Hay una frase que he escuchado ya muchas veces, que dice: “la victoria tiene muchos padres; el fracaso es huérfano”. (Si no me equivoco, es atribuible a Napoleón Bonaparte). Comienzo con esta expresión, para darle sentido a lo que quiero analizar en este artículo. No solo en cuanto a la obtención de un triunfo, el cual permite el acompañamiento o sentirse arropado (a), por quienes te siguieron en ese proyecto; sino también, en el sentido de que cuando ocupas una posición de poder, cuentas con gente a tu alrededor, que te apoya, te respalda, sigue tus órdenes; para luego, al dejar “de ser”, te abandonan, se les olvida, buscan a otro (a), siguen su camino propio y te dejan a la deriva, o te traicionan.
Como pueden apreciar, puse el título del libro de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez: “Ni venganza, ni perdón; una amistad al filo del poder”. Sin embargo, no podré desglosarlo, ni comentarlo, pues apenas si empecé a leerlo. Pero como ha estado circulando en cuanto chat político tengo, creo que está de moda esta semana.
Para entrar en contexto y que todo cobre sentido, recordemos que: Julio Scherer Ibarra, es un abogado y político mexicano, que fue Consejero Jurídico del Ejecutivo Federal (2018-2021) con AMLO; mismo que dejó su cargo, al verse envuelto en controversias por tráfico de influencias, corrupción -el sello de la casa-, cuentas bancarias en el extranjero e incluso, por usurpación de funciones (ya que se metía en temas de Gobernación; fuera de su alcance como Consejero). El coautor del libro, Jorge Fernández, de origen argentino, naturalizado mexicano, es un reconocido periodista, que ha estado en medios nacionales como, Excélsior, ADN 40, TV Azteca, entre otros; sin haber tenido cargos gubernamentales.
En este libro, “sueltan la sopa”, es decir, van dando testimonio de cómo era la dinámica de trabajar bajo las órdenes de Andrés Manuel. Cito textual: “Muchos funcionarios públicos enmudecían frente al presidente. Comentaban en los pasillos, en las reuniones, pero no trataban los temas duros con él.”
Lo que significa, -como todos ya sabemos-, que en ese sexenio, se premiaba más la lealtad personal, sin importar la eficiencia o dar resultados. Obtenía posiciones quien le jurara “amor eterno” al mesías; dejando de lado las capacidades, aptitudes, habilidades, eficacia o conocimiento técnico en el ramo. De ahí que entonces hubiera tantos yerros; que destruyeran tanto, como lo siguen haciendo.
Ir descubriendo las entrañas del poder, con este u otros libros; será sólo para darle coherencia y sentido a lo que en realidad nosotros los simples mortales ya sabemos: que la cuarta transformación ha sido un fiasco; ha significado un retroceso e involucionado como sociedad; que nos mienten y engañan en nuestra cara todos los días; que jamás cumplirán las promesas en las que muchas y muchos creyeron y cayeron.
Vamos viendo y comprobando, como “se hacen garras” entre ellos mismos. Morena conjuntó en su movimiento, a toda una serie de actores políticos, provenientes de diversas ideologías, que cuando ya no tuvieron oportunidades de seguir viviendo del dinero público (estando el PRI o el PAN en el poder), renegaron de éstos y se fueron; se compone de lo más podrido que ha dado la política nacional; representa lo indeseable; se ha encargado de polarizar a las y los mexicanos; de hacer creer que ellos son los buenos y el resto somos malos. Pero no es lo mismo, cuando se es oposición y puedes exigir, gritar y echarle diatribas a la clase gobernante, a cuando ya eres ocupante de esos asientos en la mesa de toma de decisiones; que es cuando realmente demuestras de qué estás hecho. Y los de Morena, dejan mucho que desear.
Ayer me dijeron esta frase, que considero que aplica con lo que estoy diciendo: “Cuando la cabeza anda mal, todo el cuerpo lo resiente”. En referencia a que a la Presidenta “Sheinbaum”, se le está yendo el control de las manos. No solo no puede y no sabe resolver los grandes problemas nacionales; sino que además, trae muchos frentes abiertos hacia el interior de su gobierno y de su partido.
No nada más en México, sino en muchos -por no decir todos-, los países democráticos; es natural, que el jefe del Ejecutivo, sea el líder moral del partido que lo llevó a tal posición. Aplica en cualquier orden de gobierno. Para esta gente de Morena eso no aplica. Su líder sigue siendo AMLO, para muchos temas, aunque su poderío ya se está perdiendo, va disminuyendo, está desquebrajado y terminará por extinguirse. Comenzando por quien se decía su hermano (Adán Augusto López), que ahora está en la congeladora (aunque su lugar correcto sería la cárcel). Seguido del impresentable de Noroña.
Así también, traen “pleito casado”, Layda Sansores y Ricardo Monreal; entre “dimes y diretes”; cuando ella le dice a él que cuide su chiquero (o sea, a sus marranos). Que se suma a la tensión existente entre la propia Claudia y la dirigencia de su partido, sobre todo con el encargado del aspecto territorial, como lo es, Andy López Beltrán, Secretario de Organización de Morena. Y mientras tanto en lo local, los pleitos interminables entre Cruz, Andrea y Loera.
No digo que esté bien tener una sociedad tan dividida y en conflicto; lo que sí está muy bien es que se vayan acabando entre ellos.
Ya es momento, de que se sepa la verdad. Momento de conocer las otras facetas de López Obrador, que distan mucho de la cara de buena gente que pretendió mostrar. Ya es momento, de que los privilegiados del poder, se vayan aminorando y extinguiendo. Momento de una real y verdadera democracia. Ya es momento, de tener el gobierno que nos merecemos la gente de bien, que somos mayoría en este grandioso país.
Ya es momento…