera sobre lo que Francisco y sus asistentes discutieron en realidad, solo ha alimentado las especulaciones de que Francisco, que lleva casi dos semanas fuera de la escena pública en medio de escuetos informes médicos sobre su crisis de salud, podría estar pensando en su renuncia.

Imanes con sitios de Roma y con fotos de los papas Francisco y Juan Pablo II en el escaparate de una tienda cercana al Vaticano, el martes.
Imanes con sitios de Roma y con fotos de los papas Francisco y Juan Pablo II en el escaparate de una tienda cercana al Vaticano, el martes.

Sus partidarios no le dan importancia. Lo importante, dicen, es enfocarse en la salud del papa, que, según dijo el Vaticano el miércoles por la noche, ha mostrado “una ligera mejoría en las últimas 24 horas”. Los análisis de sangre de Francisco confirmaron una mejoría y que una leve insuficiencia renal había remitido. Una tomografía computarizada del tórax del papa realizada el martes para monitorear su neumonía en ambos pulmones mostró una progresión normal de la inflamación pulmonar.

“A pesar de la ligera mejoría, su pronóstico sigue siendo reservado”, dijo el Vaticano.

La posibilidad de una renuncia no es una opción que muchos hubieran siquiera considerado antes de 2013, cuando Benedicto se convirtió en el primer pontífice en retirarse en casi 600 años, lo que cambió la percepción del papado de una misión vitalicia a una vocación más terrenal, sujeta a presiones políticas y a evaluaciones sanitarias cuando la medicina moderna puede mantener con vida a los pacientes mucho más tiempo. Si Francisco también dimitiera, contribuiría a normalizar lo que Dante llamó en su día “el gran rechazo”, y dividiría a la Iglesia en épocas pre-Benedicto y post-Benedicto.

Si hay fuego tras la aparente cortina de humo de la reunión de esta semana, o si Francisco está siquiera pensando en dimitir, es algo que quizá solo sepan algunos de sus aliados más cercanos, y probablemente ni siquiera ellos. Una vez más, a los observadores de la Iglesia les queda estudiar las sombras de los muros vaticanos y la biografía de Francisco en busca de pistas sobre lo que este podría hacer.

Jóvenes peregrinos caminan por la Via della Conciliazione hacia la Basílica de San Pedro el miércoles.
Jóvenes peregrinos caminan por la Via della Conciliazione hacia la Basílica de San Pedro el miércoles.

“Conociéndolo, él no querría que una enfermedad degenerativa severa fuera una distracción del papado y se convirtiera en el centro de todo”, dijo Austen Ivereigh, biógrafo del papa, quien recalcó que no tenía ni idea de los planes de Francisco. “Para Francisco lo absolutamente esencial es que él tenga libertad”.

Con ese fin, la planificación de una próxima reunión con los cardenales de Roma sobre las canonizaciones, aunque notablemente sin fecha, mantiene una opción abierta para Francisco, dicen los observadores de la Iglesia, en caso de que decida que su pronóstico en el futuro no le permita cumplir sus obligaciones como él considera oportuno. Superar esta crisis de salud y salir de la fase de luchar por su vida podría permitir al papa centrarse más en lo que considera mejor para la Iglesia.

En el pasado, los observadores del Vaticano han visto planes de retiro en un movimiento inesperado para nombrar nuevos cardenales, o en una visita, como la que hizo Benedicto antes que él, a una ciudad italiana relacionada con un papa medieval que renunció. La semana pasada, un periódico italiano informó de lo que denominó una “‘operación Biden’” para “convencer al papa de que renuncie ‘por el bien de la Iglesia’”.

Muchos observadores de la Iglesia que llevan años analizando a Francisco dudan de que vaya a renunciar, sobre todo desde el hospital, pues eso generaría todo tipo de conspiraciones —en un mundo chismoso muy propenso a las conspiraciones— sobre si fue forzado. Englisch, por ejemplo, no suscribía necesariamente la idea de que Francisco renunciaría del mismo modo que Benedicto, en un consistorio de cardenales sobre nuevos santos.

Los guardias suizos se saludan en una entrada del Vaticano, junto a la Plaza de San Pedro, el miércoles.
Los guardias suizos se saludan en una entrada del Vaticano, junto a la Plaza de San Pedro, el miércoles.

“Es demasiado perfecto para ser verdad”, dijo. Lo que le parecía más probable era que, incluso desde la cama del hospital, Francisco siguiera utilizando la imprevisibilidad como estilo de gobierno para mantener en desequilibrio a una burocracia vaticana en la que no confía. “Quiere enviar una señal”, dijo Englisch.

Lo que significaba esa señal era una pregunta abierta.

“¿Convocó el papa un consistorio para reanudar el trabajo o para dimitir?”, rezaba un titular del sitio web de noticias católicas Aleteia.

Sea cual sea la respuesta, los clérigos que quieren que Francisco se quede o se vaya han estado enviando sus propias señales desde que el papa ingresó en el hospital hace 12 días.

Hablar de una renuncia era una “especulación inútil”, afirmó el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano y segundo al mando del papa, y uno de los funcionarios que le visitaron aparentemente para hablar de nuevos santos, en una entrevista concedida la semana pasada al Corriere della Sera, el principal diario italiano. “Ahora pensamos en la salud del Santo Padre, en su recuperación, en su regreso al Vaticano: estas son las únicas cosas que importan”.

El Vaticano volvió a publicar esas declaraciones, así como las de otro estrecho asesor de Francisco, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández. “No vale la pena que algunos grupos presionen para una renuncia”, dijo a La Nación. “Ya lo han hecho varias veces en los últimos años”.

El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, liderando las oraciones por el papa Francisco en la plaza de San Pedro, el lunes por la noche.
El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, liderando las oraciones por el papa Francisco en la plaza de San Pedro, el lunes por la noche.

El juego de salón de la renuncia no es nuevo en el Vaticano, y el propio Francisco ha participado a menudo.

En 2022, reveló que, al igual que los papas que le precedieron, había escrito una carta en la que ofrecía su dimisión en caso de quedar incapacitado. Pero sigue sin saberse qué criterios fijó Francisco.

Posteriormente dijo a los jesuitas del Congo que no creía que “la renuncia de los papas debiera convertirse, digamos, en una ‘moda’, en algo normal” y añadió que creía que “el ministerio del papa es ‘ad vitam’”, o de por vida. “No veo ninguna razón para que no sea así”. Más tarde añadió que la idea de la dimisión “nunca se me ha pasado por la cabeza. Por el momento, no”.

Pero ahora estamos en un momento diferente. Y hay zonas grises en el derecho eclesiástico sobre quién dirige la Iglesia si un pontífice entra en coma o pierde el conocimiento durante un largo periodo. El requisito para la dimisión es que se presente “libre y debidamente manifestada”, pero no está claro cuándo un papa pierde esa libertad, o si la carta de Francisco sería válida si no pudiera manifestar libre y debidamente su dimisión.

El cardenal Gianfranco Ravasi dijo la semana pasada que “no hay duda” de que Francisco podría dimitir si perdiera la capacidad de tener “contacto directo, como le gusta hacer, o de comunicarse de forma inmediata, directa, incisiva y decisiva”.

Otro prelado, el cardenal Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella, que a menudo aparece en las listas de posibles papas, admitió la semana pasada que, en lo que respecta a la renuncia, “todo es posible”.

Una multitud reza por el papa Francisco en la Plaza de San Pedro del Vaticano el miércoles por la noche.Credit...James Hill para The New York Times