Viernes después de Corpus, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Contemplemos en la Eucaristía el Corazón del Señor. Reflexionemos a la luz del magisterio de varios papas.

-La gran verdad

En medio de las tribulaciones que afligen los corazones de hombres, pueblos y naciones, recordemos la gran verdad de nuestra existencia: ¡Dios nos ama!

Es la verdad que da sentido a todo. Él no sólo nos ama, su corazón se estremece de compasión (1), y si entendiéramos cuánto, lloraríamos de gozo. ¡Nada más necesita nuestra confianza que la esperanza que nos da el corazón herido de Jesús!, especialmente hoy, cuando "la Iglesia ofrece a la contemplación el misterio del corazón de un Dios que se conmueve y derrama todo su amor sobre la humanidad. Un amor misterioso, la inconmensurable pasión de Dios por el hombre" (2).

-Fiesta de contemplación Este día la perfecta imagen del amor de Dios, que alcanza mas allá de la muerte, se nos ofrece en la contemplación del costado abierto de Jesús, donde late su corazón (2). La Liturgia, en el Evangelio nos invita a contemplarlo (Jn 19, 34-36) y a recibir el manantial que brota de él: "puesto que el amor de Dios tiene su expresión más profunda en la entrega de Cristo en la cruz, al contemplar su sufrimiento y muerte reconozcamos cada vez más profundamente el amor sin límites de Dios por nosotros, misterio que constituye el centro del culto y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús" (3).

-Sintetiza la espiritualidad cristiana

Si el culto y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se alimentan del misterio del amor de Dios latiendo en el corazón del Crucificado, se convertirán en Evangelio vivo. En el Evangelio se fundamentan, por eso son tan antiguos como el cristianismo: nacieron al pie de la Cruz, cuando la Virgen Madre y Juan evangelista comprendían que el Amor Encarnado es el único capaz de dar la vida. Años después Juan constataría en sus escritos: "sólo se puede ser cristiano dirigiendo la mirada a la cruz de nuestro Redentor, al que traspasaron" (3).

-Fuego que transforma Jesús no quiere nuestro amor sólo para él, sino para redirigirlo al Padre en el Espíritu Santo, luego de transformarlo en las llamas de su propio amor. "Nuestra relación con el Corazón de Cristo se transforma bajo ese impulso del Espíritu, que nos orienta al Padre, fuente de la vida y último origen de la gracia. Cristo no desea que nos detengamos sólo en Él. Su amor es 'revelación de la misericordia del Padre'", en su Corazón late el Evangelio entero, la verdad en que creemos, todo cuanto adoramos y buscamos en la fe, lo que más necesitamos. En él reside su amor, de él mana la vida de la gracia, en él cada uno se siente valorado, reconocido y amado por sí mismo... motiva un cambio de vida fundado en el amor, el cual se expresa como respuesta a la dulzura del amor de Cristo" (3).

-¿Quién nos lo arrebatará? Ante el Corazón de Jesús entendemos cada vez más que: "si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica, ¿quién condenará? ¿Cristo Jesús, que murió, resucitó y está a la derecha de Dios intercediendo por nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Estoy convencido: ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor" (Cf. Ro 8, 31-35.38-39).

-De Él llenemos la tierra Es imposible amar a Dios sin amar al prójimo, especialmente, a los pobres: "El amor al prójimo representa la prueba tangible de la autenticidad del amor a Dios. Los verdaderos cristianos no dejan de lado el amor a los necesitados. Si Cristo está en vosotros, dadlo" a todos (5).

(1)Cf. Benedicto XVI; vigilia de oración, JMJ 2011 (2)Cf. B. XVI, homilía apertura Año Sacerdotal, 2009 (3)Cf. B. XVI, carta por 50 años de la Encíclica Haurietis Aquas (4)Cf. Francisco, Dilexit nos, 77 y 177 (5)Cf. Papa León, Dilexi te, 26