El domingo de la pasada semana, México estuvo en los ojos del mundo ante la detención y abatimiento del líder criminal del cártel de Jalisco nueva generación, el criminal más buscado incluso a nivel internacional por narcotráfico, y que ocasionó una reacción violenta de esa estructura mafiosa que opera en varios estados, siendo cinco entidades las más afectadas, afortunadamente en ese momento Chihuahua no fue parte de esa respuesta de los criminales, debido a que ese cártel no opera de manera directa en Chihuahua.

Sin embargo, los efectos de los bloqueos, quema de vehículos y comercios y los enfrentamientos entre criminales y las distintas autoridades, generó una ola virulenta en redes sociales, que lamentablemente muchos medios de comunicación replicaron, sin verificar la veracidad de tales acontecimientos, ya que los mismos criminales o incluso podemos pensar mal, que la misma oposición, infló la problemática del momento con videos de otros lugares, en otros momentos y con material de la inteligencia artificial.

En medio de la vorágine informativa, los ciudadanos en general quedan inmersos y vulnerables de manera informativa, ante la sicarios de la información, desde las mismas redes criminales que intentan generar miedo, pánico y caos, hasta intereses económicos y políticos en las plataformas virtuales, a esto se suma que en muchas ocasiones, algunos periodistas buscan el amarillismo, el sensacionalismo o también el golpeteo político e informan de manera sesgada, afortunadamente México es un país de libertades y con una democracia sólida, por lo que tanto en redes sociales como en los medios de comunicación, existe libre expresión, al grado de que una gran cantidad de mentiras surgen como si se tratara de información real, sin sanción o limitación alguna para estos sicarios de la información.

Aquí el problema es que estas mentiras dolosos o no, tienen consecuencias directas en la vida pública de los mexicanos, se trata de una responsabilidad que se ha olvidado, tanto de los informadores profesionales que se pueden escudar en “fuentes”, hasta lo más arbitrario que son las redes sociales donde influencers, o peor aún, la inteligencia artificial, emiten información falsa, dañina y muy peligrosa, que luego son vitalizadas por estructuras de bots y troles, y es que no se trata de un fenómeno pasajero, es una operación mediática con estructuras, con dinero y con objetivos muy precisos que afectan directamente, más que a un gobierno, a la población.

Ahora, es necesario que las audiencias tengan una protección ante estos embates mediáticos, y no se trata de limitar la libertad de expresión, censurar o prohibir emisiones, sino de comenzar a señalar los “huecos” que existen respecto a la información y las consecuencias que tienen en la vida pública, sobre todo en temas como los que vivimos el pasado domingo, donde existía una situación real de alerta ante los hechos de violencia generados por los criminales y que ponían en riesgo a una cantidad insospechada de ciudadanos, donde en esas circunstancias la autoridad debe actuar y proteger a la población, sin embargo la información falsa genera una falla en lo que el Estado pueda actuar.

Fuimos muchos los que caímos víctimas de esta difusión de material audiovisual falso, generando una sicosis colectiva en medio de las situación real de riesgo en zonas carreteras, de igual forma podría verse como un sabotaje a las redes de comunicación y transporte, tanto en carreteras como en los vuelos nacionales e internacional de las diferentes aerolíneas, porque hubo mucha confusión al respecto, más derivado de lo que veíamos en nuestros celulares en las redes sociales, que los hechos mismos que estaban sucediendo en esa zona en específico.

Tampoco se trata de minimizar la capacidad de operación de los criminales en el territorio nacional, el problema de la inseguridad y el narcotráfico es muy amplio, se trata de grandes estructuras a la vista de todos, en la penumbras, de grandes cantidades de dinero que cruzan las fronteras y que se mueva también como dinero “legal”, con el lavado de dinero en empresas y bancos, del tráfico de armas que permite y hasta se impulsa desde EU, el problema es grande y por lo mismo debemos comenzar a separar a los sicarios del crimen organizado del sicariato mediático.