La participación de los votantes indecisos y de quienes se abstuvieron en la primera vuelta podría ser determinante para el resultado de las elecciones presidenciales en Brasil.
Más de 33 millones de personas, alrededor de 21 por ciento del electorado, no acudieron a votar el 4 de octubre, el nivel de abstención más alto registrado en una primera vuelta desde 1998.
el senador Flávio Bolsonaro obtuvo entonces más de 2.2 millones de votos por encima del Mandatario Luiz Inácio Lula de Silva, una ventaja que el Presidente necesita remontar para conseguir un nuevo mandato.
Ambos candidatos han buscado atraer a los electores que respaldaron a aspirantes eliminados de la contienda y a quienes no participaron en la primera ronda.
La corrupción figura entre las principales preocupaciones de los brasileños. Flávio Bolsonaro enfrenta investigaciones por presunta corrupción, lavado de dinero y evasión fiscal, mientras que Lula pasó 19 meses en prisión por cargos de corrupción y lavado de dinero que posteriormente fueron anulados.
Los problemas económicos y la seguridad también marcaron las campañas. Bolsonaro prometió una política de mano dura contra el crimen y reducir los precios de los alimentos, además de cuestionar los impuestos.
Lula, en tanto, defendió su trayectoria de combate a la pobreza y recurrió a incentivos económicos para atraer a los votantes.
La polarización quedó reflejada en testimonios de electores que consideran que el país necesita un cambio, así como de quienes atribuyen a Lula mejoras sociales durante sus primeros gobiernos.
Otros votantes expresaron su rechazo a ambos candidatos y optaron por el voto en blanco.
El conteo de votos de la segunda vuelta presidencial se reanudó hoy tras una controvertida extensión de dos horas al horario de votación, una decisión de último momento que provocó confusión en algunos centros electorales y abrió la posibilidad de impugnaciones legales en la competida contienda entre el Lula da Silva y Bolsonaro.
El magistrado del Supremo Tribunal Federal Cristiano Zanin autorizó la prórroga hasta las 19:00 horas locales, a petición de ambas campañas.
El equipo de Lula denunció problemas con el transporte público en nueve estados, mientras que el de Bolsonaro argumentó que las fuertes lluvias en el sur del país dificultaban la llegada de los votantes a las urnas.
Sin embargo, la decisión se conoció apenas unos minutos antes de la hora prevista para el cierre, lo que generó complicaciones en distintos puntos.
En Brasilia, varios voluntarios que supervisaban el escrutinio se retiraron después de entregar los resultados a las autoridades electorales, mientras que en un centro de votación de Río de Janeiro las máquinas electrónicas ya habían sido apagadas y no pudieron volver a encenderse.
Zanin aclaró posteriormente que la prórroga sería válida en los centros que continuaran abiertos. La extensión, no obstante, alimentó cuestionamientos sobre la organización de la jornada y las posibles consecuencias legales del procedimiento.
El Partido de los Trabajadores (PT), al que pertenece Lula, informó que analizaba emprender acciones legales por una presunta ''interferencia en el proceso electoral'', según Edinho Silva, Presidente de la organización.
La campaña de Bolsonaro no había anunciado una respuesta oficial, pero el diputado y aliado del senador Nikolas Ferreira sostuvo que la resolución buscaba impugnar una posible victoria de su candidato. Ferreira también cuestionó que la decisión proviniera de Zanin, quien anteriormente fue abogado personal de Lula.
La ampliación del horario también generó advertencias sobre posibles consecuencias políticas. Mayra Goulart, profesora de Ciencia Política de la Universidad Federal de Río de Janeiro, afirmó que la confusión podría desencadenar una crisis que trascendiera el ámbito institucional y aumentara el riesgo de violencia.
La preocupación está relacionada con los disturbios del 8 de enero de 2023, cuando simpatizantes de Jair Bolsonaro irrumpieron en las sedes del Palacio presidencial, el Supremo Tribunal Federal y el Congreso, después de que Lula asumiera el poder.
La contienda también tiene implicaciones para la influencia de Estados Unidos en América Latina. Una victoria de Flávio Bolsonaro representaría un giro hacia la derecha en la mayor economía de la región y reforzaría la presencia de un aliado de Donald Trump en Sudamérica.
Un triunfo de Lula permitiría que Brasil y México mantuvieran gobiernos de centroizquierda.
Lula ha criticado las políticas de Trump hacia Brasil, incluidos los elevados aranceles impuestos a sus exportaciones y la clasificación de grupos de narcotráfico como organizaciones terroristas extranjeras.
Expertos citados en la cobertura electoral han señalado que esas medidas podrían haber buscado debilitar al Presidente brasileño al proyectarlo como poco firme frente al crimen.
Flávio Bolsonaro, de 45 años, ha destacado su cercanía con Washington y defendido mejores acuerdos bilaterales, incluso en materia de minerales de tierras raras. Brasil calcula que sus reservas de estos materiales alcanzan hasta 21 millones de toneladas, una cantidad que lo situaría sólo detrás de China.