Chihuahua, Chih.– Mientras miles de vacacionistas salen de la ciudad durante el periodo de Semana Santa, hay quienes optan por quedarse y disfrutar de los espacios naturales locales. Tal es el caso de decenas de familias que han encontrado en la Presa Chihuahua un lugar ideal para convivir, relajarse y practicar la pesca.

Desde temprana hora, la orilla del embalse comienza a llenarse de vida. Vehículos estacionados, lonas extendidas y grandes sombrillas forman parte del paisaje que protege a los visitantes del intenso sol, mientras el viento fresco hace más agradable la estancia.

“Estos días santos son para guardarse”, comenta el señor Carlos Ruiz, quien cada domingo acude al lugar y en esta temporada no hace la excepción. Señala que en días normales apenas se observan unos 20 vehículos, pero durante estas fechas la afluencia incrementa gradualmente conforme avanza el día.

Algunas familias llevan consigo motos acuáticas, que son aprovechadas por todos los integrantes bajo las debidas medidas de seguridad, como el uso de chalecos salvavidas. Otros visitantes prefieren actividades más tranquilas, como la pesca, utilizando desde cañas profesionales hasta improvisados equipos elaborados con botes vacíos y materiales caseros.

El ambiente es completamente familiar. La mayoría de los asistentes llega preparada con alimentos y bebidas para pasar varias horas junto al agua, combinando la pesca con un almuerzo al aire libre.

Carlos Ruiz relata que su jornada comienza desde las ocho de la mañana, instalado en una piedra que ya considera su sitio habitual. “Las lombrices las saco de mi jardín, así que no batallo”, dice. Explica que, dependiendo del tamaño de la captura, decide si cocina el pescado en el lugar o lo lleva a casa. “Ya estoy acostumbrado al sol, me retiro a las tres de la tarde, aunque a veces regreso más tarde, porque es cuando más pican”, agrega.

Entre los visitantes también se encuentra Manuel Soto de 67 años, quien llega en bicicleta cargando su equipo de pesca tradicional: carrizos, cáñamo y anzuelos. Su rutina es similar, iniciando a las ocho de la mañana y retirándose alrededor de la una de la tarde.

“Esta vez no hubo dinero para salir de vacaciones, pero aquí uno se distrae, hay tranquilidad y no hay tanta gente”, comenta. Señala que espera capturar al menos tres peces de buen tamaño para llevar a casa, aunque reconoce que actualmente la pesca ha disminuido.

Con nostalgia, recuerda épocas en las que acudía a otras presas como El Granero, Rosetilla y Las Vírgenes, donde asegura abundaban ejemplares más grandes. “Ahora están más pequeños y los niveles de agua han bajado mucho. Antes aquí el agua llegaba hasta la cortina, ahora ya no; imagínese las demás”, lamenta.

A pesar de ello, la Presa Chihuahua sigue siendo un punto de encuentro para quienes buscan pasar un momento agradable sin salir de la ciudad. Poco a poco, más familias, parejas y pescadores solitarios continúan llegando para disfrutar de la tranquilidad que ofrece este espacio durante la Semana Santa.