Chihuahua.- Desde poco antes de las 8 de la mañana, la avenida Tecnológico comenzó a mostrar que las vacaciones habían terminado. Los automóviles avanzaban lentamente, las filas se alargaban y algunos claxons sonaban con insistencia mientras los conductores buscaban llegar a tiempo para dejar a los niños en la escuela.

Frente a la Ciudad Deportiva, la escuela Carmen Romano fue uno de los puntos donde se concentró una gran cantidad de vehículos. Aunque la entrada estaba programada para las 8:00, desde las 7:30 comenzaron a llegar los primeros padres de familia con sus hijos.

En algunos carros los niños esperaban tranquilos, mientras otros bajaban rápidamente con sus mochilas al hombro. Los padres aprovechaban los espacios para estacionarse o detenerse unos momentos y acompañarlos hasta la entrada del plantel.

Para los alumnos que comenzaban primero de primaria, la mañana tenía un significado especial. Era el primer día en una escuela nueva, con maestras y compañeros a los que apenas comenzarían a conocer. Algunos llegaban con emoción y curiosidad, mientras sus papás caminaban con ellos hasta los salones.

Las maestras esperaban en la entrada para recibir a los alumnos. Conforme los niños iban llegando, los saludaban y les indicaban hacia dónde dirigirse. En el caso de los pequeños de primero, varios padres entraron con ellos para ayudarlos a sentirse más seguros antes de dejarlos en sus grupos.

La maestra Leonor López explicó que recibir nuevamente a los alumnos es un proceso que comienza mucho antes de que suene el primer timbre. Comentó que la organización empieza desde el ciclo escolar anterior, con la asignación de salones y posteriormente con los trabajos de limpieza y preparación de los espacios durante las vacaciones.

Durante la semana de capacitación, agregó, los maestros también tienen oportunidad de preparar sus salones y dejar todo listo para recibir a los estudiantes.

Para López, volver a ver a los niños después de las vacaciones sigue siendo una experiencia que provoca emoción, incluso después de varios años frente a un grupo.

“Es algo muy agradable para quienes nos dedicamos a esto”, comentó. Dijo que cada ciclo escolar le sigue causando emoción y hasta nervios, algo que, aseguró, nunca termina por desaparecer.

Mientras los niños entraban, los padres también llevaban parte de los materiales solicitados para este regreso. Entre las mochilas y bolsas podían verse artículos de higiene que los estudiantes utilizarán durante su estancia en la escuela.

Para las familias, regresar a clases también significó volver a los horarios que habían dejado atrás durante las vacaciones. Carlos Rubalcaba, padre de familia, contó que durante el periodo vacacional estuvieron fuera de la ciudad y que ahora tocaba comenzar nuevamente con la rutina.

“Fue toda una dinámica de empezar otra vez”, explicó, principalmente porque había que volver a levantar a los niños temprano y organizarse para llegar a tiempo a la escuela.

En su casa, dijo, comenzaron a retomar los horarios de sueño. La idea es que alrededor de las nueve de la noche sus hijos ya estén pensando en ir a la cama y que para las diez apaguen las luces, con el objetivo de levantarse cerca de las seis de la mañana.

Ese lunes, al menos, la emoción del primer día ayudó. Rubalcaba comentó que a su hijo no le costó levantarse, aunque señaló que habrá que ver cómo responde en los siguientes días, cuando la novedad del regreso haya pasado.

Su hijo ingresó a tercero B, por lo que para él no se trataba de conocer una escuela nueva, pero sí de regresar después de varias semanas de vacaciones y volver a encontrarse con sus compañeros.

Afuera, la situación seguía siendo diferente. La avenida Tecnológico mantenía un flujo importante de vehículos y los alrededores de la Carmen Romano continuaban con movimiento de padres que llegaban, dejaban a sus hijos y buscaban incorporarse nuevamente al tráfico.