Con la dispensa de la directiva de este medio de comunicación que me permite total libertad para escribir en este espacio de opinión, habré de tratar un tema combinado: personal y político.
Si bien es cierto, que mis textos llevan sesgo, debido a que escribo a partir de mi propia ideología política, procuro ser lo más objetiva posible al analizar o criticar alguna situación del contexto local o nacional. A su vez, en ocasiones intento cambiarle un poco y entonces mezclo algún artículo anecdótico o de mi ámbito familiar.
Lo que quiero compartirles es el orgullo que siento en este momento, por un logro en mi carrera. El día de ayer, fui designada como Presidenta Estatal del Partido Revolucionario Institucional.
He pertenecido al PRI prácticamente desde que nací. Debido a que mi papá tuvo distintos encargos de dirigencia desde su juventud, así que siendo yo una niña, ya me traía con él en eventos o mítines del partido. Desde los ochentas y hasta la fecha, he participado y apoyado en cuanta campaña y con cuánto candidato ha habido, no solo en la capital del Estado, sino incluso en otros municipios.
Desde Infante, me “trepaban” a los postes, para amarrar los “pasacalles”; que eran unos banderines de hule con los que se hacía campaña. Acompañé a mi señor padre en múltiples eventos en los que él fungía como maestro de ceremonias, para presentar candidatos, gobernantes e incluso Presidentes de la República, como: De la Madrid, Salinas o Zedillo. Ya después, he sido yo quien he sido presentadora de este tipo de figuras políticas locales y nacionales, como Labastida, Rodríguez Alcaine, Beatriz Paredes, entre otros muchos.
Con el paso de los años, he tenido gran cantidad de cargos dentro del partido, desde algo elemental como la representación en casillas, delegada en municipios, integrante de sectores y organizaciones, liderazgo de mujeres en la CNOP y el ONMPRI, o como dirigente Estatal de Movimiento Territorial, solo por mencionar algunos. E incluso, como candidata; mi nombre ha estado tres veces en boletas electorales (2004, 2010, 2018).
No es que esté haciendo público mi currículum; solo pretendo hacer ver que -como decía Colosio-, provengo de la cultura del esfuerzo. Nada me ha sido regalado, sino que ha sido derivado de mucho trabajo y “picar piedra”. Tengo claro de que en la política, no todos los puestos se obtienen por capacidad o por talento; influyen muchos factores para generar alguna posibilidad de figurar. Los astros se alinearon a mi favor hace cuatro años, cuando se me dio la oportunidad de ocupar la Secretaría General del CDE.
En estos días, se ha emitido la convocatoria para renovar la dirigencia. Alex Domínguez -a quien admiro y respeto-, está buscando reelegirse en el puesto, es por ello que al pedir licencia para participar, he subido yo a la presidencia interina, por prelación.
Así sea por una semana, un mes o cuatro años, es un gran logro acceder a este espacio. El cual creo, que para cualquier militante de un partido político, sería el más alto honor ocuparlo.
Habré de desempeñarme -como de hecho ya lo hago-, con probidad, integridad e imparcialidad. Valores que he de reconocer que están muy desgastados y más si hablamos de política. Quienes me conocen saben bien, que así ha sido mi actuar desde siempre y para siempre. Con honestidad, entusiasmo, pasión y talento. Eso es lo que tengo para ofrecerle a mi partido, y en este caso, no será la excepción.
Me dedico a la política casi al cien por ciento (combinando mi desempeño profesional con la docencia); así que las siguientes horas, días y semanas, estaré entregada de lleno, a dar lo mejor de mí, para cumplir con este enorme encargo.
Ya es momento…