Chihuahua.- En Chihuahua capital, una práctica que durante años estuvo en lo discreto hoy comienza a tomar visibilidad, el llamado sugar dating, que para algunas jóvenes, que se consideran sugar babies, representa una alternativa para obtener ingresos rápidos, independencia financiera o escapar de entornos familiares complejos; para otras, es una dinámica que con el tiempo puede transformarse en una relación desigual, marcada por el poder económico.

Lo que antes era secreto, hoy lo conversan abiertamente en redes sociales, escuelas y círculos cercanos; incluso, en algunos casos, es tolerado o aceptado dentro de entornos familiares como una forma de apoyo económico.

Es ya un estilo de vida, una salida para obtener dinero rápido y más fácil, tener independencia financiera, salir de casa cuando hay problemas o simplemente, cumplir con caprichos.

También, una especie de moda o competencia entre varias chicas jóvenes, que generalmente muchas comienzan a salir con hombres más grandes cuando están en la preparatoria; incluso desde los 15 años hay casos que salen con mayores.

A nivel global, es algo más popular e incluso romantizados; en ciudades grandes como México, Monterrey, Guadalajara, es más común. Pero también, en Chihuahua ha comenzado a visibilizarse y ser menos escondido. Incluso familiares apoyan esta práctica para ayudarse económicamente.

Plataformas como SugarDaddymeet; Sugardating; Seeking; y Sugardaddymx han impulsado este fenómeno en México y han permitido que ciudades medianas como Chihuahua también formen parte de esta dinámica, que forma un mercado digital en crecimiento.

Foto: cortesía | El Diario de Chihuahua

En la capital del estado, estimaciones basadas en estas plataformas señalan la existencia de más de 15 mil hombres registrados que buscan este tipo de relaciones, así como poco más de cinco mil mujeres, principalmente entre los 18 y 30 años, aunque también hay perfiles de mayor edad.

No obstante, el uso de estas plataformas no es el único canal, gran parte de los acuerdos son generados fuera de ellas, a través de Instagram, Facebook, Whatsapp y Tiktok, así como recomendaciones directas entre conocidas, lo que refuerza una red informal que resulta más difícil de rastrear.

En Chihuahua, los encuentros suelen concretarse en espacios concurridos y socialmente aceptados con dinámicas y reglas no escitas como en Distrito 1, Paseo Central, Fashion Mall, y en menor medida la zona Centro.

Las dinámicas, aunque no formalizadas tienden a repetirse, un primer encuentro en un café o restaurante para conocerse, una conversación donde establecen expectativas y posteriormente acuerdos que pueden incluir apoyo económico periódico, regalos, viajes, compañía y en algunos casos, encuentros sexuales o envío de contenido íntimo.

Para muchas jóvenes, esta interacción no es percibida como prostitución, sino como una relación en la que ambas partes obtienen beneficios, sin embargo, esa percepción puede cambiar conforme avanza la relación y se consolidan dinámicas de dependencia.

El crecimiento del fenómeno también ha traído consigo riesgos cada vez más visibles, fraudes donde no cumplen lo prometido, manipulación emocional, presión para realizar actividades no deseadas, difusión de contenido íntimo y vínculos con delitos más graves.

La Policía Cibernética de la Dirección de Seguridad Pública Municipal (DSPM) ha identificado al menos 16 casos relacionados con sexting en 2025 en Chihuahua, muchos de ellos vinculados con este tipo de relaciones digitales.

Además, especialistas advierten que cuando existe una diferencia económica y de edad marcada, la relación puede transformarse en una estructura de poder donde una de las partes impone condiciones, limita decisiones o genera dependencia financiera y emocional.

Desde el análisis psicológico, el fenómeno de las sugar babies no puede entenderse únicamente como una decisión económica, sino como el resultado de múltiples factores emocionales, familiares y sociales.

