El reloj político formal avanza a un ritmo, pero el reloj real va mucho más adelantado, así parece haberlo concebido la senadora morenista Andrea Chávez, quien esta semana solicitó licencia al cargo para estar en libertad de buscar la candidatura a la gubernatura.
El acelere de la juarense -avalado por la dirigente estatal de Morena, Brighite Granados, pese a las críticas por su papel de árbitro y jugadora- vino a confirmar la versión de que para abril habría de separarse de sus funciones en la bancada que coordina Ignacio Mier, con el fin de buscar la delantera en posicionamiento estatal sobre el alcalde fronterizo, Cruz Pérez Cuéllar.
El movimiento, aunque esperado desde comienzos del año, vino a meterle presión a la sucesión de la gobernadora Maru Campos, quien tiene todos los hilos de un proceso en su partido, en el que se mantiene como puntero el alcalde de la capital, Marco Bonilla; pero, por supuesto, no los tiene en el partido de enfrente, que intenta vender la idea de una victoria inevitable de la 4T en Chihuahua.
De esta forma, el tablero estatal comienza a dibujarse con mayor claridad. Al menos el mapa inicial rumbo a las elecciones de 2027 empieza a tomar forma.
Morena, con Andrea y Cruz, enfrenta una competencia interna adelantada. Ella trata de marcar el ritmo en una pugna política de los dos grandes grupos nacionales, el del expresidente Andrés Manuel López Obrador y el de su sucesora, Claudia Sheinbaum; Pérez Cuéllar administra tiempos, pues debe pensar no sólo en alcanzar la nominación, sino en evitar que quede al garete su gobierno en la ciudad más grande del estado.
El PAN, con un aspirante dominante que se ha mantenido lejísimos de sus rivales internos, tiene margen para construir una candidatura sin sobresaltos internos, a menos que quienes insisten en hacerle al ensarapado estén dispuestos a hundir el barco si no logran llevar ellos el timón.
Aparece en este mapa inicial, con un papel más relevante que su peso electoral verdadero, el PRI o una parte del mismo, más enfocado en convencer a Acción Nacional de la necesidad de una alianza que en armar una candidatura propia, la cual se encaminaría, sin freno y aceleradamente, al fracaso.
***
La senadora con licencia y exdiputada federal, Andrea Chávez, dio su banderazo no oficial para la precampaña con un mensaje nada improvisado, cubierto de varias capas.
En la primera capa, optó por colocarse -y justificar así su solicitud de licencia- como la que no abandona, sino que vuelve al territorio, para sostener su carrera y la idea de que no es una política de escritorio, imagen que ha construido desde sus comienzos en la actividad pública.
En la segunda, introdujo una idea de relevo generacional reflejado en el mensaje de “los que se van son otros”. No mencionó nombres, pero dibujó un adversario que no es nuevo: la clase política estatal dominante.
Y en la tercera, quizás la más importante, decidió definirse como la favorita adelantada en la carrera morenista, porque nadie que se sienta en desventaja pide reglas, encuestas universales y arrancar la contienda, a menos que quiera fijar desde ahora el terreno donde sabe que puede ganar.
La justificación de su separación del Senado de la República no fue sólo su discurso de arranque, sino el intento por definir el método de elección. De eso habló en entrevistas posteriores a su solicitud de licencia, para continuar con el impulso que le dio su anuncio.
Pidió encuestas para todas las candidaturas, reglas que no dejen lugar a las interpretaciones y cero espectaculares, para evitar las estructuras tradicionales del poder y apostar al posicionamiento directo. En suma, su planteamiento es llevar la elección al terreno donde Morena suele ser más competitivo y donde Chávez Treviño tiene, o al menos así lo considera, más kilometraje recorrido.
Casualidad o no, a la licencia de la senadora siguió la renuncia de Citlalli Hernández a la Secretaría de las Mujeres, en una salida un tanto extraña del gabinete de la presidenta Sheinbaum, que seguramente habrá de marcar el juego morenista, en el que los grandes figurones nacionales serán los que jueguen el papel principal en las definiciones de los estados. Ni modo que de verdad le dejen todo a “las encuestas”.
***
Ante esos movimientos, Cruz Pérez Cuéllar optó por la pausa, pero no moverse también puede ser jugada, dado que su cargo ejecutivo en el gobierno juarense exige más tiempo y toma de decisiones que un cargo legislativo, a la vez que le permite hacer casi lo que sea.
El alcalde juarense dejó que Andrea corriera, mientras él administra tiempos, inaugura obras, recorre el estado a la menor provocación en fin de semana. Ante la licencia de la senadora y su mensaje en el que pidió reglas, él dijo que esperará las normas que imponga Morena, peeero, ayer tuvo su primer acto masivo con miles de “compas de Cruz” que lo acompañaron en la famosa Plaza de la Mexicanidad, la X.
