En 2021, Isabel Pardo de Vera, entonces presidenta de ADIF, el administrador de infraestructura ferroviaria propiedad del Estado español, adjudicó un contrato para actualizar un antiguo sistema de seguridad de la línea ferroviaria entre Madrid y Sevilla para enero de 2026.

“La renovación de la línea se viene planificando desde hace tiempo”, dijo en una entrevista el jueves. Pero después de haber dejado el cargo y finalmente salir del gobierno, se sorprendió, señaló, al descubrir este año que el sistema mejorado no se había implementado aún.

Gran parte de España puso su atención en cuestiones técnicas sobre ese sistema de señales ferroviarias después de que un tren de alta velocidad chocara por detrás a otro detenido en las mismas vías de la línea Madrid-Sevilla el miércoles, choque en el que murieron al menos 69 personas, dijeron las autoridades. Más de 50 personas seguían hospitalizadas el jueves, unas 15 de ellas en estado crítico. ADIF declinó hacer comentarios sobre su sistema de seguridad ferroviaria.

En una época de preocupación porque los humanos puedan estar perdiendo el control sobre la tecnología, el choque provocó, en cambio, preguntas sobre la falta de salvaguardias tecnológicas contra el error humano. El vasto sistema ferroviario de España, alguna vez un motivo de orgullo —y una atracción para un número creciente de turistas, extranjeros y promotores del crecimiento español—, se ha convertido en una fuente de ansiedad. El choque, ocurrido después de una desastrosa colisión en enero en la misma línea, intensificó la atención sobre la infraestructura envejecida de España, la falta de mantenimiento y los problemas generales de seguridad.

El jueves, surgieron informes sobre preocupaciones previas de seguridad.

Un informe, utilizando datos de ADIF, enumeró todos los problemas de señalización que plagaban un tramo de la vía férrea en el centro de España, ahora conocido como el lugar del choque mortal del miércoles. Otro destacó una advertencia de la comisión de investigación de accidentes ferroviarios de España de que el país dependía demasiado del “factor humano” de los controladores de trenes. Otro más se centró en un ejecutivo ferroviario de alto rango que le dijo a una comisión del Senado español que el sistema de señalización en la línea Madrid-Sevilla era “bastante antiguo” y que, cada vez que fallaba, provocaba retrasos.

Mientras el presidente del gobierno Pedro Sánchez, que se enfrenta a elecciones el mes que viene, prometía llegar al fondo del choque, su gobierno de izquierda señaló el error humano. Un operador de control de tráfico ferroviario, dijeron las autoridades, le dijo al tren de atrás que reanudara su alta velocidad normal a pesar de que otro tren estaba detenido en las mismas vías después de que el sistema de seguridad automático se hubiera caído.

El jueves, Sánchez se reunió durante horas con funcionarios de ADIF en su sede en la estación de trenes de Atocha en Madrid. Ni él ni los controladores de tráfico ferroviario de la asociación quisieron hacer comentarios sobre su conversación. Previamente ese mismo día, fue a la ciudad de Urda, cerca del lugar del choque, para mostrar su apoyo a las familias en duelo y a un país conmocionado.

Dijo que quería transmitir “a toda la ciudadanía que toda la Administración General del Estado, todas las instituciones que pertenecemos al Estado, desde el pequeño municipio al Gobierno de España, estamos trabajando día y noche para no solamente dar una respuesta a los familiares de las víctimas, sino por supuesto también para esclarecer hasta el último detalle de esta tragedia y por supuesto reforzar la seguridad para que esto no vuelva a suceder”.

Pero algunos críticos argumentaron que Sánchez debería examinar su propio gobierno

Pardo de Vera, quien dejó el gobierno en 2023 y está bajo investigación por acusaciones de corrupción en el manejo de contratos públicos no relacionados, las cuales niega, dijo que el énfasis del gobierno en el error humano no borraba sus deficiencias recientes en cuanto a “mantenimiento, construcción, explotación, circulación, etcétera”. Y añadió que considera que el problema de raíz es lo que se ha hecho con la seguridad.

ADIF no respondió a una solicitud de comentarios sobre las críticas.

El miércoles, el ministro de Transportes del gobierno, Óscar Puente, les dijo a los periodistas que el choque había sido el resultado de una decisión “inexplicable” por parte de los operadores de control de tráfico ferroviario en Madrid.

