Ciudad de México.- En estos días, señoras y señores, he sido un solitario Robinson en su isla. Quiero decir que no he sentido la euforia que millones sienten por la participación del equipo mexicano en la Copa del Mundo de Futbol. Nadie atribuya tal falta de entusiasmo a desgano producto de la edad. Sucede que nunca he sido aficionado al soccer, y es tarde ya para empezar a gustar de él. Disfruto grandemente el beisbol y el futbol americano, pero el llamado "juego del hombre" me deja indiferente, y aun en estos días de contagio no puedo simular un entusiasmo que no siento, ni expresar opiniones acerca de lo que no sé. Bien desearía acompañar en su emoción a mis hijos y mis nietos; a mis amigos y parientes; a los infinitos fanáticos de ese deporte, el más popular del mundo. Pero qué quieren ustedes: en esto y en muchas cosas más navego contra la corriente. Me alegró, claro, la victoria del equipo nacional sobre Ecuador, pero me apenaron, tanto en el sentido de condolerme como en el de avergonzarme, las acciones de algunos majaderos individuos -e individuas- que se congregaron frente al hotel donde se hospedaban los futbolistas ecuatorianos para estorbar su descanso en la víspera del juego. Igual diré de la repetida aparición en el estadio del torpe grito homofóbico, y de los desórdenes habidos en la celebración del triunfo, tumulto que causó dos muertes, lo cual sería ridículo de no ser trágico. Lluévanme denuestos y reproches, pero me resisto a participar en ese sentimiento colectivo que por lo demás pronto desaparecerá. Estas epopeyas son esencialmente efímeras, y en el caso de México empiezan con exaltación y acaban siempre con lamentación. Aun así deseo que el equipo mexicano, que tan buen desempeño ha tenido en esta Copa, siga adelante en el torneo. ¿Y si sí?... Don Frustracio asomó por la ventana y le dijo a su esposa: "Qué hermosa noche. Hay luna llena". Al punto respondió la doña: "Hoy no. Me duele la cabeza". El padre Arsilio reprendía paternalmente a Briagoberto, el borrachín del pueblo: "¿Qué ganas con beber tanto, hijo?". Acotó el beodo: "No lo hago por negocio, padrecito". El párroco le pidió: "Prométeme que beberás solamente dos días a la semana". "Está bien, señor cura -admitió el temulento-. Los que terminen con la letra ese y los que acaben en o". La gallinita había puesto un huevo. En eso se le acercó el gallo con intención evidentemente erótica. "Aquí no -le dijo la gallina-. Nos puede ver el niño". El Lic. Ántropo alegó ante el juez: "En el momento en que sufrió el ataque mi cliente estaba inerme. No tenía nada en las manos, aparte de las pompas de la mujer del agresor". Juanilito apagó las velitas de su pastel de cumpleaños. Hamponito, el hijo del narco de la esquina, le propinó un golpe en la cabeza que le causó un gran tolondrón. (Un tolondrón es un chichón. "¿Qué traes en esa bolsa?". "Tolondrones para los preguntones"). La mamá de Juanilito reprendió al chiquillo: "¿Por qué le pegaste?". Con hosco acento replicó Hamponito: "Por soplón". La señorita Himenia, célibe que rondaba los 39 años -varias vueltas les había dado ya-, conoció en la fiesta a un hombre de aspecto misterioso, y entabló conversación con él: "Nunca te había visto por aquí". Con acento sombrío respondió el sujeto: "Acabo de salir de la cárcel. Estuve ahí 20 años". "¿Por qué?" -quiso saber Himenia. "Asesiné a mi esposa -relató, hosco, el individuo-. Le partí la cabeza con un hacha; luego le corté los brazos y las piernas y arrojé todo en un tonel con ácido para hacerla desaparecer". Le dijo, coqueta, la señorita Himenia: "Ah, conque solterito, ¿eh?". FIN.
MIRADOR
Armando FUENTES AGUIRRE
No estamos solos en el universo.
¡Qué inquietante!
Estamos solos en el universo.
¡Qué inquietante!
Recuerdo ahora un cuento de ficción que leí hace años. El ovni descendió, inadvertido. Los alienígenas raptaron a dos especímenes y los llevaron consigo. El encargado de la misión envió un reporte: "Se encuentran todavía en una escala inferior de pensamiento. No vale la pena invadir ese planeta para convertir en nuestros esclavos a sus habitantes". Al día siguiente apareció una noticia en el periódico de la ciudad: "Se investiga la desaparición de dos chimpancés en el zoológico".
Estamos solos en el universo.
¡Qué inquietante!
No estamos solos en el universo.
¡Qué inquietante!
¡Hasta mañana!...
MANGANITAS
Por AFA
". Preocupa la balanza económica.".
La noticia no me agrada,
pues, lo digo en buena fe,
la balanza que cité
está muy desbalanceada.