Y en este contexto, igual ha venido a la capital del estado para reforzar su estructura en la ciudad y hacer presencia en eventos masivos, que ha mantenido y estrechado su relación con el centro del país; en estos días acudió, precisamente, al pódcast La Moreniza, de la dirigente nacional, Luisa María Alcalde, quien hasta ahora ha resistido las sacudidas de los otros factores de poder del partido.
Así, es evidente que Pérez Cuéllar se mantendrá en la carrera. También en el cargo de presidente municipal hasta que le convenga, lo que arroja varias lecturas sobre la ruta que, suponemos, debe tener bien clara y decidida.
Por un lado, mantiene control territorial desde Juárez, el principal bastión electoral del estado, donde están sus grandes brazos operativos: Héctor Ortiz Orpinel como secretario municipal y su hermano diputado federal, Alejandro Pérez Cuéllar, entre otros destacados líderes de su equipo.
Por otro lado, el juarense evita en lo que puede el desgaste prematuro, aunque el fuego amigo -cortesía del senador Juan Carlos Loera, particularmente- no da muestras de bajar de intensidad, al contrario.
Y, finalmente, no entra al juego de Chávez, todavía, a pesar de que haya presiones, incluso desde la dirigencia morenista en el estado, para cumplir con la separación de los cargos, la cual es mera simulación al final del día.
El detalle más afinado del juego crucista ahora parece apuntar al centro del país, a donde el alcalde pateó la pelota en este acelere de la sucesión.
Él también juega en esa liga, entre el obradorismo y el claudismo, entre la influyente secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel y la dirigencia partidista que comparten Alcalde Luján, el hijo de López Obrador, Andy López Beltrán, y ahora también la exsecretaria de las Mujeres, puesta como operadora de la Comisión Nacional de Elecciones.
***
Ese juego tan intenso en Morena parece no tener reflejo en el PAN, donde la película tiene una trama más simple, al menos hasta ahora, cuando Bonilla Mendoza, encampañado por la gubernatura prácticamente desde su reelección como presidente municipal, ha demostrado que no nomás quiere, también que puede.
Imposible que los demás demuestren lo mismo. Porque han dicho que quieren el secretario de Seguridad, Gilberto Loya; el alcalde de Delicias, Jesús Valenciano; la dirigente estatal del PAN, Daniela Álvarez y otros varios nombres de panistas y externos que al primer topón con las encuestas le bajan dos rayitas a su volumen, le buscan y no le hallan espuma al chocolate ni crema a los tacos. No tienen con queso las tortillas.
El alcalde capitalino es el más consolidado del panismo estatal, mientras los otros orbitan alrededor de la cúpula albiazul y se suben a la báscula, pero no dan el peso. Puro hueso con pellejo. Eso lo saben en el PAN y, además, el nombre de Bonilla es el que mantiene abierta la posibilidad -tiene meses asomándose sin mucho pudor- de la alianza con el PRI.
Aquí entra una pieza clave, el diputado federal Tony Meléndez, cantante del Conjunto Primavera, el único tricolor que se salva en la eventualidad de que el partido tuviera que elegir candidato.
Meléndez, con el Orquestándola Norteño Sinfónico -anunciado para Chihuahua y Juárez alrededor del Día de las Madres y la expectativa de convocar a miles de personas- parece haber sellado ya su coalición con el PAN y Bonilla. De hecho, no se ha andado con rodeos: “el PRI no está para competir solo” y “sin alianza, hay derrota”, son dos de sus expresiones que más han resonado entre quienes analizan pros y contras de la coalición.
Evidentemente, el cantante no busca una candidatura sino operar acuerdos. Su perfil no compite, más bien construye, y resulta más influyente de lo que parece, incluso dentro del PAN y en esos grupúsculos que todavía le apuestan a que no sea Bonilla el candidato a gobernador.
Así, lo ocurrido esta semana no define la elección, pero sí presiona la sucesión, que empieza con un escenario claro: Morena está en una fase temprana de competencia interna, marcada por la prisa de quien quiere consolidarse y la cautela de quien ya tiene estructura; y el PAN, con una dosis de PRI, se perfila con cierta ventaja, al no tener, por ahora, disputas serias en casa y estar agrupándose alrededor de una figura dominante.
De esta forma, no hay necesidad de anuncios formales ni de apertura de procesos para dar muestra de que el tablero rumbo a 2027 empieza a verse con más nitidez. O sea, el año próximo ya comenzó en este segundo trimestre de 2026.