Aproximadamente a las 8:30 a.m., media hora después de que el último tren —a cargo del operador nacional, Renfe— partiera, el sistema de seguridad envejecido a lo largo de esa sección de la vía férrea se cayó debido a una falla informática.

Siguiendo el protocolo, dijo Puente, un centro de control de tráfico ferroviario en Madrid asumió el mando. Un operador, que no ha sido identificado, le dijo al tren de Renfe que reanudara su viaje.

Según el periódico español El País, que obtuvo el audio de los intercambios entre los maquinistas y los operadores en Madrid, un operador autorizó a la maquinista del tren de Iryo a reanudar la “marcha normal”. Pero siete minutos más tarde, la maquinista de Iryo llamó para informar que no podía reiniciar el tren.

Puente dijo que los operadores de Madrid le habían dicho al conductor del tren de Renfe que reanudara el viaje normal “estando un tren detenido” más adelante.

El tren de Renfe recorrió unos 25 kilómetros antes de chocar por detrás al otro tren, que se había quedado detenido en las vías.

Las preguntas del jueves se centraron en por qué el tren detenido de Iryo no volvió a arrancar, ya que los operadores de tráfico ferroviario de Madrid lo habían autorizado a las 8:41 a.m. a reanudar su viaje.

La maquinista de Iryo intentó dos veces sin éxito reiniciar el tren, informó El País el jueves. A diferencia del tren de Renfe, de más antigüedad, que se dirigía a toda velocidad hacia él, el tren de Iryo era relativamente nuevo, por lo que tardaba más en sincronizarse con el antiguo sistema de seguridad que protegía el tráfico ferroviario, lo que causaba un retraso de casi cuatro minutos cada vez que reiniciaba.

La maquinista de Iryo les dejó claro a los controladores de tráfico que estaba detenida, según la grabación, pero en su lugar se podía escuchar a un operador diciendo que ella avanzaba hacia adelante a baja velocidad.

El tren de Renfe se estrelló contra él a las 8:53 a.m.

El jueves también comenzaron a surgir detalles sobre las víctimas. Entre los muertos había ciudadanos japoneses y surcoreanos que viajaban en una línea popular entre los turistas que se trasladan desde Madrid, la capital, hasta la histórica ciudad de Sevilla. El maquinista del tren trasero, Antonio Acedo, también murió en el choque, según el partido político al que pertenecía.

Mientras el gobierno instaba a un periodo de luto, los enemigos políticos de Sánchez no perdieron ni un minuto para reaccionar, con las elecciones nacionales asomándose para el 29 de noviembre.

“No vamos a aceptar un luto que nos amordace cuando los españoles mueren”, dijo Santiago Abascal, el líder del partido de extrema derecha Vox, en un mitin el miércoles por la tarde en Valladolid, a las afueras de Madrid. Valladolid es la ciudad natal de Puente.Abascal ha comenzado a llamarlo el “ministro de la muerte”.

Puente quedó en el punto de mira político a las pocas horas del impacto, cuando la primera pregunta que se le hizo en una conferencia de prensa fue si renunciaría. (Dijo que no pensaba en sí mismo en ese momento).

Pero las críticas de la izquierda y la derecha solo se han intensificado desde entonces, ya que Puente, conocido como el perro de ataque del gobierno adicto a las redes sociales, ha supervisado dos desastres ferroviarios históricos relacionados con la infraestructura. No ayudó que recientemente bailara en el set de un programa de entrevistas que presentaba a pasajeros de pie en un viaje turbulento. Durante esa aparición, hizo una referencia humorística a los retrasos causados por fallas del sistema en Renfe.

Había un ambiente profundamente diferente en la estación de Atocha el jueves, donde los trabajadores de Renfe, con chaquetas con ribetes morados, observaron minutos de silencio junto a los trabajadores de Iryo con sacos rojos. Muchos de los trabajadores de Iryo lloraban y se abrazaban. Una mujer, María, dijo que estaba allí para llorar a dos de sus amigos que hacían “ventas a bordo”, empujando un carrito vendiendo refrescos y refrigerios por los pasillos.

Saúl Sánchez, un psicólogo voluntario de la oficina de Protección Civil de Madrid, había pasado la mañana brindando apoyo psicológico a los familiares de las víctimas.

Dijo que estaban enojados, frustrados y furiosos, y agregó que querían información.