Para algunos canadienses, la colisión entre un avión de Air Canada y un camión de bomberos, en la que murieron los dos pilotos del avión en el aeropuerto de LaGuardia, puede convertirse en una razón más para evitar viajar a Estados Unidos.
La cobertura informativa del lunes en Canadá sobre el destino del vuelo corto de Montreal a Nueva York se enfocó en las dificultades y deficiencias del sistema de control del tráfico aéreo estadounidense, lo que llevó a Steven MacKinnon, ministro de Transporte de Canadá, organismo regulador de las compañías aéreas del país, a tranquilizar a los canadienses sobre la seguridad aérea.
“Seguiremos trabajando juntos para llegar al fondo y encontrar las respuestas que los canadienses van a buscar”, declaró ante la Cámara de los Comunes. Anteriormente, en una entrevista con el servicio francés de la CBC, MacKinnon dijo que el análisis de Canadá incluye “la escasez de mano de obra entre los controladores aéreos”.
La Junta de Seguridad en el Transporte de Canadá ha enviado un equipo de investigadores a Nueva York para ayudar a sus homólogos estadounidenses. La agencia canadiense está implicada no solo porque en el vuelo participaban Air Canada y Jazz Aviation, la compañía con sede en Canadá que opera los vuelos de Air Canada Express. Además, el avión fue diseñado y construido en Canadá por Bombardier, cuya sede está en Montreal. (Bombardier vendió su negocio de aviones regionales a Mitsubishi de Japón, que cesó la producción de nuevos aviones, pero sigue ofreciendo piezas y otros servicios para los aviones que siguen en funcionamiento).
En un comunicado, la junta de seguridad canadiense remitió todos los comentarios sobre la investigación a su homóloga estadounidense.
Desde el regreso del presidente Donald Trump a la presidencia y el inicio de sus ataques comerciales contra Canadá y sus llamados a anexarla a Estados Unidos, muchos canadienses han dejado de viajar a su vecino más cercano.
Statistics Canada, la agencia encargada del censo, informó el lunes de que los viajes entre ambos países cayeron un 22 por ciento en enero respecto al mismo mes del año anterior, el décimo tercer mes consecutivo de descenso.
El cambio en los patrones de viaje comenzó como un boicot y luego se vio alimentado por el temor de los canadienses a verse atrapados en las redadas de inmigración de Trump.
El lunes los viajeros canadienses pudieron comprobar un marcado contraste con su propio sistema de control del tráfico aéreo.
Hace casi 30 años, unaempresa privada sin fines de lucro, financiada en gran medida con las tasas cobradas a las compañías aéreas y otros operadores aéreos, se hizo cargo del sistema canadiense. El acuerdo significa que el gobierno ya no contribuye al costo del sistema. También ha evitado la escasez de personal habitual en Estados Unidos, a la vez que ha modernizado la tecnología que utiliza para guiar los vuelos.
El lunes, en el Aeropuerto Internacional Trudeau de Montreal, apenas hubo alteraciones ni efectos evidentes de la colisión en Nueva York.
Entre las pocas personas afectadas estaba Erik Geibig, de 55 años, médico de Tennessee que estaba visitando a su hijo que estudia en Montreal. Los retrasos de los vuelos lo obligaron a embarcar en un autobús de enlace con el hotel del aeropuerto en lugar de regresar a casa.
“Los lunes suelen ser tranquilos”, dijo Edna Akanwoke, de 34 años, empleada de Air Canada que suele trabajar en los mostradores de salida de los vuelos con destino a Estados Unidos. “Hoy es especialmente tranquilo”.