San José, Costa Rica.- La selva costarricense abrazó el Congreso Internacional de Comunicación Política al que nos dimos cita consultores de toda América Latina para exponer diferentes tópicos y perspectivas de las gestiones de gobierno y campañas electorales.
Uno de los temas en los que discutimos durante esos días fue como el ecosistema político actual, la ciudadanía padece un empacho de burocracia y un déficit de empatía. Durante años, la fórmula del gobierno más cercano -el municipal- parecía escrita en piedra: hacer obras, cortar listones, enviar boletines de prensa “políticamente correctos” y esperar que el electorado lo agradeciera en las urnas. Sin embargo, la realidad ha demostrado, desde hace mucho, que esa forma de administrar genera transacciones frágiles y pasajeras. En cuanto se acaba el presupuesto o la obra se vuelve cotidiana, el respaldo se desvanece.
En mi conferencia, abordé el origen de la la diferencia entre simplemente administrar un ayuntamiento o gobernar con sello propio. La modernidad en la gestión pública no es un trofeo fijo que se pone en una vitrina; es un estándar que se mueve todos los días. Para estar a la altura, una administración municipal moderna no necesita parecer una máquina perfecta e impersonal, sino una institución con rostro humano, valores claros y un rumbo auténtico.
Las personas no conectan de verdad con lo que haces, sino con por qué lo haces. En los municipios tradicionales, las autoridades comunican sus acciones empezando por el final: "Pavimentamos diez calles" o "Compramos veinte patrullas". Ese es el qué, la parte técnica y racional. El problema es que los datos fríos no generan identidad.
Gobernar con sello propio exige arrancar desde las razones por las cuales estamos haciendo las obras: El mensaje no es la obra: el verdadero mensaje es la causa humana que motivó la obra; la diferencia en el encuadre: mo se entrega asfalto; se devuelve la seguridad a las familias de que sus hijas e hijos llegarán con los zapatos limpios y a tiempo a la escuela. No se entregan patrullas; se afirma la convicción de que nadie en el municipio debe vivir con miedo.
Cuando un gobierno logra que la comunidad entienda y comparta la causa detrás de sus decisiones, el respaldo deja de ser un intercambio frío de favores y se convierte en un sentido de pertenencia. Las mediciones en gestión local demuestran que, mientras las administraciones sin propósito apenas logran niveles de lealtad ciudadana entre el 30% y el 55%, las que integran un sello propio auténtico alcanzan hasta un 88% de confianza y acompañamiento social.
Un error constante en los gobiernos locales es volcar toda la comunicación hacia afuera y descuidar el ambiente puertas adentro. El primer público que debe enamorarse del "sello propio" no está en las colonias, sino en los escritorios, las ventanillas y las patrullas del ayuntamiento.
Cuando el propósito de la administración se comunica y se vive internamente, ocurren tres transformaciones clave:
Del empleo público a la misión comunitaria: Un empleado de servicios públicos que entiende por qué ya no sólo "recoge basura" o "arregla luminarias"; sabe que su trabajo diario construye la dignidad y el orgullo de su barrio. Se convierte en el mejor embajador del gobierno en la calle.
Autonomía y agilidad sin 'micromanagement': Cuando las secretarias, directores y coordinadores tienen claro cuál es el sello y la prioridad del alcalde o alcaldesa, no necesitan pedir permiso para cada detalle. Toman decisiones rápidas y coherentes porque comparten el mismo criterio.
Equipos sanos y sin miedo: La comunicación interna abierta elimina la cultura del temor y la desconfianza. Un equipo que se siente respaldado reduce el desgaste físico y emocional, propone ideas frescas y atiende mejor a la gente.
El "sello propio" no es una postura rígida ni una máscara publicitaria; es el equilibrio entre el carácter del líder y la capacidad de su equipo. Para que una gestión funcione en el territorio, necesita amalgamar tres dimensiones: principios firmes, capacidad técnica para resolver crisis y presencia constante en la calle.
Además, la gestión pública moderna se enriquece profundamente cuando integra diferentes visiones de liderazgo, como el enfoque relacional y de cuidados: asociado con frecuencia al liderazgo femenino en la gestión local, tiende a priorizar la escucha directa, la mediación pacífica de conflictos, la reconstrucción del tejido social y la creación de redes de apoyo para las familias. Y del enfoque ejecutivo y de metas: tradicionalmente vinculado a patrones de liderazgo masculino, suele centrarse en la resolución directa, la priorización vertical de objetivos, la ejecución de infraestructura física y la toma rápida de decisiones en momentos de emergencia.
Gobernar con sello propio no significa elegir uno u otro, sino sumar ambas sensibilidades. Una alcaldía que combina la calidez del cuidado comunitario con la contundencia de la obra pública logra una gestión verdaderamente integral y representativa.
Para que el sello de gobierno penetre en la conversación pública, la comunicación tiene que romper con el tono aburrido del boletín oficial. Se trata de aplicar tres reglas básicas de proximidad: explicar la razón de fondo antes que el número. Menos estadísticas de inversión y más historias reales de personas a las que les cambió la vida. Las redes sociales son excelentes para mostrar la trastienda del gobierno —el trabajo duro, las jornadas nocturnas, la solución de problemas sin filtro—, pero jamás sustituyen el apretón de manos, las asambleas de barrio y el contacto ojo a ojo en las colonias y en política, las crisis y los imprevistos son inevitables. Sin embargo, cuando un gobierno ha sembrado confianza previa y ha demostrado consistencia en su sello, los ataques de la oposición o los fallos cotidianos no logran destruir su reputación. La gente perdona errores, pero no perdona la falsedad ni la indiferencia.
Gobernar con sello propio es, en última instancia, atreverse a dejar una huella auténtica en la vida de las personas. Para aterrizar este modelo en la práctica cotidiana, toda gestión municipal moderna debe guiarse por cinco pasos fundamentales:
Definir su razón de hacer las cosas: encontrar la causa central que le da sentido a la administración y no perderla de vista; hacer de la comunicación interna una prioridad para que todo el equipo reme en la misma dirección; aprovechar la diversidad de miradas —femeninas y masculinas, técnicas y territoriales— para gobernar con equilibrio; traducir las obras y servicios en relatos de impacto humano y cercano y mantener el equilibrio entre el escritorio donde se planea y la calle donde la gente vive.
ESPRESSO COMPOL
Gracias a exministros y exministras de diferentes carteras del gobierno de Costa Rica que estuvieron en mi conferencia, así como a aspirantes a candidatos y candidatas y colegas consultores para escuchar la importancia de volver a personalizar las gestiones de gobierno municipales.