El psicoterapeuta clínico Sergio Orquiz explica que este tipo de relaciones pueden iniciar como acuerdos claros, pero con el tiempo tienden a transformarse, “la persona joven puede comenzar viendo la relación como un intercambio, pero conforme recibe apoyo constante, puede desarrollar una dependencia emocional o económica que le dificulta salir de ahí, mientras que la persona mayor puede asumir un rol de control, incluso sin darse cuenta, generando una relación asimétrica”.

Añade que existe un riesgo importante de confusión entre afecto y transacción, “cuando mezclan dinero, atención y vínculo emocional, diluyen los límites, la persona puede llegar a justificar conductas que en otro contexto no aceptaría, como celos, control, exigencias o incluso violencia psicológica”.

Por su parte, la psicoterapeuta familiar Thelma Cabrera profundiza en el origen de estas conductas, “muchas jóvenes que buscan este tipo de relaciones provienen de entornos donde hubo carencias afectivas, ausencia de figura paterna o relaciones familiares conflictivas, inconscientemente, pueden buscar en un hombre mayor una figura de protección, estabilidad o validación”.

Explica que no siempre es una decisión consciente, “en algunos casos no es únicamente por dinero, es también por sentirse vistas, cuidadas o valoradas; lo que no encontraron en su entorno inmediato, sin embargo, eso las coloca en una posición vulnerable, porque dependen emocionalmente de alguien que también tiene control económico”.

Ambos especialistas coinciden en que este tipo de dinámicas pueden afectar la forma en que las jóvenes construyen relaciones a futuro, generando dificultades para establecer vínculos sanos con personas de su misma edad, expectativas poco realistas sobre el amor o una normalización de relaciones basadas en intercambio.

En conversaciones con estudiantes de 17 y 18 años identifican una percepción común, la posibilidad de recibir apoyo económico, regalos o experiencias a cambio de compañía resulta atractiva, especialmente en contextos donde existen limitaciones económicas en el hogar.

Aunque muchas rechazan la idea de relaciones sexuales por dinero, sí consideran aceptable una relación donde el hombre mayor proporcione beneficios, incluso si eventualmente existe intimidad, lo que refleja una redefinición de los límites tradicionales entre noviazgo y transacción.

En una plática con cinco estudiantes del Colegio de Bachilleres comentaron que sí les interesa salir con hombres más grandes e incluso una de ellas, confesó que a veces tiene citas con un joven de 27 años que le compra varias cosas.

En todos los casos, reconocieron que casi la totalidad de sus compañeras les gustaría o han pensado en salir con hombres mayores e incluso de las edades de sus padres, si es que pudieran resolverles la vida económica.

Coincidieron en que no quieren tener relaciones sexuales por dinero, pero si hay una especie de relación consensuada en que el hombre grande se comprometa a ayudarlas económicamente, las consienta, tengan salidas sin encuentros y de vez en cuando haya experiencias sexuales, si aceptarían. Una de ellas dijo que el joven mayor es como su novio y hay sexo, pero no formalizan por la edad, pero si lo considera un sugar daddy.

Por protección de identidad de las chicas, tres de ellas compartieron su experiencia al ser sugar baby.

“Leslie”, de 20 años, describe su experiencia como una forma de independencia, “yo lo veo como una ayuda, él viene cada mes y estamos juntos unos días, me da dinero cada semana, como cinco mil pesos, y con eso pago renta y mis cosas, pero la verdad es que nunca alcanza, porque me gusta comprarme cosas buenas, también me da regalos, me ha cambiado el celular varias veces, si le pido más dinero, normalmente me lo da”.

Sin embargo, reconoce contradicciones; “tengo novio y no sabe, tampoco mi familia, aunque creo que sospechan, a veces me gustaría no tener que esconderlo, pero también sé que si lo dejo, no sabría cómo mantenerme, antes vivía con mis papás, pero había muchos problemas y me salí, esto me dio libertad, aunque a veces siento que dependo demasiado de él”.

Por el momento, no piensa en volver a estudiar aunque si le gustaría no esconderle a su familia o su novio, pero sabe que sospechan que obtiene dinero de otra manera. Por mientras, dice estar contenta así.

