"Las abuelas lucharon por salir de la cocina para que ahora lo vendan como un lujo de TikTok”
México, sumido en una impunidad estructural frente a la violencia feminicida, enfrenta ahora el auge del movimiento ultraconservador “Trad Wife” (esposas tradicionales). Esta corriente promueve la consigna 'un voto por familia', una doctrina que sociólogos y colectivos feministas denuncian como un grave retroceso democrático que pretende anular los derechos políticos y la autonomía de las mujeres.
Lo que inició en redes sociales como una tendencia estética inofensiva —marcada por videos en tonos pastel, mujeres horneando pan desde cero y vistiendo prendas de los años 50— se ha transformado en un fenómeno político con repercusiones reales y preocupantes. El auge de dicho movimiento ha encendido las alarmas en América Latina, incluyendo a México.
El impacto de esta doctrina global va más allá de las fronteras; su discurso digital debilita el debate social y pone en riesgo los avances históricos contra la vulnerabilidad de las mujeres. El fenómeno lo encabezan influencers estadounidenses como Savannah Faith Stone o Estee Williams, quienes venden una idílica vida hogareña a millones de seguidores. La contradicción es evidente: bajo el romanticismo de la cocina tradicional, estas mujeres generan ingresos millonarios en redes sociales, disfrutan de una independencia económica que exigen rescindir a su audiencia, un mensaje peligroso en un contexto como el de México, donde la mayoría de las mujeres enfrentan la pobreza.
La premisa es clara y alarmante: el voto no es un derecho individual, sino familiar, y solo el esposo debe ejercerlo como "jefe del hogar". Este discurso “Trad Wife” llega a México con riesgos severos, pues disfraza de "elección" lo que en realidad es una trampa socioeconómica. Mientras en países anglosajones se vende como un estilo de vida aspiracional, en el contexto mexicano la falta de oportunidades, la brecha salarial y la ausencia de apoyo estatal obligan a las mujeres al confinamiento doméstico. No es una opción: es una imposición respaldada por una cruda realidad regional, donde más del 25% de las mujeres no percibe ingresos propios.
Ver constantemente vidas lujosas, cuerpos perfectos y familias ideales crea una falsa realidad que daña la salud mental y la autoestima. Además, idealizar la dependencia económica disfraza una desigualdad impuesta como si fuera una decisión propia. El trabajo doméstico no pagado atrapa a las mujeres en este rol, quitándoles los recursos necesarios para cumplir sus metas y decidir sobre su propio futuro.
Lamentablemente, la Generación Z es la más expuesta a esta tendencia por su hiperconectividad nativa y la continua incertidumbre socioeconómica que vive.
No podemos callar ante la contradicción que vivimos: mientras las redes sociales llenan sus pantallas promoviendo el rol de la mujer sumisa, nuestras calles se llenan de luto. Vivimos una emergencia nacional con diez feminicidios al día, fiscalías que no investigan y un gobierno federal que ha recortado el presupuesto vital para los refugios de víctimas.
Promover el encierro y la sumisión en TikTok, en medio de este horror, es un acto de profunda irresponsabilidad. Como bien dicen: "Las abuelas lucharon por salir de la cocina para que ahora lo vendan como un lujo de TikTok”. Sumemos Voces de conciencia.