Cd. de México.- Para declarar su amor a los pueblos indígenas de México, Andrés Manuel López Obrador ocupó las 632 páginas de su nuevo libro, "Grandeza".
Para asegurar que es un amor de papel, líderes indígenas recuerdan el veto que hizo de la reforma indígena que le propusieron, la reducción de más de 2 mil millones del presupuesto al sector, la imposición en territorios indígenas de megaobras como el Tren Maya y el Interoceánico o la legalización del despojo de miles de hectáreas y del agua del Río Yaqui que Lázaro Cárdenas les había dado a los pueblos indígenas.
"López Obrador es el Presidente más anti indigenista que ha habido en la historia de México", asegura el autor del libro "Autonomías y Derechos Indígenas", Francisco López Bárcenas, investigador mixteco y ex asesor del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
En su libro, el ex Presidente López Obrador exalta a los pueblos indígenas ("Por su gran legado de libertad, fraternidad, creatividad y humanismo"), niega toda la investigación académica sobre las civilizaciones prehispánicas, llama "benditas culturas" a los pueblos indígenas y los hace ver como menores de edad, incapaces de cualquier mala acción.
"Ya me imagino toda la propaganda vacía, si tuviera que leer sobre la época prehispánica, leería de especialistas en la materia", dice López Bárcenas.
"Si ahí dice que ayudó y que ama a los pueblos indígenas, eso es mentira. A nivel nacional, nos dejó más afectados", añade el líder yaqui César Cota Tórtola quien encabeza la lucha contra el Distrito de Riego 018.
En su Plan de Justicia para el Pueblo Yaqui, López Obrador ordenó restituir 30 mil hectáreas que Lázaro Cárdenas les dio a esas comunidades originarias en 1940, pero que fueron invadidas por ganaderos, y dotarlos de 673 mil metros cúbicos de agua del Río Yaqui, pero les dio hectáreas sin agua y dispuso que el distrito se surta de la presa Oviáchic, la más al sur de las tres que retienen el agua del Río Mayo y que por eso casi está vacía.
"Nos legalizó el despojo", resume Cota Tórtola.
Fue el 28 de septiembre de 2021, en la presentación del Plan de Justicia, en Vícam, Sonora, cuando representantes indígenas le entregaron a López Obrador las 180 páginas de una propuesta de reforma consensuada en 54 foros, 62 asambleas y dos consultas nacionales.
La iniciativa proponía reformas a 8 artículos, adiciones a otros 13, y, en su parte medular, reconocía el derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación, a ser reconocidos como sujetos de derecho público con personalidad jurídica y patrimonio propio, a "poseer, utilizar, desarrollar y controlar las tierras, territorios y recursos o bienes naturales que tradicionalmente han poseído, ocupado o utilizado, así como aquellos que hayan adquirido de otra forma".
"Obrador toma la propuesta y la mete bajo su brazo y no dicen: gracias, no dicen que bueno que trabajaron, no dicen la voy a revisar, no dicen absolutamente nada; se baja del podio y se va", recuerda López Bárcenas. La congeló tres años. El último día de su Gobierno, el 30 de septiembre de 2024, publicó la que él y su grupo de asesores redactaron. Una reforma a un solo artículo, el Segundo constitucional. Ahí elogia "la grandeza de sus pueblos y culturas", pero niega la libre determinación de los pueblos indígenas.
La libre determinación se ejercerá en un marco "que asegure la unidad nacional", indicó la reforma presidencial. Les da derecho sobre sus territorios y recursos, "salvo aquellos que corresponden a las áreas estratégicas", y reconoce su derecho a ser consultados, pero solo cuando se determine que los proyectos tendrán "impactos significativos" para ellos. Además, acota a que sólo las comunidades indígenas pueden reclamar por la vía legal la falta de consulta.
COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS
Ante los pueblos indígenas, López Obrador actuó como Carlos Salinas, como Vicente Fox o Ernesto Zedillo, sostiene López Bárcenas, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y autor de "El derecho de los pueblos indígenas de México a la consulta".
Pero incluso con el tabasqueño fue peor, ya que si en 2003, en el Gobierno de Vicente Fox, se creó la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos indígenas (CDI), y en 2012, en el último año de Felipe Calderón, recibió 10 mil millones de pesos, en el último año de López Obrador, el 2024, el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) tuvo apenas 4 mil 321 millones.
"López Obrador redujo todavía más el presupuesto que ya tenían los pueblos. Le quitó el presupuesto a los programas directos a pueblos indígenas y lo pasó a programas asistenciales para conseguir votos", acusa.
"No puede haber trato igual entre los desiguales", acostumbraba decir López Obrador. Sin embargo, nunca explicó por qué un anciano indígena debe recibir el mismo monto de la Pensión del Bienestar --6 mil 200 pesos cada dos meses-- que un senador como Gerardo Fernández Noroña, que gana más de 130 mil pesos mensuales y vuela en primera clase. Quizás por eso, a pesar de los miles de millones de pesos que comenzó a repartir de manera directa, la población indígena, los más pobres, no ha sido la más beneficiada.
El informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de 2024 que reportó que 13.5 millones de mexicanos salieron de la pobreza entre 2018 y 2024 también indicó que no hubo reducción entre los hablantes de una lengua indígena: 5.3 millones tanto en 2018 como en 2024 que equivalen al 66.3 por ciento del total, más del doble de la media nacional que fue de 29.6.
Ya desde 2022, el extinto Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) advertía la división que se generaba en las comunidades entre quienes recibían los apoyos y los que se quedaban sin él. Los de Sembrando Vida, por ejemplo, los reciben 400 mil personas, sin explicación de cómo finalmente se eligen.
LA IMPOSICIÓN DE PROYECTOS
Edgar Martín, un activista zapoteco que ha tenido que recibir protección federal por su oposición contra la destrucción del Interoceánico, otro de los trenes promovidos por López Obrador, asegura que el tabasqueño utilizó el discurso indígena para imponer proyectos que arrasan con los recursos de las comunidades originarias.
El Ramal K del Tren, por ejemplo, que va de Ixtepec, Oaxaca, a Ciudad Hidalgo, Chiapas, pasa por concesiones mineras que no habían operado porque no había forma de sacar el material.
"Lo que creemos es que el Gobierno nunca quiso decir que, en realidad, el tren es la punta de lanza para abrir caminos y sacar el material", señala.
Con el discurso indígena, más el reparto de dádivas en programas como Sembrando Vida, caminos artesanales o fertilizantes, el ex Presidente cooptó los liderazgos indígenas o destruyó los que existían, aseguran los entrevistados.
"El Gobierno creó liderazgos paralelos, ya no deciden en asamblea y ahora los está sustituyendo gente que está en el Programa Sembrando Vida", dice Martín.
De esa manera, agrega Cota Tórtola, atribuye que el ex abogado del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) Hugo Aguilar Ortiz, indígena mixteco sin gran trayectoria, haya quedado como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la primera elección con voto directo.
Aguilar fue uno de los encargados de garantizar las consultas indígenas sobre megaproyectos, como el Tren Maya, un polémico proyecto que, según la Misión Civil de Observación sobre Impactos y Afectaciones, concluyó que las consultas fueron simuladas, que se hicieron cuando ya había arrancado el proyecto y que se violaron todos los estándares.
El informe concluyó además que el Tren Maya aumentó la militarización de los territorios indígenas, incrementó las violencias criminales e institucionales, generó daños irreparables a los ecosistemas y a los medios de vida de las comunidades locales y elevó hasta en un 400 por ciento el precio de las tierras por la especulación inmobiliaria, uno de los motivos por los que López Obrador canceló el aeropuerto en Texcoco.
"López Obrador repartió dinero y luego colocó a Hugo Aguilar en la Corte, porque él no ganó cabalmente, sino que recibió el voto de las personas mayores que habían recibido el dinero y que luego tuvieron los acordeones para saber por quién tachar. ¿Ahora cómo va a fallar a favor de nosotros, si él mismo fue el que violó nuestros derechos? Yo fui hace un mes a México y se lo dije de frente", dice Cota Tórtola.
'NOS DIERON TIERRA SECA'
La población de Pótam, Sonora, donde reside el líder yaqui César Cota Tórtola, ha ganado amparos contra el plan de López Obrador de crear el Distrito de Riego 018 que sería abastecido por la presa Oviáchic, que se encuentra debajo del Novillo y la Angostura y retienen toda el agua que desde 1940 Lázaro Cárdenas ordenó que sería para ellos y sus 30 mil hectáreas hoy invadidas por ganaderos.
Les tocan 673 mil metros cúbicos de agua al año, dice el artículo tercero del Decreto que López Obrador presentó el mismo día en que pidió perdón al pueblo yaqui. Pero luego añade: "esto en función de la disponibilidad hídrica en la cuenca".
Cota Tórtola se ríe con humor negro. "La presa está vacía. Nos dieron tierra seca de los cerros".
Acusa que cualquier halago de López Obrador a los pueblos indígenas es "de dientes para afuera". Y de hecho, el libro del ex Presidente, un nieto de español, está lleno de ellos. "Es indudable que en la época prehispánica existió la democracia; es decir, el gobierno del pueblo y para el pueblo", asegura López Obrador.
"La honestidad era un distintivo de los antiguos pobladores", "No existía la avaricia en el México prehispánico", agrega, en esa loa que luego parece un elogio a sí mismo.
"(La Conquista) no dejó nada bueno, o casi nada", anota el tabasqueño. Algo parecido repiten los activistas indígenas sobre el Gobierno del ex Presidente que se refiere a ellos como si fueran niños indefensos.
