Chihuahua, Chih.- Lo que inició como una respuesta a un problema cotidiano terminó convirtiéndose en un negocio que hoy forma parte de la vida diaria de decenas de familias del norte de la ciudad. Hace algunos años, cuando Carolina Mascorro y su familia llegaron a vivir al fraccionamiento Quinta San Carlo, descubrieron que conseguir un producto básico implicaba recorrer varios kilómetros hasta un supermercado, incluso si únicamente necesitaban un litro de leche o un cubo de consomé.
Esa necesidad fue la que dio origen a Abarrotes San Carlo, una tienda que comenzó prácticamente desde cero y que, con el paso del tiempo, logró consolidarse gracias a la cercanía con sus clientes, el trabajo familiar y la capacidad de adaptarse a las necesidades de la colonia.
Carolina recuerda que en aquel entonces no existía ningún establecimiento cercano donde comprar los artículos indispensables que suelen hacer falta de un momento a otro.
"Si se terminaba la leche o necesitabas algo tan sencillo como un cubito de tomate, había que ir hasta el supermercado. Entre ir y regresar se perdía al menos una hora, y muchas veces terminabas comprando otras cosas porque ya estabas ahí", comentó.
Fue entonces cuando ella y su familia comenzaron a analizar la posibilidad de abrir una pequeña tienda de abarrotes. Más que un proyecto de negocios, explica, buscaban ofrecer un servicio que hacía falta en la zona y que beneficiara a todos los habitantes del fraccionamiento.
“Si se terminaba la leche o necesitabas algo tan sencillo como un cubito de tomate, había que ir hasta el supermercado. Entre ir y regresar se perdía al menos una hora ahí”
El camino no fue sencillo. Al tratarse de un desarrollo habitacional abierto, algunos vecinos manifestaron su inconformidad con la instalación del negocio. Sin embargo, Carolina ya contaba con todos los permisos necesarios y decidió seguir adelante.
"Nos aventuramos sin saber cómo iba a resultar. No era un negocio familiar heredado, empezamos completamente desde cero y fuimos aprendiendo sobre la marcha", relató.
Uno de los principales aprendizajes, asegura, ha sido la importancia de la administración. Aunque muchas personas creen que una tienda de abarrotes genera grandes ganancias, la realidad es distinta.
Explicó que el dinero entra poco a poco y gran parte debe reinvertirse constantemente para mantener surtido el negocio. Además, escuchar las peticiones de los clientes implica asumir riesgos, pues algunos productos se venden una sola vez y representan pérdidas, mientras que otros terminan convirtiéndose en artículos muy solicitados.
Con el paso de los años, la tienda enfrentó un reto mayor: la llegada de una cadena nacional de conveniencia prácticamente enfrente del establecimiento. Pese a ello, Abarrotes San Carlo continúa operando y conserva una clientela fiel.
Para Carolina, la diferencia no está únicamente en los precios, sino en el trato cercano que ofrecen.
"Con muchas familias ya existe un vínculo de amistad. Ya nos conocen, nos encargan cosas, nos dejan paquetes y hasta nos han pedido cuidar unos minutos a sus hijos mientras llega algún familiar. Ya es más que una tienda", explicó.
Ese ambiente familiar también se refleja detrás del mostrador. En el negocio participan su esposo, sus hijos y ella misma, quienes atienden diariamente a los clientes y buscan mantener un servicio personalizado.
Además del trato, procuran ofrecer productos que difícilmente están en las grandes cadenas: tortillas recién hechas por la mañana, frijoles calientes y alimentos preparados diariamente, además de artículos básicos para quienes buscan una compra rápida.
Carolina destaca que muchas personas llegan con un presupuesto limitado y encuentran opciones accesibles.
"Hay quienes traen 30 pesos y aquí pueden llevarse un pan dulce, un refresco y hasta un dulce. Tratamos de pensar en la economía de la gente y ofrecer alternativas", comentó.
Más allá de las ventas, Abarrotes San Carlo se ha convertido en un espacio donde
“Con muchas familias ya existe un vínculo de amistad. Ya nos conocen, nos encargan cosas, nos dejan paquetes y hasta nos han pedido cuidar unos minutos a sus hijos mientras llega algún familiar"
los vecinos conviven, apoyan y fortalecen la relación entre quienes habitan el sector. Lo que nació para resolver la falta de un comercio cercano, hoy representa un ejemplo de cómo los pequeños negocios sobreviven frente a las grandes cadenas gracias a la confianza, el servicio y el sentido de comunidad que construyen día con día. (Mauricio Luján / El Diario)