Antes, ella vivía con sus padres, pero cuando era niña, se divorciaron y siempre hubo problemas de todo tipo hasta que se hartó y encontró la manera de poder vivir sola e independiente.

“Krystal”, de 22 años, ofrece una visión distinta, “no me encanta la situación, él es exitoso, me trata bien, me lleva a viajes, me ha ayudado con escuela y cosas materiales, pero no es mi tipo, yo quisiera estar con alguien de mi edad, sentir algo real, crecer juntos, no sentir que todo depende de lo que él pueda darme”.

Reconoce el impacto en su vida: “he vivido cosas que no habría podido; viajes, experiencias, lugares; pero también siento que estoy en pausa; como si no estuviera construyendo algo propio, a veces me pregunto qué va a pasar cuando esto termine”.

Ella vive la mayor parte del año en Guadalajara, donde tiene una relación tipo sugar daddy con un hombre muy exitoso de 37 años, quien le cumple todos sus caprichos, viajes, a veces cuando entra a una escuela privada, autos, departamento; no siempre le da dinero, pero si le pide, se lo da.

“La verdad, no me gusta mucho. No es feo, es algo guapo, se cuida, va al gimnasio, pero no es mi tipo de pareja. Le agradezco mucho y me presume con sus conocidos y a donde salimos. Yo prefiero una relación con alguien de mi edad y que crezcamos juntos. No se si estudiar allá o aquí en Chihuahua, pero he tenido muchas experiencias que no podría, he ido a otros países, a ciudades”, platicó.

Viene a la capital una vez por mes y se queda con su madre y hermanas, ya que su padre tiene otra familia y no habla mucho con él.

El caso de “Candy”, de 21 años, refleja una realidad más dura: “yo empecé desde los 15 años, primero por necesidad, cobraba poco, luego fui conociendo más gente y subiendo precios pero me cansé, no quería seguir así, una amiga me habló de los sugar daddies y pensé que sería diferente”.

Sin embargo, la experiencia no fue como esperaba, “al principio sí, salidas, dinero, regalos; pero luego ya no querían dar nada, sólo querían sexo; intenté tener uno fijo, pero no funcionó; siempre terminaba regresando a lo mismo; ahorita sigo en eso porque necesito pagar renta, pero no es lo que quiero”.

Su reflexión es directa: “quisiera poder salir de esto, estudiar, tener un negocio, algo normal, pero cuando no tienes dinero, haces lo que puedes, a veces sientes que no tienes muchas opciones”.

Comentó la chica que todavía se dedica a prostituirse y a veces hay algún hombre que por temporadas le da dinero por quincena. Dice batallar mucho porque a veces no puede pagar renta de una casa con quien comparte con otra amiga. De estudiar, no piensa en eso porque dice querer tener dinero suficiente para luego estudiar y dedicarse a algo, ha intentado poner uñas, maquillar, vender ropa, para no salir con mayores.

El fenómeno de las sugar babies en Chihuahua refleja una realidad compleja; por un lado, representa una alternativa económica inmediata para jóvenes que buscan independencia o escapar de situaciones difíciles, por otro, evidencia condiciones estructurales que las colocan en situaciones de vulnerabilidad.

La falta de regulación, la normalización social y la facilidad de contacto digital han permitido su expansión pero también han generado un entorno donde los límites entre elección y necesidad son difusos.

Más que una moda, el sugar dating en Chihuahua es un fenómeno social en crecimiento que involucra factores económicos, emocionales y culturales; donde convergen aspiraciones de movilidad social, carencias afectivas y nuevas formas de relación.

En una ciudad donde cada vez es más visible, la pregunta permanece abierta, si es una elección libre o de una respuesta a condiciones que limitan otras oportunidades.

Mientras tanto, la práctica continúa expandiéndos en conversaciones privadas, en redes sociales y en espacios cotidianos donde, para muchos, ya forma parte de una nueva normalidad.