Una victoria sorpresa para un populista de derecha envuelto en un escándalo. Una derrota aplastante para un partido que se considera desconectado de su base. Partidarios de izquierda en busca de respuestas.
La escena puede resultarle conocida a los estadounidenses. Esta vez, se desarrolló en una nación latinoamericana a miles de kilómetros de distancia. Y los resultados podrían reconfigurar profundamente la región y las relaciones con Washington.
El candidato de derecha de Brasil, Flávio Bolsonaro, no ganó la presidencia el domingo por la noche, pero parecía estar bien encaminado hacia la victoria.
Su desempeño sorprendentemente fuerte le da un impulso significativo a la derecha en ascenso en América Latina, colocando a Brasil, el país más poblado de la región, al alcance como el mayor premio electoral luego de siete victorias consecutivas de candidatos de derecha.
También representa un notable regreso para la familia Bolsonaro cuatro años después de que el padre de Flávio Bolsonaro intentara subvertir la democracia tras perder las últimas elecciones, fuera condenado por tramar un golpe de Estado y sentenciado a prisión.
El propio Flávio Bolsonaro superó verse envuelto en un escándalo de corrupción para obtener más votos que el mandatario en funciones de izquierda, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Si bien ninguno obtuvo los votos suficientes para ganar en la primera vuelta electoral, el formidable desempeño de Bolsonaro parecía presagiar una victoria en una contienda de dos candidatos el 25 de octubre.
Eso se debe a que los votos de unos 9 millones de brasileños que respaldaron a varios candidatos menores de derecha el domingo ahora estarán en juego. Es probable que la gran mayoría cambie su apoyo hacia Flávio Bolsonaro, y le den la ventaja. Para Lula, encontrar más votos presenta una tarea mucho más desafiante.
El giro regional hacia la derecha es impulsado por una serie de fuerzas, dicen los expertos, incluida la insatisfacción con los gobiernos en funciones, la creciente preocupación por la seguridad y la delincuencia y un cambio hacia valores más conservadores.
Durante meses, las encuestas habían predicho una contienda reñida entre los dos hombres, con Lula liderando por el margen más estrecho. El presidente de izquierda había enmarcado su candidatura como la única forma de detener el regreso de la familia Bolsonaro al poder, apenas cuatro años después de que Jair Bolsonaro perdiera las últimas elecciones e inspirara a sus seguidores a asaltar la capital, exigiendo que se anulara el resultado.
Lula también había buscado retratar su candidatura como la defensa de la soberanía de Brasil contra los intentos del gobierno de Donald Trump de intervenir en los asuntos internos del país.
Flávio Bolsonaro había batallado para librarse de un escándalo de corrupción y dividió a los votantes con sus planes de buscar amnistía para su padre y los alborotadores. Luego, el domingo, sorprendió a muchos cuando alcanzó el 48 por ciento de los votos, dos puntos por delante de su rival.
“Incluso Jair Bolsonaro podría estar sorprendido por este resultado”, dijo Jairo Nicolau, un destacado politólogo y profesor en la Fundación Getulio Vargas, una institución de investigación.
Una victoria de Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta significaría un gran triunfo para el presidente Trump, y expulsaría a Lula, uno de sus enemigos más francos entre los líderes mundiales, quien no ha rehuido desafiar al líder estadounidense.
Asimismo, daría paso a un aliado entusiasta dispuesto a ayudar con los planes audaces de dominio que tiene Trump en la región.
Un favorito sorpresa
Aún no está claro exactamente qué llevó a Flávio Bolsonaro al borde de la victoria.
“Era concebible que Flávio pudiera acercarse a Lula o incluso superarlo”, dijo Nicolau. “Pero lo que sucedió en Brasil fue un maremoto de derecha”, agregó. “Vamos a pasar mucho tiempo tratando de entenderlo”.
Algunos analistas dijeron que Flávio Bolsonaro logró movilizar al menos a una parte de los votantes conservadores que planeaban votar por otros candidatos de derecha. El aumento de la desilusión con el partido de Lula, que ha estado en el poder durante la mayor parte de dos décadas, probablemente también impulsó el éxito de su candidato. A muchos brasileños les preocupa la violencia generalizada y las deudas personales aplastantes.
Flávio Bolsonaro ha intentado vincular a su rival con un escándalo de corrupción que envuelve a la Corte Suprema de Brasil. El presidente brasileño ha intentado distanciarse y ha pedido una reforma judicial.
El impulso de la derecha brasileña también quedó en plena evidencia en las contiendas legislativas de la nación, donde los candidatos de derecha, entre ellos otros tres miembros de la familia Bolsonaro, lograron avances espectaculares tanto en el Congreso como en el Senado.