"López Obrador se quedó en el paternalismo de los años 70, y no entiende que los indígenas son pueblos, que estamos en el siglo 21 y que los estados nacionales ya no funcionan como fueron para nuestro País en el siglo diecinueve", concluye López Bárcenas, con tristeza, pues recuerda que le tenía confianza.
"A mí me parece que eso que hace es una vez más la burla, jugar con la gente originaria que, en un momento dado creyó en él o que siguen creyendo en él. Después de que nos hizo tanto daño, ahora sale a decir: 'ah, qué bien hice con los indígenas y qué cosas buenas se merecen los indígenas'", expresa el poeta y activista maya Pedro Uc, ganador del homenaje de Literaturas en Lenguas Originarias de América, de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, en 2023, y uno de los denunciantes de los daños del Tren Maya en la península de Yucatán.
Uc reprocha la "imposición" del Tren Maya que cruzó la selva de Yucatán, sobre zonas arqueológicas o que incluso derribó millones de árboles, destruyó al menos 125 cenotes, según una Misión Civil de Observación, y subió su precio de 150 mil millones a más de 500 mil millones.
A pesar de esto y aunque López Obrador aseguró que el tren no tiene afán de lucro, sino de "devolverle el orgullo" a los mayas, la población de la península, con descuento para el tren, lo ocupan apenas el 30 por ciento de los usuarios, según cifras oficiales.
Grandeza, por otra parte, con costo de 450 pesos por ejemplar, ha estado agotado, el principal comprador ha sido el propio dirigente de Morena en el Senado, Adán Augusto López Hernández, quien en un solo año al frente de la Cámara alta ha ejercido discrecionalmente mil 894 millones de pesos.
'EL MEJOR INDIO ES EL INDIO MUERTO'
De los 20 libros que ha publicado Andrés Manuel López Obrador, Grandeza, con sus 632 páginas, no es el más grande. Es el segundo. El Poder en el trópico, de 2015, sobre la historia y la política de Tabasco, tiene 832. Gracias, de 2024, con el recuento de su gobierno, 560. Pero es el más abierto.
Escrito en su retiro de su búsqueda del poder político, lo mismo carga contra Carlos Darwin ("no ocultaba su desprecio por los pobres y los 'inferiores'"), la iglesia católica ("se ha convertido en un simple ritual, alejado de la doctrina de Jesús") y la inteligencia artificial ("puede llegar a saber acerca de los deseos y el estado de ánimo de las personas, pero no la bondad de los seres humanos"), hace el recuento de los huesos de mamut sacados de los terrenos del AIFA, cita los Evangelios y las máximas del emperador Adriano en la novela de Margarite Yourcenar, repasa la historia de Egipto, Babilonia, Persia, India, China y el imperio romano, reconoce a "el maestro Roger Bartra", a quien descalificó como Presidente, o transcribe en 26 páginas seguidas la tercera Carta de Relación de Hernán Cortés, de 1522.
La cita más breve debe ser la del irlandés Philip Henry Sheridan, General durante la guerra de exterminio de indígenas Kiowa, en 1869: "El mejor indio es el indio muerto".
El ex Presidente dedica su último libro "a los pueblos indígenas de México, por su gran legado de libertad, fraternidad, creatividad y humanismo".
Aunque se enfoca casi por completo en los pueblos indígenas de antes de la llegada de los españoles. "Los antiguos mexicanos tenían el gusto de admirar las flores", dice.
Los más polémico ya ha sido reseñado: Que la Conquista "no dejó nada bueno, o casi nada"; la negación de que los sacrificios humanos, documentados por la academia, existieran en las culturas prehispánicas, que los tzompantlis o altares de cráneos humanos pudieron ser panteones donde se veneraban los huesos de "gente distinguida de Tenochtitlán", y que los súbditos de los aztecas podían vivir en libertad "siempre y cuando" pagaran tributo.
En ese mundo idílico, asegura López Obrador, nieto de un español, no había afán de lucro o de acumular bienes materiales, la tierra era comunal, había ayuda mutua, no existía el robo.
"En los pueblos del México profundo se conserva aún la esencia de la civilización mesoamericana y existe una reserva de valores culturales, morales y espirituales que nos alimentan y nutren", añade.
A los pueblos indígenas actuales, que se opusieron a sus megaproyectos como el Tren Interoceánico, que se descarriló en diciembre y dejó 14 muertos, apenas los menciona. Una de las pocas ocasiones le sirve para recordar el programa "Caminos Artesanales", que como Presidente, ejecutó en Oaxaca.
"Algo maravilloso en todo sentido", afirma.
Al final de Grandeza, el tres veces candidato presidencial de 2006 a 2018, recomienda poner en alto el ideal comunitario y sin ambiciones que imagina en los pueblos indígenas.
"No debemos olvidar que la tragedia que más nos ha dañado y atormentado está vinculada al «instinto bestial» que se alimenta de la ambición enfermiza por el poder y el dinero", alecciona.