Chihuahua, Chih.- Entre risas, recuerdos y manos firmes para no derramar una sola gota, meseros de varias generaciones celebraron 97 años de historia sindical con una carrera que se ha convertido en una de las tradiciones más queridas del gremio gastronómico de Chihuahua.
La escena parece sencilla, pero para quienes conocen el oficio, llevar una charola llena sin perder el equilibrio es casi un arte.
Cuatro vasos con agua y, en medio, una botella de cerveza. Esa es la carga que deben llevar los participantes durante una vuelta en la tradicional carrera de meseros que, año tras año, reúne a trabajadores en activo, jubilados y familias enteras en el corazón de Chihuahua.
Aquí no basta con correr.
Hay que saber caminar con cuidado, controlar los nervios, mantener firme la mano y, sobre todo, evitar que el agua termine en el suelo. Porque en esta competencia puede llegar primero un corredor, pero ganar quien consiga llegar a la meta con la mayor cantidad de líquido en su charola.
La carrera forma parte de los festejos por el 97 aniversario del Sindicato de la Industria Hotelera y Gastronómica, Sección 32 de la CTM, una organización que durante casi un siglo ha acompañado a generaciones de trabajadores de restaurantes y hoteles.
Pero detrás de la competencia hay mucho más que una carrera.
Hay historias de vida.
Jesús Granados, integrante del sindicato, cuenta que esta tradición tiene más de 50 años y que con el paso del tiempo se ha convertido también en una manera de reencontrarse con viejos compañeros.
Cada aniversario aparecen nuevamente los nombres de quienes durante décadas fueron parte de la vida gastronómica de Chihuahua, algunos de ellos ya retirados y otros que simplemente dejaron de estar.
“Es algo que no se olvida”, resume al recordar a aquellos compañeros que hicieron del servicio su forma de vida.
De los 17 años a toda una vida
Luis Mendoza sabe perfectamente lo que significa pasar la vida detrás de una charola.
Tenía apenas 17 años cuando comenzó a trabajar en el Hotel Victoria. Hoy tiene 68 y, cuando habla de aquellos años, los recuerdos parecen regresar uno tras otro.
Por las mesas del hotel desfilaron gobernadores, presidentes municipales y personajes de la política nacional. Recuerda haber atendido a figuras como Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Vicente Fox, además de personajes de la vida pública de Chihuahua.
Después llegó al restaurante La Olla, donde también vivió innumerables historias.
Cinco décadas después, sigue hablando de su oficio con orgullo.
Y es que ser mesero, explica la experiencia de quienes lo han ejercido durante tantos años, no solamente consiste en llevar alimentos a una mesa. Es aprender a tratar con personas, conocer sus gustos, escuchar historias y, muchas veces, convertirse en testigo silencioso de momentos importantes.
El oficio que también hizo historia
Entre los asistentes también estuvo Marcelo Torres Chacón, quien comenzó a trabajar en el restaurante El Taquito cuando tenía 26 años.
Con el paso de los años fue ascendiendo hasta convertirse en parrillero profesional y posteriormente tuvo sus propios negocios, entre ellos El Rey del Taco y La Parrilla Norteña.
Por sus mesas pasaron políticos, empresarios, deportistas y personajes que dejaron huella en Chihuahua.
Recuerda especialmente los años en que recibió en su restaurante a integrantes de la Liga Mexicana de Béisbol y cómo, desde aquel lugar, se tejieron incluso historias relacionadas con el regreso del béisbol profesional a Chihuahua.
También recuerda a políticos que frecuentaban sus establecimientos, entre ellos Manuel Bernardo Aguirre, Óscar Ornelas, Saúl González y Fernando Baeza.
Son recuerdos que permanecen en la memoria de quienes dedicaron décadas al oficio.
Una carrera que reúne generaciones
La competencia se desarrolla por rondas. Hombres y mujeres participan y, dependiendo del número de inscritos, se realizan varias eliminatorias hasta llegar a la gran final.
Los premios son económicos, pero para muchos de los participantes el verdadero premio está en volver a encontrarse con sus compañeros.
Doroteo Zapata, dirigente de la CTM, acompañó a los trabajadores durante la celebración y destacó la importancia de reconocer la labor de quienes diariamente atienden a la población en restaurantes, hoteles y establecimientos gastronómicos.
Y no todos pueden darse el lujo de correr.
Algunos tienen que estar trabajando. Los que sirven desayunos difícilmente pueden abandonar sus mesas por la mañana; otros deben permanecer atendiendo las comidas o preparando el servicio de la tarde.
Por eso, quienes logran participar aprovechan el momento.
Durante unos minutos dejan atrás el trabajo, toman una charola y vuelven a ser compañeros de una misma historia.
Al terminar la carrera, la celebración continuó con una comida en las instalaciones del sindicato, donde nuevamente aparecieron las anécdotas, los abrazos y los recuerdos de aquellos meseros que ya no están.
Porque quizá la charola cambió, los restaurantes desaparecieron y los años pasaron, pero la tradición permanece.
Y mientras haya una nueva generación dispuesta a tomar una charola, llenar cuatro vasos, colocar una botella al centro y correr sin derramar una gota, la historia de aquellos primeros meseros seguirá caminando por las calles de Chihuahua.