Chihuahua, Chih.- En pleno corazón ciudad de Chihuahua, sobre el corredor peatonal de la calle Victoria, la resistencia cultural rarámuri se manifiesta no sólo en su indumentaria tradicional, sino en la continuidad de sus saberes artesanales adaptados a la economía urbana.
A través del comercio semifijo, mujeres de esta etnia transforman el espacio público en un punto de encuentro entre sus tradiciones ancestrales y la necesidad de subsistencia en un entorno económico globalizado.
Sentada la una y recostada la otra, sobre mantas extendidas directamente en las aceras adoquinadas del Centro Histórico, las artesanas exhiben una variedad de productos que reflejan la cosmovisión y el manejo de recursos naturales de la Sierra Tarahumara.
Entre los objetos ofertados destacan las tradicionales “coritas” —cestas tejidas con fibras de sotol o palmilla—, utensilios de cocina de madera tallada como molinillos y cucharas, instrumentos musicales como flautas de carrizo, y juguetes a escala que replican camiones de carga locales.
La actividad comercial en la calle Victoria funciona también como un mecanismo de preservación cultural.
Al elaborar y vender estas piezas, las artesanas mantienen vigentes técnicas de tejido y tallado heredadas por generaciones, al tiempo que agregan nuevos elementos decorativos, como la bisutería de cuentas multicolores y muñecas de tela vestidas con el uso de la “sipúchaka” (falda plisada) y la “koyera” (pañuelo de cabeza), prendas que ellas mismas portan con orgullo durante sus jornadas laborales.
La calle Victoria está consolidada como un escaparate donde la artesanía rarámuri no sólo opera como un bien de consumo para locales y turistas, sino como un testimonio vivo de la identidad indígena que resiste y se adapta en el núcleo de la capital chihuahuense.