Una pintoresca comunidad en Puebla, llamada San José de Chiapas, podría convertirse en el epicentro de una transformación industrial inédita en México.
Esto, al ser anunciado el primer Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar (PODECIBI), que incluiría el primer Parque de Economía Circular (PEC) del país, coloca al estado de Puebla en una posición estratégica dentro de la transición hacia nuevos modelos productivos.
Los Polos de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar son espacios territoriales planificados en México que combinan la inversión industrial con la sostenibilidad, reutilizando recursos y minimizando residuos. Buscan impulsar la prosperidad compartida mediante infraestructura, incentivos fiscales y un enfoque integral que integra vivienda, hospitales y educación para el desarrollo local.
La administración federal ha identificado al menos 15 polos en distintos estados de México (Hidalgo, Quintana Roo, Veracruz, Sonora, etc.) con el objetivo de fomentar la inversión nacional y extranjera
La presentación que nos ocupa fue realizada el 12 de febrero y se dio en el marco de los Circular Economy Talks, con respaldo de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, la Ellen MacArthur Foundation y la Fundación Green Carson, lo que envía una señal clara del interés nacional por la economía circular.
Pero hablar de economía circular no es hablar solo de reciclaje. Implica desmontar la lógica lineal de extraer, producir y desechar, y sustituirla por sistemas donde los residuos de una industria se convierten en insumos de otra.
Un parque especializado bajo esta lógica puede atraer inversión, generar empleos verdes y posicionar a Puebla como referente nacional. También puede convertirse en una etiqueta atractiva sin transformación real si no se acompaña de reglas claras, incentivos adecuados y mecanismos de evaluación medibles.
México ha demostrado entusiasmo en la narrativa ambiental, pero enfrenta dificultades en la continuidad institucional y en la articulación efectiva entre gobierno, industria y academia.
Para que el PODECIBI no quede en aspiración, será indispensable garantizar transparencia en el financiamiento, certidumbre jurídica, coordinación con autoridades federales y participación activa del sector privado. La posible colaboración con instancias nacionales y europeas abre una ventana de oportunidad, siempre que se traduzca en transferencia de conocimiento y estándares verificables.
Se eligió San José Chiapa, por ser un municipio con vocación industrial creciente, lo que ofrece la posibilidad de integrar criterios circulares desde el diseño territorial y no como corrección posterior. Sin embargo, también implica la responsabilidad de evitar que el concepto se diluya en prácticas maquilladas de verde.
El proyecto es, sin duda, visionario. La verdadera pregunta es si contará con financiamiento sostenido, gobernanza técnica y evaluación constante.
La economía circular se diseña, se implementa y se mide, no se secreta solamente.
Es un gusto tocar nuevamente el caso Puebla, que vuelve a colocar una apuesta ambiciosa sobre la mesa.
Si logra convertirla en infraestructura operativa y resultados tangibles, no solo inaugurará un parque industrial distinto, sino un nuevo estándar de desarrollo regional en México.