Chihuahua, Chih.- La desaparición de personas, los homicidios y el hallazgo de fosas clandestinas deben analizarse como parte de un mismo fenómeno de violencia, advirtió el criminólogo José Carlos Hernández, presidente de la Federación Internacional de Criminología y Criminalística, quien señaló que Chihuahua está entre los cinco estados del país con mayor incidencia de delitos relacionados con esta problemática.

El especialista sostuvo que una aparente disminución de los homicidios no necesariamente significa que la violencia haya bajado, debido a que las organizaciones criminales pueden modificar sus formas de operar. Explicó que este fenómeno es conocido en criminología como “hibridación criminal” o “migración criminal”, mediante el cual los grupos delictivos incorporan nuevas prácticas a sus actividades.

Hernández explicó que uno de estos cambios consiste en recurrir a la desaparición de personas en lugar del homicidio visible. De acuerdo con el criminólogo, esta práctica genera un impacto mayor para las familias, debido a que mantiene la incertidumbre sobre el paradero de la víctima y dificulta cerrar el proceso de duelo. También consideró que puede utilizarse como una forma de intimidación hacia las autoridades y la sociedad.

“En vez de asesinar, desaparecen personas”, señaló el especialista al explicar esta transformación de las estructuras criminales. Desde su perspectiva, esto provoca que una parte de la violencia deje de reflejarse directamente en las estadísticas de homicidios, mientras las familias continúan enfrentando la búsqueda de sus seres queridos.

El presidente de la Federación Internacional de Criminología y Criminalística mencionó que, de acuerdo con las cifras que maneja el Comité Contra las Desapariciones Forzadas de la ONU, desde 2019 han registrado en México más de 136 mil personas desaparecidas. También afirmó que para 2026 existen más de 72 mil 100 cuerpos sin identificar en morgues y fosas comunes del país, y estimó que, de mantenerse el ritmo actual de identificación sumando esfuerzos de gobierno federal y estatal, podrían requerirse alrededor de 140 años para lograr identificar todos esos cuerpos.

Hernández aclaró que estas cifras corresponden a su análisis y las utilizó para dimensionar la magnitud del problema. En este contexto, señaló que uno de los principales obstáculos consiste en que no todas las personas desaparecidas son localizadas y que tampoco siempre es posible determinar de inmediato si una desaparición está relacionada con un homicidio.

El criminólogo denominó a este fenómeno “efecto iceberg victimal”, debido a que solamente una parte de los delitos puede observarse y contabilizarse, mientras que otra permanece oculta. En el caso de las desapariciones, explicó, existen casos que permanecen sin resolverse durante años, por lo que la dimensión real del problema podría ser superior a la que reflejan los registros.

Según Hernández, bajo este análisis el número de personas desaparecidas podría incrementarse hasta en 70 por ciento al considerar aquellos casos que permanecen ocultos o que todavía no han sido esclarecidos. Por ello, consideró que no es congruente hablar de una reducción general de la violencia únicamente con base en las estadísticas de homicidio cuando paralelamente aumentan las desapariciones.

En Chihuahua, el especialista puso particular atención en la zona noroeste, donde afirmó que, aunque aparentemente ha disminuido el índice de homicidios en algunas áreas, también han presentado un comportamiento preocupante en materia de desapariciones. En este escenario incluyó tanto a personas localizadas con vida como a quienes continúan sin ser encontrados y que, de acuerdo con determinadas líneas de investigación, podrían haber fallecido.

A este panorama se suman las fosas clandestinas y los llamados sitios de exterminio. Hernández señaló que en distintas partes del país han sido localizados lugares utilizados para desaparecer cuerpos o realizar cremaciones clandestinas, situación que, a su juicio, representa otra expresión de la transformación de las actividades de la delincuencia organizada.

Para el criminólogo, homicidios, desapariciones y hallazgos de restos humanos no deben analizarse de manera aislada, especialmente en regiones donde existe presencia de grupos criminales.

Consideró necesario que las autoridades crucen información de las distintas investigaciones para determinar si una reducción de homicidios corresponde realmente a una disminución de la violencia o a un cambio en la manera en que cometen los delitos.

Hernández también cuestionó la coordinación entre las instituciones encargadas de combatir a la delincuencia organizada y aquellas responsables de la búsqueda de personas. Afirmó que el Estado cuenta con infraestructura, recursos humanos y capacidad para enfrentar el problema, pero consideró que hace falta una estrategia más coordinada y proactiva.

Finalmente, Hernández insistió en que las autoridades deben evitar interpretar una disminución en los homicidios como una reducción automática de la violencia. Para el criminólogo, las desapariciones y las fosas clandestinas pueden representar una parte de esa violencia que permanece fuera de las estadísticas inmediatas, por lo que resulta necesario estudiar de manera conjunta todos estos fenómenos para conocer la verdadera dimensión de la inseguridad en Chihuahua y en el país.