“Una toma de poder total de la extrema derecha”, dijo Guilherme Casarões, profesor de estudios brasileños en la Universidad Internacional de Florida en Miami.
Esto significa que, sin importar quién gane finalmente la presidencia, la democracia más grande de América Latina está encaminada hacia la derecha, una perspectiva que entusiasmó a Carlos Augusto Marques, un escritor de 63 años que emitía su voto en Río de Janeiro.
“Para mejorar, necesitamos cuatro o cinco gobiernos de centroderecha, por lo menos”, dijo.
Si Flávio Bolsonaro gana, los avances de su partido podrían permitirle cumplir algunas de sus promesas más polarizantes: una amnistía para su padre, indultos para los participantes de los disturbios del 8 de enero y un Senado más dispuesto a intentar destituir a los jueces que condenaron a su padre.
Un camino hacia la victoria
Ahora, la contienda presidencial se dirige hacia lo que probablemente será una etapa final muy reñida, en la que ambos candidatos compiten para conseguir millones de votos más. Sin embargo, el camino hacia la victoria puede resultar mucho más abrumador para Lula.
Los analistas dicen que todavía podría lograr una remontada, en especial si pudiera ganarse a algunos de los 33 millones de brasileños que no acudieron a la votación del domingo.
En Brasil, el voto es obligatorio para la mayoría de las personas entre 18 y 70 años, aunque quienes no lo ejercen solo se enfrentan a una pequeña multa. Este año, el número de brasileños que se abstuvieron de participar en la primera vuelta se elevó a un récord del 21 por ciento.
Lula también podría tener éxito si forja coaliciones con otros partidos, con la esperanza de convencer a algunos votantes moderados que rechazan a Flávio Bolsonaro de cambiar su apoyo hacia él.
Alberto Saab, de 55 años, forma parte del ocho por ciento de quienes, al votar el domingo, apoyaron a un candidato de un tercer partido. El ingeniero ha votado por ambos candidatos en el pasado, pero sigue indeciso hasta ahora para la segunda vuelta.
Ha quedado impresionado con la inversión de la izquierda en la educación, pero también apoya las medidas más audaces de la derecha para combatir la inseguridad. “El mundo está muy polarizado”, dijo. “Si no volvemos a algún tipo de centro de equilibrio, creo que seguiremos en una situación difícil”.
Flávio Bolsonaro está siendo investigado por recaudar millones para una película biográfica sobre su padre encarcelado, de un banquero caído en desgracia en el centro de un fraude masivo. Los detalles de la investigación han dominado el debate público, lo que ha alimentado las expectativas de más revelaciones explosivas cuando la votación final se acerque.
En las últimas semanas, Lula ha aprovechado la oportunidad para aumentar los ataques contra el historial de su rival. Su campaña transmitió un minidocumental en línea que explora controversias en la carrera política de Flávio Bolsonaro y un video que vincula sus presuntos lazos con las milicias. Es posible que algunos votantes no se dejen convencer en ninguna dirección. Kailhany Machado, de 23 años, votó por un tercer candidato y planea votar en blanco en la segunda vuelta.
“Flávio está involucrado en varios escándalos, ¿y Lula? Ni siquiera necesito decirlo”, dijo Machado. “Son corruptos, criminales y no merecen nuestro voto”.
¿Trump entra en escena?
Trump ha sido un comodín en la contienda presidencial de Brasil.
Antes de la segunda vuelta, podría mantenerse en silencio, respaldar abiertamente a Flávio Bolsonaro o aumentar la presión con nuevas medidas dirigidas a Brasil.
El año pasado, Trump intervino para ayudar al padre de Flávio Bolsonaro a evitar una pena de prisión. Sin embargo, Jair Bolsonaro fue condenado a 27 años de prisión, aunque cumple su condena en casa debido a su mala salud.
Trump no ha respaldado a ningún candidato presidencial, aunque su gobierno ha parecido impulsar a Flávio Bolsonaro de maneras más sutiles antes de la votación. Esto ha alarmado a Brasil, que ha acusado a Estados Unidos de intentar influir en sus elecciones y ha levantado protecciones para intentar proteger su democracia de las amenazas.
Flávio Bolsonaro se ha alineado con Trump y otros líderes de derecha en la región, y ha hecho eco de los planes de montar un ataque de línea dura contra las bandas de narcotraficantes que se han convertido en una gran preocupación para muchos brasileños comunes.
Y, al igual que Trump, Flávio Bolsonaro ahora busca reescribir la historia de su propia nación.