La mal llamada "austeridad republicana" de Andrés Manuel López Obrador dejó sin vacunas a millones de niños mexicanos entre 2018 y 2024. Se descuidó la compra de biológicos. Se retrasaron los pedidos desde 2019. Los almacenes se llenaron de problemas logísticos. La respuesta ante el desastre fue lenta. Luego llegó la pandemia de COVID-19 y empeoró todo: entre 2020 y 2023, se suspendieron las campañas rutinarias y la gente dejó de ir a vacunarse por miedo. Es increíble, pero la OPS y la Asociación Mexicana de Vacunología lo dicen claro: se antepuso el ahorro de dinero a la salud de los niños.
En esos seis años las coberturas se desplomaron. Bajaron del 95% que pide la OMS a niveles peligrosos. En 2019, solo con el sarampión, se dejó sin vacunar a cerca de 1.5 millones de niños de 1 a 6 años. El problema empezó con Calderón y siguió con Peña Nieto. Pero el peor golpe llegó con AMLO: de los 22.5 millones de dosis de triple viral que faltaron hasta 2024, la gran mayoría se concentró entre 2018 y 2024: de entre 5 y 7 millones de dosis solo para sarampión. Peor aún fue el esquema infantil completo que incluye polio, difteria, tétanos, tos ferina (DTP), rotavirus, neumococo, hepatitis B y BCG. En 2019 y 2020, unos 6 millones de niños se quedaron sin vacunas o con esquemas a medias. En todo el sexenio, la cifra fue de 10 a 12 millones de niños. La polio quedó entre 89 y 93%. La tos ferina bajó al 78-89% y los casos subieron. La BCG se desplomó al 7% en 2019. El nivel más bajo en décadas. Y en 2024, 341 mil niños no recibieron ni una sola dosis. El récord más alto de América.
Con los adultos pasó algo distinto. La vacunación contra COVID-19 fue masiva: más de 222 millones de dosis y más del 80% de los adultos cubiertos. Bien por eso. Lo malo del caso es que entre 600 mil y 800 mil personas murieron de más, según los propios datos de la Secretaría de Salud. Muchas de esas muertes ocurrieron en 2020 y 2021. El sistema hospitalario colapsó. No había camas con ventilador. No había oxígeno. Faltaban medicamentos. No alcanzaba el personal. La austeridad previa y la tardanza en reconvertir hospitales en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey provocaron que mucha gente muriera sin atención médica. Y las otras vacunas para adultos brillaron por su ausencia. La del herpes zóster nunca entró en el esquema público. La del VPH en adultos quedó limitada a grupos muy pequeños. Millones de dosis compradas entre 2012 y 2023 quedaron sin aplicarse.
Todo ese desastre acumulado abrió la puerta al brote de sarampión que empezó hace unas semanas. Al 11 de febrero de 2026 ya hay 9,074 personas infectadas. Solo en el último mes y medio fueron más de 2,600 casos. Han muerto 28 personas. Casi todas son niños menores de 5 años. El virus ya está en los 32 estados. México está a punto de perder su estatus de país libre de sarampión ante la OPS. La presidenta Claudia Sheinbaum tiene que limpiar el desastre que le dejó el aldeano de Palenque. No puede criticarlo abiertamente por lealtad política. Aun así, ya aplica una campaña intensiva. Al 6 de febrero de 2026 se habían puesto 14,297,330 dosis. Pero todavía hay unos 13 millones de personas sin protección completa. El desafío es enorme: hay que llegar y mantener coberturas por encima del 95% o vendrán más brotes.
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Opinión
Jueves 12 Feb 2026, 06:30
El sarampión es la herencia de la austeridad republicana
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Eduardo Ruiz-Healy