Al día de hoy, todos los corifeos del gobierno están tratando de minimizar la tragedia ocurrida el pasado 28 de diciembre de 2025, en donde el Tren Interoceánico se descarriló, matando a catorce personas.
Los que se rasgaban las vestiduras con Ayotzinapa (a quienes por cierto, no les resolvieron), con la violencia causada por los narcotraficantes (con quienes mejor se asociaron), y con la inseguridad (en cuyo gobierno se dispararon todas las cifras) ahora vienen a quejarse de que se politice esta desgracia.
Los corruptos que hoy nos gobiernan no tuvieron jamás empacho en lucrar políticamente con las desgracias que ocurrían en el país. Ahora, parecería que quieren que nadie diga nada de lo que ocurre y que todos finjamos que todo va de maravilla.
Hace algunos meses trascendió una llamada de Amílcar Olán con un primo de Andy López Beltrán, en donde hablaban de diversas corruptelas vinculadas con la construcción del Tren Maya, y se burlaban de que cuando el tren se descarrilara, ya no sería problema de ellos.
Si bien la tragedia ocurrida no tuvo lugar en el Tren Maya, el principio es el mismo; la profunda indolencia del obradorismo (incluido el actual gobierno) respecto a la infraestructura y respecto a todo. Una negligencia criminal.
El gobierno incurre en negligencia criminal cuando deja que los ciudadanos mueran de esa manera, como ocurrió en ambos trenes. Incurre también en negligencia criminal cuando decide que no es prioridad darles vacunas a los niños recién nacidos, o cuando decide que no hay que comprar medicamento para el tratamiento del cáncer de niños. Por si fuera poco, llama a los padres de dichos niños golpistas, solamente porque no están aplaudiendo como focas.
El gobierno es negligente hasta el grado criminal cuando permite que las bandas del crimen organizado sean quienes tengan el control de la mayor parte del territorio. Lo mismo sucede cuando permite que el narcotráfico decida candidaturas, o incluso imponga secretarios de seguridad (como fue el caso de Tabasco) entre otros casos.
El gobierno únicamente está preocupado en mantener su popularidad, aunque eso implique dejar de actuar en las materias que tiene que actuar. Ha decidido criminalizar todo, actuando como un Estado policial; ahora, la venta de vapeadores está prohibida, se creó un catálogo de delitos hídricos, restringieron el amparo en varias materias, y militarizaron gran parte de las funciones del gobierno. A pesar de tener el control absoluto de todo, sigue sin poder brindar resultados, y siguen culpando a Calderón y al ‘PRIAN’ de todos los males que son incapaces de atender y resolver.
Cuando eran oposición tenían todas las soluciones; ahora que son gobierno tienen todas las excusas. La gasolina no cuesta $10 pesos el litro. Tampoco han bajado los índices de incidencia delictiva, al contrario, han aumentado.
Es decir, un gobierno que no brinda seguridad, ni procura servicios de salud, no merece el mínimo respeto. Aunado a lo anterior, no hay tampoco desarrollo de infraestructura.
Lo sucedido con el tren la semana pasada viene a evidenciar la falta de cuidado e indolencia del gobierno respecto al mantenimiento de la infraestructura. Basta ver la condición actual del aeropuerto de la Ciudad de México para darse cuenta que lo dejaron abandonado por años, y solamente ahora que viene el mundial están tratando de darle mantenimiento. Esto sucede porque lo que se paga por concepto de tarifa de uso de aeropuertos (misma que pagamos todos los pasajeros con nuestro boleto) se utiliza para pagar a los tenedores de bonos de deuda del aeropuerto que López Obrador decidió cancelar.
En este tema de la infraestructura, es la segunda vez que le pasa lo mismo a Sheinbaum. Claudia Sheinbaum tiene experiencia con los colapsos de trenes. Ya cuando era Jefa de Gobierno, colapsó la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México matando a veintiséis personas. En ese momento reaccionó de la misma manera que lo hizo ahora: molestándose con la crítica y sin atender adecuadamente a los deudos. Ahora con el colapso de este tren, se repite el mismo patrón que se dio en 2021 con la Línea 12 del Metro: sin deslindar responsabilidades, sin atender las causas, sin sancionar a los responsables, simplemente apelando al olvido colectivo.
Con las reacciones de Sheinbaum ante esta nueva tragedia (que describe de forma muy puntual Sergio Negrete Cárdenas “Claudia se empequeñece”, El Financiero, 2 de enero de 2026) demuestra que no le interesa la catástrofe, ni dar resultados en dicha catástrofe; lo que le interesa es que no la golpeen con ese tema, y evidentemente le vale dar resultados en el mismo.
Como mencionó Sergio Negrete, no le incomodó el desastre, sino la exhibición de su inepto gobierno ante la tragedia. No se molestó con quienes desarrollaron ese proyecto, sino contra el medio que presentó los rostros de los muertos. Quizá porque les están repitiendo la dosis de lo que ellos hicieron con los 43 desaparecidos en Ayotzinapa.
López Obrador era igualmente indolente, sin embargo, no se le veía molesto cuando algo así le era reclamado. En el caso de Sheinbaum, parece que no tiene el mismo estómago que su mecenas.
Ha pasado un año y todavía es hora que no puede sacudirse la influencia obradorista. Cuando se veía más cerca de lograrlo fue cuando en julio pasado, todos los medios golpearon incesantemente a Adán Augusto López Hernández por sus vínculos con La Barredora. Sin la menor duda, los golpes venían de Palacio Nacional. Sin embargo algo pasó, que Sheinbaum decidió recular y permitió que López Hernández agarrara aire, cuando ya lo tenía en la lona. En la medida que siga permitiendo que los obradoristas sigan influyendo en las decisiones, menos tomará las riendas del gobierno.
Ya ha pasado el 20% del sexenio y no se ve para cuándo se sacudirá el lastre obradorista. Si la intención de López Obrador era seguir mandando después de dejar el poder, escogió muy bien. Mientras, el país sigue atravesando la misma crisis que cuando gobernaba López Obrador.