Un domingo de fiesta entre pobladores, comerciantes y visitantes se convirtió el pasado 30 de agosto en Ojocaliente, Zacatecas, en una noche de estallido, narcoviolencia y gritos.
Grupo REFORMA recorrió las calles de este Municipio ubicado a 50 kilómetros de la capital estatal para registrar cómo es la vida después de un cochebomba en plena cabecera municipal.
ESTRUENDO Y CAOS
Faltaban unos diez minutos para la coronación.
El jardín estaba abarrotado. Familias, comerciantes y visitantes esperaban el arranque oficial de la "Feria Regional de la Tuna y de la Uva" cuando un estruendo sacudió el centro de Ojocaliente.
Fue un ruido seco, fuerte. Cimbró la tierra. Durante unos segundos nadie supo qué había ocurrido.
La gente comenzó a voltear hacia todos lados. Algunos corrieron. Otros permanecieron inmóviles tratando de identificar de dónde había venido la explosión.
La primera explicación que circuló entre los vecinos fue casi tranquilizadora, se dijo que había explotado un transformador.
"Fue un transformador", se repetían unos a otros, según versiones de diversos habitantes recopiladas por Grupo REFORMA.
Desde las viviendas cercanas comenzaron a observarse fuego y una columna de humo, recordaron.
Una ambulancia atravesó las calles rumbo a la Comandancia de la Policía Municipal, ubicada sobre González Ortega, a unos minutos caminando del jardín principal.
Entonces se fue la luz.
También desaparecieron la señal telefónica y el internet.
Durante unos cinco minutos, habitantes del centro quedaron sin posibilidad de comunicarse con familiares o confirmar lo que acababa de ocurrir.
Desde balcones y puertas de viviendas se veía correr a la gente.
Los policías que resguardaban las actividades de la feria encendieron sus vehículos. Patrullas comenzaron a movilizarse.
Cuando regresaron las comunicaciones, también comenzaron las llamadas y los mensajes: no había explotado ningún transformador. Era un coche bomba y había estallado frente a la Comandancia. Se dijo desde el primer momento que había heridos.
Unos 10 minutos después del estruendo, una patrulla apareció por las calles del centro.
"Retírense, por favor. Retírense. Resguárdense en sus casas por su seguridad", ordenaba un policía mediante el altavoz.
Entonces comenzó la estampida. Padres cargaron a sus hijos.
Otros los tomaron de las manos y corrieron.
Algunas personas lloraban mientras intentaban comunicarse por teléfono con quienes se habían quedado en casa.
Nadie sabía si habría otra explosión. En cuestión de minutos, el jardín que momentos antes estaba lleno quedó prácticamente vacío.
La coronación se canceló.
COMANDANCIA Y CASAS
La dimensión de la explosión comenzó a conocerse con el paso de las horas.
La Comandancia estaba sobre la Calle González Ortega, en una zona rodeada por viviendas y comercios, y situada a unos cuatro minutos caminando del corazón de Ojocaliente.
El impacto alcanzó decenas de inmuebles.
Al día siguiente, durante una reunión urgente de autoridades municipales y estatales, el balance presentado fue de 62 viviendas con daños estructurales y 11 personas lesionadas.
Siete de los heridos habían sido reportados inicialmente estables y cuatro en "código rojo".
Para el lunes, sólo una persona permanecía delicada.
En algunas viviendas únicamente estallaron cristales. En otras, particularmente las más próximas a la comandancia, los daños fueron mucho mayores.
Todavía después del atentado, personal de Obras Públicas recorría la zona para cuantificar las afectaciones y levantar peritajes.
Los propios vecinos comenzaron a preguntarse por qué la Policía continuaba instalada ahí.
Antes del coche bomba se habían registrado al menos dos agresiones a balazos contra esas instalaciones y el Ayuntamiento ya había realizado gestiones para construir una nueva sede policial en las afueras de Ojocaliente.
La primera etapa estaba calculada en 8 millones de pesos.
El Municipio disponía de 4 millones y esperaba una aportación similar del Gobierno estatal. El proyecto no ha arrancado.
FIESTA FALLIDA
El domingo debía ser de fiesta. Después de la explosión, la prioridad fue sacar a la gente de las calles.
La Feria Regional de la Tuna y de la Uva fue cancelada por completo.
Los comerciantes que habían llegado de otras partes del estado y del País pidieron permanecer, pues ya habían instalado juegos mecánicos, puestos y estructuras que ocupaban incluso tramos completos de las calles.
Algunos ofrecieron quedarse bajo su propio riesgo. No querían reembolso. Querían trabajar.
Dijeron que los días 7 y 8 de septiembre todavía atraen visitantes por las celebraciones religiosas y argumentaron que, aunque no hubiera feria, la gente acudiría a las misas. La respuesta fue negativa.
Las autoridades municipales determinaron que una feria cancelada no podía mantenerse parcialmente en funcionamiento.
También fueron suspendidas las peregrinaciones para evitar concentraciones.
Las misas y las mañanitas continuarían, pero sin pirotecnia.
A los comerciantes, locales y foráneos, se les ofreció devolver el 100 por ciento de lo pagado por sus espacios. El centro debía quedar despejado.
Los 5 millones de pesos que el Ayuntamiento había aprobado para organizar la feria comenzaron a tener otro destino.
Una parte tendría que utilizarse para cubrir compromisos ya adquiridos, penalizaciones de grupos musicales y devoluciones a comerciantes.
Lo restante sería utilizado para ayudar a reparar las viviendas afectadas. El cálculo preliminar era que no alcanzaría.
Ese pasado domingo, alrededor de las 20:00 horas, y a unos metros de la Comandancia, una familia celebraba el cumpleaños de una niña con un pastel, una cena y entrega de regalos, pero el estruendo los sacudió.
La onda expansiva corrió por las viviendas de los alrededores. Ventanas reventaron, puertas y estructuras resultaron dañadas y los cristales salieron disparados.
"Muchos se cortaron, muchos se cayeron", relató uno de los habitantes de la zona mientras recuperó un cuadro de la Virgen de Guadalupe.
Una de las viviendas más cercanas estaba rentada y, al momento del estallido, sus propietarios no se encontraban ahí.
"Lo bueno que estaba rentada en esos momentos, no estaba", recordó uno de vecinos.