Chihuahua, Chih.- La tarde del jueves 11 de junio comenzó con ilusión para miles de aficionados al futbol, con el sudor corriendo por la frente, ya que el desierto no perdona ni en los eventos donde tienen su punto de reunión las masas. Desde la una de la tarde, familias enteras, grupos de amigos y seguidores de la Selección Mexicana permanecieron atentos al encuentro entre México y Sudáfrica. El silbatazo final confirmó la victoria de los uniformados de verde, blanco y rojo por marcador de 2-0, desatando una ola de festejos que rápidamente se trasladó a uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad: la glorieta de Pancho Villa.
Poco a poco, caravanas de vehículos repletos de gente comenzaron a llegar al lugar. Los cláxones resonaban sin descanso aturdiendo al que quisiera guardar silencio, mientras banderas mexicanas ondeaban desde las ventanillas. Niños, adolescentes y adultos se congregaron alrededor de la glorieta para celebrar el triunfo del representativo nacional. El ambiente era de alegría y convivencia. Muchos portaban playeras de la Selección, sombreros tricolores y diversos artículos alusivos al equipo mexicano.
Durante las primeras horas, la celebración transcurrió entre porras, cánticos y muestras de entusiasmo. Decenas de familias aprovecharon la ocasión para tomarse fotografías y participar en una celebración que, por momentos, recordó las grandes concentraciones deportivas que históricamente han tenido lugar en este punto de la capital.
Sin embargo, conforme avanzó la tarde, el ambiente comenzó a transformarse y las gargantas secas comenzaban a raspar cada vez más. El consumo de bebidas alcohólicas fue cada vez más evidente entre los asistentes; los que no tenían, corrían al supermercado más cercano y traían provisiones de seis o 12 latas. Cerveza y botellas de tequila aparecieron en distintos grupos que permanecían en la glorieta, mientras la música y los gritos aumentaban de intensidad.
Entre la multitud también fue posible observar conductas que generaron preocupación. En uno de los momentos más comentados de la jornada, un hombre fue visto quemando la misma hierba “que apesta a zorrillo” a plena vista, incluso en presencia de menores de edad que aún permanecían en el sitio acompañados por sus familias. La escena provocó incomodidad entre algunos asistentes, quienes mejor emprendieron la huida antes de que el tufo les hiciera perder los cinco sentidos.
Las horas siguientes estuvieron marcadas por los excesos. Algunos individuos visiblemente hasta las chanclas comenzaron a protagonizar discusiones y confrontaciones para ver quien era el macho alfa de la manada. Los intercambios de insultos y empujones hicieron pensar por momentos que podrían registrarse peleas.
Un grupo de personas que viajaba en la parte trasera de una camioneta tipo pick up cayó al pavimento cuando el conductor realizaba una vuelta alrededor del monumento, dejándole marcas del pavimento en la espalda y un caminar rengo, ya que quedó lastimado una de sus piernas.
Mientras la tarde daba paso a la noche, muchas familias comenzaron a abandonar el lugar. Los niños dejaron de ser una presencia constante y la celebración quedó principalmente en manos de grupos de adolescentes y adultos que continuaron vaciando botes y recorriendo la glorieta en vehículos.
La fiesta se prolongó durante varias horas más. Lo que al inicio había sido una celebración multitudinaria y familiar terminó convertida en una borrachera donde predominaba la “cheve” y el tequila, la música y los restos de una jornada de festejos que parecía no tener fin.
Al amanecer del día siguiente, la glorieta de Pancho Villa mostraba una imagen muy distinta a la observada durante las primeras horas de celebración. Latas de cerveza, botellas de vidrio, vasos desechables, envases de plástico, bolsas y latas de serpentinas utilizadas durante los festejos permanecían dispersas en distintos puntos del lugar y sus alrededores.
Ante esta situación, personal de la Dirección de Mantenimiento Urbano implementó un operativo especial de limpieza para atender los residuos generados por la concentración masiva.
Desde temprana hora, cuadrillas municipales realizaron recorridos por toda la glorieta y las vialidades cercanas para recolectar la basura acumulada que habían dejado los borrachines, además de efectuar trabajos de barrido manual y limpieza general.
De acuerdo con información oficial, las labores permitieron retirar poco más de 300 kilogramos de residuos sólidos. Los trabajadores dedicaron varias horas a devolver el orden y la buena imagen a uno de los espacios públicos más representativos de la ciudad.
Una vez concluidos los trabajos, la glorieta de Pancho Villa quedó nuevamente limpia y en condiciones para el tránsito vehicular y peatonal.
Así terminó una jornada que inició con la emoción por la victoria de la Selección Mexicana y concluyó dejando una de las postales más contrastantes del festejo: la alegría de miles de aficionados celebrando un triunfo nacional y, horas después, más de 300 kilogramos de basura como evidencia de una larga noche de celebración en la capital del estado.