Ciudad de MéxicO.- Que el “dedazo” es una figura desparecida para Morena; esa vieja herencia del régimen priísta para designar candidatos no es ya la fórmula utilizada y que ahora todo se decide en base a las democráticas encuestas.
La presidente Claudia Sheinbaum, aseguró, en una de sus conferencias mañaneras de esta semana, que ella no tiene personas favoritas para gubernaturas, alcaldías y otros puestos de elección; descartó el “dedazo” utilizado en el pasado con el PRI y el PAN, aduciendo que ya no se usa y que Morena elige a sus candidatos por la vía de las encuestas.
En realidad, la presidente Sheinbaum dijo una verdad a medias o una media mentira, como usted elija: es cierto que en Morena se usan las encuestas, pero es falso que desapareció “el dedazo”.
Lo dicho por la presidente Sheinbaum Pardo lo desmienten sucesos del pasado reciente y el desarrollo de selección de candidatos actuales
No hace mucho el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, aceptó que su candidatura fue producto del “dedazo” de Andrés Manuel López Obrador, quien se inclinó a su favor y eso bastó para que se desestimara el resultado que arrojaban las encuestas y donde según él mismo declaró perdía en la mayoría de los reactivos de la encuesta que se aplicó en aquella entidad, pero solamente bastó una expresión del entonces Presidente para que ganará el sondeo y con ello fuera el candidato y luego gobernador de Sinaloa, cargo que ahora tan mal desempeña.
Pero las encuestas tampoco son un mecanismo democrático y menos trasparente. No existe un antecedente documentado de uno de esos trabajos demotécnicos, nadie conoce los reactivos y el valor que tiene cada uno, se pueden conocer las casas encuestadoras, pero hay que dar un salto de fe para aceptar el resultado.
Cierto es que la militancia de Morena se somete al resultado que dicen arrojaron esas encuestas, es una cuestión de disciplina e institucionalidad, pero eso no les da carácter democrático y en todo caso es la manera en la cual ahora se disfraza “el dedazo”.
En todas las candidaturas que se han decidió por encuestas, no existe un rastro que pueda seguirse para valorarlas como reales.
Eso se debe a que la encuesta no es el método, solamente es la cortina humo y detrás de todo está el dedo presidencial, ese que señala al ungido y ya con eso las encuestas se acomodan a esa voluntad.
Y para no ir muy lejos, baste ver lo que sucede en Sonora con el actual proceso para elegir al candidato que deberá suplir a Alfonso Durazo a partir del 2027.
Hasta agosto del año pasado eran muy pocos los que veían a Javier Lamarque Cano, alcalde de Cajeme, como un perfil que estuviera cerca de ser el candidato, ni siquiera era el favorito de Alfonso Durazo, quien tenía una baraja con otros perfiles.
Pero bastó que una expresión de respaldo de la presidente Sheinbaum Pardo para que todo cambiara y así, de la noche a la mañana, Javier Lamarque se volvió el favorito y todavía no conformes con eso, la misma dirigente de Morena en Sonora, Judith Armenta declaró que ese partido tenía Plan A, en la persona de Javier Lamarque y Plan B en la figura de la senadora Lorenia Valles Sampedro.
La dirigente de Morena, no habló de encuestas ni incluyó a nadie más, solamente dos candidatos y Lamarque Cano en primerísimo lugar, acatando el deseo presidencial; lo que Judith Armenta hizo fue desenmascarar una decisión ya tomada, fue oficializar “el dedazo”.
De aquel alcalde de Cajeme, que era objeto de burlas por el poco trabajo que se le conocía, por no controlar los niveles de violencia en su municipio; aquel que al no tener obras grandes que inaugurar organizó un evento para presumir la instalación de un bebedero en palacio municipal, ese al que Morena no tomaba en cuenta, de la noche a la mañana se convirtió en el foco de atención, en el ungido por el dedo presidencial, en el líder que los morenistas siempre esperaron.
En Chihuahua se vive otra situación, existen dos figuras preponderantes en la carrera por la candidatura de Morena al gobierno del estado, por un lado, la senadora Andrea Chávez y por otro el alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, ambos con grandes simpatías y tratando de construir un proyecto político para desde ahí catapultarse a la candidatura.
La senadora Andrea Chávez no es la opción preferencial de la presidente Sheinbaum Pardo, su cercanía con Adán Augusto López, el ángel caído en desgracia, la vuelve refractaria a Palacio Nacional y en poco le ayuda que ese mismo “padrino” político diga que ella será la candidata.
Por otro lado, Cruz Pérez Cuéllar ha sabido capitalizar esa situación y desde su equipo empiezan a publicar encuestas donde no solamente es un alcalde excelentemente evaluado por los juarenses, también aquellas donde lo posicionan como el favorito para ser el candidato de Morena.
Pero hay que decir las cosas con claridad, Andrea Chávez sigue siendo la favorita de Morena y tiene mayores simpatías populares, si la encuesta define entonces ella debe ser la candidata; pero ahora todo apunta que la voluntad presidencial va en otro sentido y Cruz Pérez Cuéllar es la opción de Palacio Nacional.
Si es cierto que el “dedazo” presidencial desapareció, figuras como la de Andrea Chávez debieran ganar y personajes como Javier Lamarque en Sonora no estaría contendiendo; pero las evidencias indican que la vieja fórmula sigue vigente, aunque digan lo contrario.