Chihuahua se mantiene entre las entidades del país con mayores niveles de consumo de cristal, una droga sintética que ha provocado un incremento en la demanda de atención especializada y que, además de afectar a quienes la consumen, impacta directamente a miles de familias que enfrentan procesos de codependencia y desgaste emocional. Datos de organismos oficiales y de atención a las adicciones advierten sobre la magnitud del problema en el estado.
De acuerdo con estadísticas del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (SISVEA), retomadas en reportes estatales, Chihuahua figura entre las entidades con mayor presencia de consumidores de cristal. De un total de 5 mil 574 personas registradas en tratamiento por distintas adicciones en centros de rehabilitación no gubernamentales del estado, 3 mil 047 señalaron al cristal como su principal sustancia de consumo, equivalente al 54.7 por ciento de los casos.
La problemática también se refleja en los servicios de atención. Información de los Centros de Integración Juvenil (CIJ) indica que el número de usuarios atendidos por consumo de cristal pasó de 46 casos en 2018 a 67 en 2024, lo que representa un incremento de 45.6 por ciento en seis años. Además, organizaciones dedicadas al tratamiento de adicciones reportan que esta metanfetamina es actualmente la droga de mayor impacto entre los pacientes que solicitan ayuda.
Las estadísticas históricas muestran que Chihuahua ha enfrentado durante años una importante carga de farmacodependencia. Registros del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) documentaron miles de pacientes atendidos en centros especializados, principalmente hombres jóvenes y adultos en edad productiva, aunque también se identificaron casos entre adolescentes.
El entorno social también refleja la presencia del fenómeno. La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) señala que el consumo de drogas es una de las conductas antisociales más observadas por la población de Chihuahua en los alrededores de sus viviendas, ubicándose entre las principales problemáticas reportadas por los habitantes mayores de edad.
Especialistas en salud mental advierten que el impacto del cristal no se limita al consumidor. La adicción suele generar procesos de codependencia familiar, una condición en la que padres, parejas, hijos o hermanos modifican su comportamiento para intentar controlar o proteger al adicto, sacrificando con frecuencia su bienestar emocional, económico y social.
La codependencia se manifiesta mediante sentimientos de culpa, ansiedad constante, estrés, depresión y aislamiento. En muchos casos, los familiares destinan gran parte de sus recursos económicos al tratamiento o a la atención de las consecuencias derivadas del consumo, mientras enfrentan conflictos domésticos, violencia y deterioro de las relaciones personales.
Experiencias compartidas por familiares de personas con adicción en foros públicos muestran cómo el consumo de cristal suele provocar rupturas familiares, episodios de violencia, problemas laborales y afectaciones a niños y adolescentes que crecen en entornos marcados por la dependencia a sustancias.
Organismos dedicados a la prevención de adicciones como Conasama y Centros de Integración Juvenil señalan que la recuperación efectiva requiere atender tanto al consumidor como a su núcleo familiar. La intervención psicológica, los grupos de apoyo y la educación sobre codependencia son considerados elementos fundamentales para reducir las recaídas y fortalecer las redes de apoyo.
Ante este panorama, especialistas coinciden en que el combate al consumo de cristal en Chihuahua debe abordarse desde una perspectiva integral que incluya prevención, tratamiento, salud mental y fortalecimiento familiar, debido a que las consecuencias de esta droga trascienden al usuario y alcanzan a todo su entorno cercano, convirtiéndose en un problema social de gran alcance.