Ciudad de México .-Dos días -con sus noches, claro- pasó aquella parejita en un apartado hotel de playa. Al hacer el check out preguntó el novio: "¿Cuánto debo?". Le informó el encargado: "Mil pesos por cada uno". El muchacho le entregó 2 mil pesos. Acotó en voz baja su dulcinea: "Fueron seis, mi vida". (¡Qué honradez!). El Ateneo Fuente, a cuyo nombre se añade siempre el calificativo de glorioso, es la institución educativa más antigua de Saltillo y Coahuila. Fundado el año de 1867, en sus aulas alentó el espíritu liberal de la Reforma. Su nombre es el de don Juan Antonio de la Fuente, saltillense, ministro que fue de Relaciones Exteriores en el gabinete de don Benito Juárez. Él pronunció una bella frase dirigida al emperador de los franceses: "No luchéis contra mi patria. Mi patria es invencible". Fui director del Ateneo, honor el más alto que en mi vida he recibido. Dije una vez: "No hay 'ex ateneístas'. Quien una vez fue ateneísta ya es ateneísta para siempre". La expresión se hizo proverbial. Volví a escucharla hace unos días en el acto que reunió a los integrantes de la Generación 109, ellas y ellos, al cumplir 50 años de haber salido del glorioso plantel. En la ceremonia alusiva tomó la palabra Jorge Dávila Flores, una de las personas de más alta calidad humana que en mi vida he conocido. Gran empresario, destacado personaje público, fue presidente nacional de la Cámara de Comercio. Se le debe la creación de El Buen Fin, esa exitosa promoción que cada año beneficia grandemente tanto a los comerciantes como a los consumidores. Dijo él: "Esta celebración no estaría completa sin rendir homenaje a un hombre cuya vida ha dejado huella en la educación, el periodismo, la cultura y la conciencia de nuestro país. Hablar de Armando Fuentes Aguirre es hablar de una de las voces más respetadas, inteligentes y entrañables de México, que ha sabido convertir la palabra en enseñanza, la crítica en reflexión y el humor en una forma elegante de mirar la vida. Ha sido acompañante de generaciones enteras. En una etapa decisiva de nuestras vidas supo orientarnos con firmeza, con sensibilidad y con una enorme vocación humanista. Catón no solamente educó estudiantes: ayudó a formar mujeres y hombres de bien". Sucede, queridos cuatro lectores míos, que Catón soy yo. ¿Por qué, entonces, transcribo esas generosísimas palabras de Jorge Dávila Flores? ¿No hago con eso agravio a la modestia? Permítanme justificarme. Fui un niño inseguro, un adolescente más inseguro todavía, y luego, hasta la fecha, un hombre inseguro. Carezco de esa seguridad en uno mismo que se adquiere en los libros de superación personal. Siempre he ido por la vida con mariposas en el estómago. No tengo empacho en declararlo, primero porque es la verdad, y luego porque sé de muchos escritores que llevan consigo esa misma inseguridad. Necesito de vez en cuando, entonces, una palabra bondadosa que me ayude a seguir en el camino hasta que el Misterio me lleve a descansar. Esa palabra de bondad me la dijo en esta ocasión Jorge Dávila Flores. A él le agradezco haberla dicho, y ti haberla leído. Don Ruguito, señor de edad madura, batallaba para encontrar lo que necesitaba para desahogar una necesidad menor. Le dijo con ternura a dicha parte: "No te asustes, chita. Nada más te quiero para hacer pipí". (En la comarca donde vive don Ruguito la palabra "chita" se usa como abreviación de "muchachita"). Empédocles Etílez llegó a su casa a media noche. Su esposa lo recibió de malos fierros, o sea de humor pésimo: "¿Por qué vienes a esta hora?". Explicó el temulento: "Porque a esta hora cierran las cantinas". FIN.

MIRADOR

Por Armando FUENTES AGUIRRE.

Llegó sin anunciarse y me dijo de buenas a primeras:

-Soy el mejor color.

Era el rojo.

Me molestó su vanidad. Le pregunté:

-¿Cómo sabe usted que es el mejor color?

Respondió:

-Porque soy el preferido de la gente. De cada diez personas, por lo menos siete dicen que el rojo es su color favorito.

Aduje:

-Eso no significa que sea el mejor. Otros colores hay sin los cuales el espectro de Newton sería sólo un fantasma: el azul, el verde, el amarillo. Todos son importantes. En un momento dado cada uno de ellos es el mejor color.

Al rojo le indignó mi observación. Lo supe porque se puso colorado. Se vio muy mal. Quizá se habría visto mejor si se hubiera puesto amarillo, verde o azul.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

Por AFA.

". Capturan a otro capo de la droga.".

Alabo a los elementos

que en esa lucha resaltan.

Ya solamente les faltan

otros 2,700.